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¿Por qué es un peligro la oruga procesionaria?

La oruga procesionaria es un insecto peligroso para las mascotas y los más pequeños. El final de invierno es su momento.

La oruga procesionaria es un insecto peligroso para las mascotas y los más pequeños. El final de invierno es su momento.
Procesionaria / Processionary | Flickr/CC/Anvica

El final del invierno y el inicio de los días cálidos de primavera son el momento perfecto para que se comience a ver por las calles a la oruga procesionaria. Normalmente se encuentran en el campo y los parques y suponen un grave peligro para los niños y los perros. ¿Por qué se la ve en un momento determinado del año? Porque durante el otoño, la procesionaria vive en las copas de los árboles, pero cuando suben las temperaturas tienden a bajar hacia el suelo para enterrarse bajo tierra durante la primavera, siendo habitual ver las hileras pasando de un lugar a otro en fila india.

Cabe señalar que el contacto con la procesionaria es altamente peligroso para los niños, pudiendo provocar casos de dermatitis, rinitis e incluso asfixia por el veneno que transmiten estas orugas. También puede suceder que se inhalen sus finos pelos, que es donde ocultan el veneno, y se produzcan las reacciones en el cuerpo.

Según los expertos, las orugas procesionarias están extendiéndose gracias al aumento de las temperaturas durante el otoño y el invierno, lo que está provocando la modificación de las fases de su ciclo biológico y favoreciendo la aparición de plagas en periodos de tiempo inusuales; y lo que es más importante, alterando las fases y técnicas de tratamientos.

Pero, ¿Cuál es el ciclo biológico de este insecto? Los individuos adultos en forma de mariposas se aparean en verano y lo hacen de noche para evitar a las aves depredadoras. Esas mariposas depositan sus huevos en los árboles desde finales de junio hasta finales de septiembre, por lo que las larvas generalmente nacen durante octubre y noviembre. Cada puesta puede contar con entre 100 y 300 huevos, que la hembra protege mediante la colocación de escamas de su propio cuerpo. Desde su nacimiento comienzan a alimentarse de los pinos, provocando la caída masiva de las acículas, y generan bolsones que les sirven de protección hasta la llegada de la primavera, estación que aprovechan para descender.

Pero, ¿Por qué se llama oruga procesionaria? El motivo es que llegan a juntarse entre 60 y 200 ejemplares que se desplazan en fila india, desarrollando así un sistema de defensa. Este sistema de protección consiste en una especie de pelos que actúan a modo de ampolla y que liberan una sustancia tóxica en la piel o en la mucosa del animal. La reacción se produce por contacto directo con la oruga o bien con estos pelos, que han volado y están sobre el suelo.

La procesionaria del pino está considerada como el insecto defoliador más importante de los pinares de España y, además, un importante problema de salud pública. La razón es sencilla: cuando estas orugas bajan a tierra poseen miles de pelos urticantes que pueden liberar si algo se acerca a ellas y las incomoda.

El hábitat que favorece a la procesionaria

El riesgo de encontrarse con estos característicos animales que circulan en rigurosa fila india solía empezar en marzo, con el final del invierno, pero el cambio climático está adelantando su llegada hacia finales de febrero.

En líneas generales la procesionaria se está viendo favorecida por el incremento de temperaturas, en particular las invernales. Las condiciones para que la procesionaria prospere han mejorado, cuenta con mayor disponibilidad de alimento, baja diversidad específica y estructural en la formación vegetal, y temperaturas relativamente suaves durante el invierno. Aunque los pinos son especies conocidas en casi todos los hábitats de la península, la actividad humana ha incrementado su importancia relativa en las formaciones vegetales, llegando a constituir la especie dominante.

¿Cuál es la época de la procesionaria?

Los meses más críticos son entre febrero y abril, el motivo es que entre los meses de julio y agosto estas orugas ponen una gran cantidad de huevos en los nidos y después de 30-40 días, cerca de septiembre, nacen las orugas. Es entonces cuando se empiezan a ver los bolsones en los extremos de las ramas. Durante los meses de enero, febrero y marzo las orugas empiezan a descender de los pinos formando una procesión, en fila india, hasta encontrar un suelo blando para enterrarse. En julio, aparecen las primeras mariposas y de nuevo se pone en marcha el ciclo con la puesta de huevos.

El peligro del contacto con humanos y mascotas

Además de afectar seriamente a los pinos, la oruga procesionaria también es una plaga peligrosa para los humanos y sus mascotas. El peligro de esta especie reside en su particular y curioso mecanismo defensivo. Cada oruga posee carca de 500.000 tricomas o finos pelos, que actúan como dardos o flechas envenenadas cuando se sienten amenazadas. Incluso sin tocarlas se puede entrar en contacto con estos pelos, pues se desprenden con suma facilidad de su cuerpo y se dispersan por el aire.

Las reacciones más habituales que producen en las personas son dermatitis, lesiones oculares, fuertes reacciones alérgicas, urticarias, sarpullidos, erupciones e incluso, problemas respiratorios. En los perros el contacto con la procesionaria puede producir daños en la boca y el hocico, tan graves que pueden llegar a generar necrosis en los tejidos de la garganta y la boca y desembocar en amputaciones parciales en la lengua. También se han dado casos de muerte en mascotas debido a una grave reacción anafiláctica. Si los pelillos de las orugas entran en contacto con las mucosas o con los ojos de los animales, los síntomas suelen ser picores, urticarias y sensación de quemazón y si la tocan suelen comenzar a babear y a rascarse la zona de la boca.

Cómo evitar el contacto con la procesionaria

Esos pinares son precisamente son los que deberían evitar entre febrero y mayo para ahorrarse sustos y, si salen por dichas zonas, es muy importante que los perros vayan atados y no los dejen andar sueltos, porque son muy curiosos y lo primero que van a hacer es acercarse a las procesiones de las orugas. Lo mismo ocurre con los niños más pequeños, si van a jugar a parques o lugares donde se cree que puede haber procesionaria es importante no dejarles solos nunca y vigilarles bien.

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