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Del infarto al cáncer: los estudios españoles que están transformando la salud cardiovascular

Científicos de nuestro país descubren mutaciones genéticas que multiplican el riesgo de sufrir crisis coronarias y tumores.

Científicos de nuestro país descubren mutaciones genéticas que multiplican el riesgo de sufrir crisis coronarias y tumores.

Durante décadas, la cardiología ha centrado sus esfuerzos en tratar infartos, ictus y otras complicaciones cuando la enfermedad cardiovascular ya había dado la cara. Sin embargo, la investigación está impulsando un cambio de paradigma: detectar el problema mucho antes de que aparezcan los síntomas. Gracias a proyectos internacionales liderados desde España, como REACT, REBOOT o RESILIENCE, los científicos están aprendiendo a identificar la aterosclerosis en fases muy precoces, optimizar tratamientos tras un infarto y proteger el corazón de los efectos secundarios de algunos fármacos contra el cáncer.

Para el investigador Borja Ibáñez, director científico del CNIC y cardiólogo intervencionista del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, que acaba de recibir el Premio Rey Jaime I de Investigación Clínica y Salud Pública 2026, además del premio Quirónsalud de investigación, el futuro pasa por una prevención más temprana, personalizada y basada en la evidencia científica.

"Uno de los grandes avances ha sido pasar de centrarnos casi exclusivamente en tratar la enfermedad cuando aparece a comprender mucho mejor la salud cardiovascular antes de que la enfermedad dé síntomas. Gracias a estudios desarrollados en gran parte desde el CNIC, estamos entendiendo mejor cómo empieza y progresa la aterosclerosis silente. Esto está permitiendo impulsar un nuevo paradigma de prevención cardiovascular mucho más precoz, personalizado y basado en la detección directa de la enfermedad", destaca este experto.

Sobre los retos del futuro en este campo, reconoce que el gran reto es trasladar el conocimiento científico a la sociedad, ya que la investigación puede generar herramientas muy potentes, pero si la población no entiende la importancia de la prevención cardiovascular y no la aplica, el impacto será limitado, un aspecto especialmente importante en los jóvenes.

REACT, prevención de aterosclerosis

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Dr. Borja Ibáñez

Así, uno de los focos de investigación en salud cardiovascular se está orientando hacia la prevención de la aterosclerosis ya desde edades tempranas. Tal y como reseña este cardiólogo de la Fundación Jiménez Díaz, se está constatando una aparición más temprana de factores que favorecen la aterosclerosis, y la causa principal es el cambio de hábitos: "Más sedentarismo, menos ejercicio, peor alimentación y alejamiento de la dieta mediterránea. A esto se le suma un problema creciente de alteraciones del sueño, en parte relacionado con el uso inadecuado de pantallas y de dispositivos. Todo ello hace que los factores de riesgo aparezcan antes y que la enfermedad cardiovascular pueda empezar de forma silenciosa incluso en edades muy tempranas".

Es por eso por lo que este doctor ha participado en REACT, un estudio internacional que pretende modificar la prevención cardiovascular mediante un abordaje de medicina de precisión, basado en la detección precoz de la aterosclerosis: "En REACT empezamos a estudiar a personas desde los 18 años, porque ya tenemos datos que sugieren que a edades tan tempranas como los 18 o 20 años algunas personas empiezan a desarrollar aterosclerosis silente. Además, sabemos que la exposición a factores de riesgo como colesterol elevado, hipertensión, tabaco o mala alimentación es especialmente dañina cuando ocurre en edades jóvenes. En niños y adolescentes, lo esencial es instaurar hábitos saludables antes de que aparezcan esos factores de riesgo".

Para ello, defiende que el primer paso es que cada persona conozca sus niveles de colesterol, su presión arterial y sus principales factores de riesgo. A partir de ahí, propone identificar a quienes tienen mayor probabilidad de presentar aterosclerosis silente y realizar en ellos una prueba de imagen sencilla para buscar placas de aterosclerosis en las arterias carótidas y femorales. "REACT permitirá desarrollar una calculadora de riesgo para decidir quién debería hacerse ese cribado. La idea es actuar muy pronto, cuando las placas son pequeñas y potencialmente reversibles, décadas antes de que causen un infarto o un ictus", detalla este especialista.

Betabloqueantes e infarto de miocardio

Además, no hay que olvidar que en España hay aproximadamente entre 1 y 1,5 millones de pacientes que están tomando betabloqueantes con la única indicación de haber sufrido un infarto de miocardio, y que tienen una función cardíaca normal. Subraya así que los resultados del ensayo REBOOT, promovido por el CNIC y del cual ha sido el investigador principal, han aportado nueva evidencia sobre el uso de betabloqueantes tras un infarto de miocardio en pacientes con función cardíaca conservada. En todos estos pacientes, los datos actuales indican que los betabloqueantes pueden retirarse de forma segura, y en muchos casos esto puede traducirse en una mejora de la calidad de vida.

Además, señala el doctor Borja Ibáñez que, a partir de ahora, los pacientes que sufran un infarto —que ojalá sean muchos menos en el futuro— y mantengan una función cardíaca normal no deberían recibir betabloqueantes de forma sistemática solo por el hecho de haber tenido un infarto.

RESILIENCE: Proteger el corazón frente al cáncer

Igualmente, este especialista del CNIC y de la Fundación Jiménez Díaz es el coordinador del proyecto europeo 'RESILIENCE', enfocado en el cuidado del corazón de pacientes que han superado un cáncer, y también en reducir el riesgo de insuficiencia cardiaca asociado a determinados tratamientos oncológicos.

"Los tratamientos oncológicos son extremadamente eficaces y salvan vidas. El objetivo no es cuestionarlos, sino hacerlos más seguros. Algunos, especialmente las antraciclinas, que se utilizan con mucha frecuencia, pueden producir toxicidad cardiovascular. Aproximadamente una de cada tres personas tratadas con antraciclinas puede desarrollar algún grado de toxicidad cardiovascular, y hasta un 6% puede desarrollar un problema cardíaco crónico que derive en insuficiencia cardíaca. Con más supervivientes de cáncer cada año, prevenir esta toxicidad será cada vez más importante", defiende.

Señala que en RESILIENCE se está evaluando el condicionamiento isquémico remoto, una intervención no invasiva que su grupo de investigación identificó previamente en modelos experimentales: "Creemos que podría reducir de forma muy importante la incidencia de toxicidad cardíaca irreversible asociada a antraciclinas. Es difícil dar un porcentaje exacto antes de tener los resultados definitivos, pero nuestras estimaciones apuntan a que podría reducir más de la mitad de los casos de insuficiencia cardíaca secundaria a estos tratamientos. Esperamos poder confirmarlo próximamente con los resultados del ensayo clínico".

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