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Usar la IA para estudiar puede dejarte más tonto que antes: un estudio apunta a que su uso hunde la capacidad cognitiva

Investigadores de Oxford y el MIT demuestran que delegar tareas en algoritmos duplica el abandono ante problemas y reduce el éxito al 57%.

Un nuevo estudio de investigadores de Carnegie Mellon, Oxford, MIT y UCLA aporta la primera evidencia experimental a gran escala de algo que muchos ya intuyen pero que no se había medido: usar inteligencia artificial para resolver tareas deteriora nuestra cognición autónoma. Y no hace falta mucho tiempo para que el daño sea medible. El trabajo, publicado este mes de abril, ha reclutado a 1.222 participantes en una serie de tres experimentos aleatorizados y controlados.

En cada uno, se divide a los voluntarios en dos grupos: uno resuelve problemas con acceso a un asistente de IA; el otro trabaja sin ninguna ayuda. Después, a ambos grupos se les presentan los mismos problemas sin asistencia. El resultado es consistente en todos los experimentos y en dos tipos de tareas muy distintas —aritmética con fracciones y comprensión lectora—: quienes habían usado IA rindieron peor que quienes nunca la tuvieron. Si bien este estudio es preliminar, señala una tendencia interesante.

Por eso, Libertad Digital ha salido a preguntarle a los estudiantes cuáles son sus hábitos a propósito de la IA. Muchos confiesan usarla como apoyo o para potenciar ideas; otros, en cambio, admiten que su creatividad ha descendido y que su pereza para afrontar tareas cognitivas ha disminuido. Uno de ellos explica que las usa "a diario, no solo para el estudio, sino para la vida personal". "Es una gran ayuda para tener otras ideas y saber qué es lo importante, también sirve para buscar información", sostiene. No obstante, apunta que no se trata de obtener "directamente la respuesta". "Es como una ayuda para ser más rápido", cuenta. Advierte, eso sí, que "hay que usarlo con cabeza" porque "hay que usarlo con medida" y evitar "que te diga todo lo que tienes que hacer". Otro de los estudiantes defiende otra postura: "Sí que la veo más como una herramienta más. Yo intento no usarla para crear trabajos de cero, sino como una especie de guía". Esa cautela nos la comparte otro estudiante: "Siento que mata la creatividad".

La caída no es marginal. En el primer experimento, el grupo que había contado con IA resolvió correctamente el 57% de las preguntas del test final, frente al 73% del grupo de control. Más llamativo aún: los que habían usado inteligencia artificial abandonaban los problemas con el doble de frecuencia que los otros. No se trata de que supieran menos o tuvieran menos conocimientos, sino que se rendían antes.

Pereza cognitiva

Lo que distingue este estudio de la literatura anterior es su diseño. Hasta ahora, las advertencias sobre el deskilling —la pérdida de habilidades por dependencia tecnológica— se basaban principalmente en encuestas o estudios observacionales, donde resulta imposible separar causa de correlación. Aquí, la asignación aleatoria permite afirmar con mayor solidez que es el uso de IA lo que produce el efecto, no que las personas con menos capacidad sean las que más recurren a ella.

Los investigadores proponen dos mecanismos explicativos. El primero es una especie de adaptación hedónica cognitiva: cuando la IA resuelve cualquier cosa en segundos, el esfuerzo que requiere pensar por uno mismo se vuelve subjetivamente más costoso, lo que crea un ciclo que refuerza la delegación. El segundo es más profundo: la lucha productiva con un problema difícil no solo genera conocimiento; genera autoconocimiento. Esta dependencia tiene consecuencias que van más allá del rendimiento académico. Libertad Digital también ha consultado con José Sánchez Tortosa, profesor universitario y autor de Las máscaras vacías: Delirios de identidad en la era de la impostura (La Esfera de los Libros). Él advierte de que la exposición temprana a las plataformas digitales genera "una invasiva dependencia que aborta los rudimentos del pensamiento al quedar delegados en las plataformas de IA". En contraste, Antonio Salinas, profesor de Farmacia, considera que en el ámbito científico si que puede resultar útil, ya que resulta más eficiente. "Como trabajo las mismas horas, cuando antes leía un artículo, ahora puedo leer unos ocho", comenta.

El fenómeno alcanza una dimensión generacional. Y es que, según se articula en una "estridente paradoja" de dos tendencias: por un lado, "la precoz adulteración" de los más jóvenes por el acceso temprano a contenidos de adultos a través de las pantallas, otra de las derivadas a tener en cuenta. Los propios estudiantes perciben parte de ese ciclo. "La primera frase que se escucha es: 'bueno, pues lo hacemos con IA y nos lo quitamos ya de en medio'", relata uno de ellos, que reconoce notar en sí mismo esa tendencia: "Cuando hay algo largo que hacer, digo: 'pues se lo meto a la IA y me ahorro horas'. Ese trabajo del principio, como el enfrentarse a la hoja en blanco, que es lo que lleva más tiempo, sí que te lo quitas un poco de encima".

Los riesgos de una tecnología fascinante

En cuanto a la creatividad, el diagnóstico de los estudiantes es igualmente severo. "Creo que en general la creatividad es algo que ha muerto por completo. Ya no inventa nada la gente. Ya no se ve una creatividad muy buena. Es como un copia y pega de todo", señala uno de los estudiantes. En una línea similar se sitúa Sánchez Tortosa, de ahí que el resultado implique una generación condenada a "un vocabulario paupérrimo y a una incapacidad para mantener la concentración".

La pregunta sobre qué hacer con la IA en el ámbito educativo divide a los consultados. "Prohibir es una palabra que no me gusta mucho, pero quien lo quiera prohibir es porque está ciego, porque en unos años, si no lo es ya, la IA es parte de la vida de todos", dice uno de los estudiantes. Por su parte, también encontramos testimonios que indican es contraproducente negar una realidad que ya impera: "Hay que integrarlo porque al final es el futuro y no puedes negar algo que está aquí, pero tiene que tener ciertas limitaciones".

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