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Coronavirus: tres cuestiones clave y una buena noticia

El coronavirus continúa expandiéndose a nivel mundial. Mientras, científicos estudian contrarreloj las características de la enfermedad.

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El coronavirus continúa expandiéndose a nivel mundial. Mientras, científicos estudian contrarreloj las características de la enfermedad.
Ciudadanas iraníes con mascarilla por el brote en el país | EFE

Pese a las medidas iniciales chinas, el nuevo coronavirus continúa extendiéndose por distintos puntos del mundo: tras el brote italiano que ha conducido a medidas como el cierre de universidades y colegios, se han registrado varios casos "importados" en España, se ha producido el primer muerto en Francia y el virus ha llegado ya a Sudamérica, con el primer caso en Brasil.

Entre el alarmismo y los llamamientos a la calma, muchos ciudadanos optan por hacer acopio de mascarillas y dan pábulo a bulos sin fundamento. Entre tanto, los científicos continúan intentando comprender cómo funciona el coronavirus para mejorar la prevención y las medidas ante una posible pandemia y buscando una vacuna que ataje la enfermedad. Hay varias cuestiones clave para las que las respuestas son todavía provisionales y que determinarán la evolución de la enfermedad.

La tasa de mortalidad del coronavirus

El último gran informe sobre la epidemia de coronavirus en Wuhan fue publicado este martes y dio los datos sobre mortalidad general y por grupos de edad, tanto en la ciudad epicentro del brote como en el resto del país. La tasa de mortalidad se ha cifrado en un 2,3% pero hay que tener en cuenta que es una tasa provisional, basada solamente en los casos chinos. Es posible, según se indica en el estudio, que un gran número de personas no hayan sido diagnosticadas por presentar síntomas muy leves, lo que conllevaría una tasa menor o que, por el contrario, haya habido más muertos no diagnosticados.

El informe pone como ejemplo de lo inseguro aún de este dato el contraste entre la tasa de mortalidad detectada en la provincia de Hubei, un 2,9% según los datos chinos, y el 0,4% entre población china de otras regiones y enfatiza que hay que trabajar intensamente en el estudio de otros brotes para conocer la tasa de mortalidad real. Este miércoles, un artículo en The Lancet aportaba una teoría para esta diferencia entre la tasa de mortalidad de Wuhan y el resto: la diferente disponibilidad hospitalaria. El hecho de que se concentraran muchos casos en muy poco tiempo en un punto concreto, con la consiguiente escasez de medios, habría provocado una tasa de mortalidad mayor.

Capacidad de transmisión

Los datos que manejan los científicos hasta ahora apuntan a una capacidad de contagio superior a los otros dos coronavirus que pusieron en alerta al mundo en los últimos años: el SARS y el MERS. El primero, aparecido en China en 2002, provocó un total de 8.096 casos y 774 muertes, con una tasa de mortalidad del 9,6%; el segundo, surgido en Oriente medio, provocó 2.494 casos y 858 muertes, con una tasa de mortalidad del 34,4%. Las cifras del nuevo coronavirus tanto de contagios como de víctimas son muy superiores, aunque con una tasa de mortalidad muy inferior, y desde el principio las autoridades se vieron sorprendidas por la rapidez de la expansión del virus. El informe apunta que mientras los otros dos coronavirus se expandieron sobre todo en entornos hospitalarios, el COVID-19 se propaga fácilmente en caso de proximidad con un enfermo. En cualquier caso, la OMS rechaza teorías y bulos como que el virus se propaga por el aire a grandes distancias: la vía de contagio es el contacto o inhalación de las gotas segregadas al toser o estornudar de un paciente infectado.

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Dos ciudadanos de Milán paseando con mascarilla | EFE

El momento del contagio

La principal teoría que manejan los expertos y la comúnmente aceptada en los protocolos es que el virus, tras una incubación de hasta dos semanas, es contagioso cuando el paciente presenta síntomas, aunque sean muy leves. Sin embargo, la investigación continúa: revistas médicas han presentado casos que apuntan a la posibilidad de que se hayan producido contagios sin que el paciente presentara síntoma alguno, como pudo ocurrir en el caso de un enfermo alemán que se contagió en una reunión con una compañera aparentemente sana que estuvo en China. Puede ser que en este y otros casos hubiera síntomas prácticamente indetectables, o que en efecto sea contagioso desde la incubación, lo que lo haría más difícil de controlar. Los investigadores insisten en que hay que seguir indagando.

La buena noticia: los niños apenas se ven afectados

El 87% de los casos en China se han producido entre mayores de 30 años y sólo el 1% de los pacientes tenía menos de diez años. Presentaron, además, síntomas leves y no se ha registrado ningún fallecimiento entre ellos. Al contrario que otras enfermedades respiratorias, no parece que los niños sean población de riesgo.

El mayor riesgo se produce entre ancianos y pacientes con patologías previas. Los mayores de 70 años presentarían, según el informe, una tasa de mortalidad del 8% que se elevaría a casi el 15% entre los mayores de 80 años. Aunque también cabe destacar que se han dado casos graves y fallecimientos entre pacientes mucho más jóvenes: un ejemplo, los cinco médicos chinos fallecidos hasta la fecha, entre ellos el primero que se atrevió a alertar de la nueva neumonía.

Mientras la enfermedad se expande, los científicos alertan del potencial impacto que tiene la enfermedad en los sistemas sanitarios: aunque los síntomas son leves en el 80% de los casos de los afectados en general, un 15% desarrolla síntomas severos que pueden requerir atención hospitalaria y poner en jaque sobre todo a los países menos desarrollados. Por ello, los esfuerzos siguen centrados en contener el virus con medidas tan tajantes como, por ejemplo, el cierre de La Scala de Milán o la suspensión de la actividad parlamentaria en Corea del Sur.

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