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Una ingresada en Ifema, sobre el personal del hospital: "Estos muchachos son ángeles"

LD conversa con la paciente Mercedes Abejas, ingresada en Ifema desde el jueves: "Cuando me dijeron que me trasladaban, sentí pánico".

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LD conversa con la paciente Mercedes Abejas, ingresada en Ifema desde el jueves: "Cuando me dijeron que me trasladaban, sentí pánico".
Varios sanitarios conversan mientras recorren una zona común en Ifema | EFE

Mercedes Abejas tiene 64 años y, aunque nació en España, llama la atención el deje mexicano que barniza su acento: "Allí viví muchos años, me casé, tuve mis hijos y una empresa de distribución de ropa interior y de trajes de baño". Tras divorciarse, regresó a Madrid y fundó un restaurante de comida mexicana. "En febrero ya no iba bien" y, cuando estalló la crisis sanitaria del coronavirus, se vio obligada a cerrar: "Se encuentra en Fernán González con Goya. Duda mucho que pueda reabrir: tengo que pagar proveedores, la luz y, sin ingresos, no sé cómo voy a hacerlo".

Abejas cuenta a LD, tras ponerse en contacto con Es la mañana de Federico de esRadio, que, "ahora mismo, no me importa mi restaurante: me importa más ponerme buena". Esta "empresaria con altibajos", tal y como ella se define, contrajo el coronavirus hace tres semanas y, desde el jueves pasado, se halla ingresada en el Hospital de Ifema.

"Empecé a ponerme mala en casa –relata–. Llamé al centro de salud y los médicos me llamaban todos los días. Ese fin de semana me empezó a aumentar la tos y, como seguía y no me ponía mejor, cuando me volvieron a llamar les dije que pasaba de estar en casa y que me iba a urgencias. Me dijeron que fuera al centro de salud, y allí me revisaron dos médicos. Yo estaba en los límites de saturación y tenía taquicardias. Tengo un hermano que es médico, le llamé por teléfono y le dije: 'Pasa esto. Fíjate, que me han dicho en el centro de salud que me vaya a casa y que espere a mañana para ir a hacerme una placa'. Entonces, mi hermano me dijo: 'De ninguna de las maneras: vete ahora mismo a urgencias'".

Abejas acudió al Hospital de la Princesa: "Me hicieron una placa, dos veces la prueba del Covid-19, y salía positivo, pero sólo tenía neumonía en un pulmón. Lo habitual, con el Covid, es tener en los dos pulmones. Lo que pasaba es que yo tenía una sobreinfección: el Covid y otro virus extra". Permaneció ingresada en planta durante cuatro días y, aunque dice no tener nada en contra del hospital, manifiesta a LD su desagrado sobre el servicio de enfermería "de esa planta": "Dejaba mucho que desear. Era un escándalo, era imposible dormir. Pasaban por el pasillo a gritos".

Del "pánico" al "paraíso"

Cuando a Abejas le comunicaron que iba a ser trasladada al Hospital de Ifema, sintió "pánico verdadero": "Me entró terror. Había oído que estaban muy desorganizados, que era un desastre. Difama que algo queda. Como el dicho. Y era propaganda de la que hacen estos del Gobierno continuamente". La paciente se refiere, por ejemplo, a noticias como la que publicó El País el pasado 31 de marzo, titulada: "Sanitarios y sindicatos denuncian ‘el desastre’ del gran hospital de campaña de Ifema". "Pacientes hacinados –rezaba el subtítulo–, poca seguridad para los profesionales, mala logística y escasez de recursos materiales son las quejas de quienes trabajan en el recinto ferial de la capital".

Abejas llegó a Ifema "temblando de miedo" en un autobús. Sin embargo, en cuanto le dieron la cama, empezó a sentirse "como si estuviera en el paraíso": "Había silencio, enseguida nos midieron la temperatura, el oxígeno… Fue como una balsa. Como decir: 'Uy, qué paz, Dios mío'. Porque el otro hospital era un infierno: tosías y no te hacían ni caso; aquí, francamente, estoy supersorprendida. Le doy las gracias continuamente a los celadores, a las enfermeras, a los que limpian… Es alucinante cómo limpian aquí: entra una persona en el baño y enseguida hay uno con un trapo con lejía".

Abejas sólo pone una pega: "Al ser una nave tan grande, la luz por la noche no la pueden apagar, y se dificulta un poco el dormir. Pero bueno, todo no puede ser perfecto. Estos muchachos son ángeles, de verdad. Ángeles".

En estos momentos, la paciente está mejor, pero "estancada": "No saturo bien el oxígeno en la sangre. Tengo el oxígeno puesto ahorita, mientras hablo con usted. Por lo demás, ya no tengo fiebre, todavía toso bastante, pero me fatigo menos". Aunque le preocupa "mucho la situación económica del país", lamenta aún más la situación de esas "personas, pobrecitas, que se están muriendo solas, y que no pueden enterrar a sus seres queridos. Me acuerdo de toda esta gente y de mi pobre padre, y pienso: 'Menos mal que se murió'. Porque pensar que no pudiera enterrar a mi padre, me llena de pena".

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