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El estómago no tiene dientes: por qué masticar bien adelgaza y mejora tu salud

Triturar bien los alimentos regula la saciedad y evita el sobrepeso al dar tiempo al cerebro para recibir señales hormonales tras 20 minutos.

Triturar bien los alimentos regula la saciedad y evita el sobrepeso al dar tiempo al cerebro para recibir señales hormonales tras 20 minutos.
Mujer masticando una chuchería. | Pexels/CC0/John Rae Cayabyab

En la actualidad, comer se ha convertido para muchos en un trámite rápido entre reuniones, correos o el móvil. Sin embargo, la digestión no comienza en el estómago, sino en la boca. Masticar correctamente es mucho más que triturar alimentos: es el primer paso de una cadena de señales hormonales y procesos químicos que determinan la saciedad, la absorción de nutrientes y el bienestar digestivo.

Uno de los factores clave de comer despacio es el tiempo que tarda el cerebro en recibir la señal de plenitud: alrededor de 20 minutos. Durante este lapso, el estómago envía información a través del nervio vago, mientras hormonas como la leptina y la colecistoquinina se liberan para indicar que estamos satisfechos. Comer demasiado rápido puede impedir que este mecanismo funcione, provocando una ingesta excesiva y aumento de peso.

Digestión más eficiente

La masticación intensa, entre 20 y 40 veces por bocado según la consistencia del alimento, facilita la acción de la saliva y de enzimas como la amilasa, que descomponen carbohidratos y prepara los nutrientes para su absorción en el intestino delgado. De esta manera, se evitan la pesadez, los gases o la acidez y se reduce el riesgo de inflamación abdominal. Comer lento ayuda al cuerpo a procesar los alimentos sin sobrecargar el estómago y mejora la digestión.

Pero además, es importante tener claro el papel de la grelina en la digestión. Cuando el estómago está vacío, produce grelina, la hormona del hambre. Esta viaja al cerebro activando neuronas que inducen la búsqueda de alimento. Sin embargo, factores hedónicos y la anticipación del disfrute pueden hacer que comamos más de lo necesario. La masticación consciente permite que la señal de saciedad llegue a tiempo y se equilibre el apetito, evitando el exceso calórico.

Beneficios adicionales

  • Favorece la absorción de nutrientes y acelera el metabolismo.

  • Reduce el estrés, al activar el sistema parasimpático que regula descanso y digestión.

  • Disminuye el riesgo de atragantamientos, una de las principales causas de muerte accidental en España.

  • Previene gastritis y reflujos al equilibrar el pH estomacal con la acción de la saliva.

  • Ayuda a mantener dientes sanos, eliminando bacterias y residuos alimenticios.

  • Potencia el disfrute de los sabores, estimulando la liberación de dopamina y serotonina.

Cómo masticar correctamente

Para una masticación óptima se recomiendan varias cosas. Una de ellas es masticar cada bocado hasta que el alimento se transforme en una pasta uniforme. Otra idea clave es alternar los lados de la boca al masticar para evitar asimetrías y desgastes desiguales de los dientes. Tomar entre 20 y 30 minutos por comida, dedicando tiempo a cada bocado también es fundamental. Además de mantener una dentadura sana y realizar revisiones odontológicas periódicas.

Trucos para comer más despacio

  • Eliminar distracciones: no comer frente a pantallas o móviles.

  • Masticar entre 12 y 15 veces por bocado, dejando los cubiertos entre cada mordida.

  • Paladear y apreciar los sabores, incluso en alimentos líquidos como sopas.

  • Escuchar al cuerpo, esperando los 20-25 minutos que tarda la señal de saciedad.

  • Neutralizar picos de azúcar, combinando frutas con proteínas o grasas saludables.

La boca, primer órgano digestivo

La saliva no es solo agua: contiene enzimas como la amilasa que inician la digestión de carbohidratos incluso antes de llegar al estómago. Una masticación insuficiente sobrecarga al estómago y ralentiza la absorción de nutrientes, provocando sensación de hinchazón y pesadez.

Masticar más no solo mejora la digestión, reduce calorías y estrés, sino que transforma la comida en un ritual placentero. Prestar atención a cada bocado, disfrutar de sabores y texturas y respetar el tiempo necesario para comer es un hábito sencillo que repercute directamente en la salud y el bienestar general. Tu estómago no tiene dientes, pero tu boca sí: úsala con cuidado y conciencia.

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