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Da Vinci: un robot es el cirujano del futuro

Las manos que le operarán en el futuro podrían no ser humanas.

Cualquier avance tecnológico sirve para que los seres humanos desempeñemos tareas en menos tiempo y más comodamente. En medicina sirve para mejorar aspectos como la precisión de los análisis clínicos o el tiempo de recuperación de los pacientes. ¿Pero qué pasa cuando la tecnología no sólo ayuda al ser humano sino que lo supera? Pues que se crean sistemas revolucionarios como da Vinci, un sistema quirúrgico robotizado que aumenta las capacidades del cirujano y ofrece un grado de precisión sin precedentes, al precio de aproximadamente millón y medio de euros.

Estructura y funcionamiento

Da Vinci está compuesto de dos estructuras separadas: una consola desde la que opera a distancia el cirujano y una mesa donde unos brazos robotizados duplican sus movimientos sobre el cuerpo del paciente.

En la consola hay un visor donde el cirujano ve imágenes en alta definición y en tres dimensiones magnificadas a través de una cámara en el interior de un endoscopio. Para operar cuenta con dos controladores manuales de alta precisión que convierten los movimientos de sus manos en movimientos mecánicos que los brazos robotizados imitan. Éstos controladores permiten movimientos de rotación superiores a los de las manos humanas, lo que ofrece más movilidad y precisión a la hora de operar.

Encima de la mesa de operaciones se sitúan los brazos robóticos. Hay cuatro: uno maneja el endoscopio, dentro del cual se encuentra la cámara, mientras que los otros tres manejan el instrumental quirúrgico. Los brazos imitan totalmente los movimientos del cirujano, pero contrarrestan cualquier temblor o inexactitud, logrando minimizar la profundidad de la incisión. Ésto ayuda a que las operaciones sean menos invasivas y las recuperaciones de los pacientes más rápidas.

Problemas legales

En 2007, un brazo robótico se rompió durante una operación de cáncer de próstata. Para subsanar el error, el cirujano tuvo que intervenir y abrir la herida en mayor proporción a si la operación la hubiera hecho sin la ayuda de da Vinci, según informa io9.

Este tipo de accidentes obliga a plantearse si existe una posible separación legal entre la responsabilidad del cirujano u hospital y la empresa desarrolladora del instrumental quirúrgico. En el caso citado se acabó encontrando culpable a la empresa desarrolladora del sistema, entendiendo que un fallo mecánico ocasionó los daños, pero cabe preguntarse si el resultado sería el mismo en un futuro cercano en el que se comiencen a automatizar partes del proceso quirúrgico.

El avance tecnológico ya ha superado la habilidad humana, por lo que eliminar al humano de la ecuación ya no parece tan disparatado. Sus creadores dejan claro que su sistema no busca sustituirlo, pero sin duda plantearía un debate acerca de lo beneficioso de contar con máquinas autónomas.

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