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'Dead Space 3': más dosis de acción y disparos

Electronic Arts lanza la tercera entrega de una de sus franquicias más potentes: una aventura de acción con toques de terror.

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El lanzamiento de Dead Space supuso para muchos una sorpresa dentro de un género tan maltratado y olvidado como el survival horror, donde el agobio, el terror y lo desconocido son una constante dentro de la partida. Ambientado en un futuro donde la tecnología ha llevado a la humanidad a buscar recursos en otros planetas fuera de nuestro sistema solar, la serie introdujo de nuevo al mercado la angustia que se perdió en series tan emblemáticas como Resident Evil o Silent Hill. Los pocos recursos y la escasa munición que ofrecieron el título original acompañaron una atmósfera de agobio que muchos tildaron de excelente, puesto que se unieron de manera brillante conceptos como ciencia ficción, miedo y entretenimiento digital.

Su secuela, por otra parte, dejó un poco de lado los términos terroríficos que hicieron grande al título para ofrecer una experiencia de juego basada más en la acción, desarrollando una trama argumental que desvelaba algunas incógnitas desconocidas y que, además, prometió tener una continuación como es debido. Y así, en pleno año 2013, Electronic Arts lanza al mercado el cierre de la trilogía Dead Space, aumentando el nivel en unos aspectos pero dejando atrás, como si de un viejo conocido se tratara, toda esa atmósfera de terror que tanto se promocionó en su día.

Para aquellos jugadores que todavía no hayan vivido las terroríficas aventuras de Isaac Clarke, protagonista de la aventura, Visceral Games –desarrolladora de la franquicia– ha preparado un video especial en el que se resumen muy por encima los primeros dos videojuegos, para que, al menos, conozcamos los detalles más significativos del enrevesado guión. De hecho, el videojuego comienza con un prólogo –que servirá, como viene siendo habitual, de tutorial para hacernos con los controles– en el que controlaremos a un soldado raso en un planeta desconocido. A partir de aquí comienza un videojuego que no duda en ningún momento en poner al jugador en tensión a la hora de ofrecer cinemáticas, sustos y peligros a cada paso que avancemos, lo que nos ha recordado un poco a la mala suerte de Nathan Drake, protagonista de la serie Uncharted.

Como decíamos, la historia se desarrolla cierto tiempo después de los acontecimientos ocurridos en la segunda parte, con nuestro protagonista hundido después de los sucesos ocurridos por las efigies, monumentos que prometen recursos ilimitados pero que por desgracia, en sus entrañas corre veneno del malo. A esto se le suma la uniología, un movimiento social radical que aboga por el poder de estas efigies, por lo que los intereses de unos y otros chocan frontalmente, desarrollando así el hilo argumental que, sin ser digno de Oscar, cierra perfectamente un arco argumental notable. Llegados a este punto, hay que aclarar que esta nueva entrega de Dead Space no vuelve a los orígenes como muchos esperaban. De hecho, la obra sigue la estela continuísta de su segunda parte, donde se premia la acción por encima de la supervivencia, cambiando completamente de registro para contentar al público mayoritario y desquiciar a los jugadores más clasicistas. Las armas, botiquines y piezas se han multiplicado con respecto al original debido no sólo a exigencias del guión, sino también por el cambio de planteamiento que la desarrolladora -o la editora, en cualquier caso- ha decidido darle a la franquicia. El cambio no es excesivamente malo, puesto que el juego funciona como es debido como juego de acción en tercera persona, pero defraudará a aquellos que busquen una experiencia de juego más angustiosa, agobiante y tétrica.

Sin ir más lejos, y esto se presenta como una de las grandes novedades de esta tercera entrega, podremos completar el modo campaña tanto en solitario, tal y como ocurrió en las anteriores entregas, como en compañía. La selección de un modo u otro tiene cambios directos en el desarrollo del juego, ya que si decidimos jugar en solitario nos veremos solos contra el peligro, a diferencia de otros títulos con vertiente cooperativa, como Resident Evil 5, donde siempre nos acompañaba un compañero con una dudosa inteligencia artificial. Visceral Games ha realizado un movimiento de suma inteligencia al modificar el desarrollo de la partida en función de si estamos viviendo la experiencia solos o acompañados. De esta manera, contaremos con un segundo personaje controlable que tiene participación directa en la historia, dejando atrás al típico personaje que suele quedarse fuera de las cinemáticas al tratarse de una historia centrada en un único personaje. Eso sí, si decidimos jugar en compañía, tendremos que tener en cuenta que el número de enemigos se elevará exponencialmente y habrá que compartir los recursos encontrados para el buen desarrollo de la misión, además de disfrutar de algunas misiones secundarias exclusivas de esta vertiente multijugador.

Y es que, aunque el desarrollo de la serie siempre ha sido lineal, sobre todo teniendo en cuenta que en cualquier momento de la partida sabremos hacia dónde debemos ir con sólo pulsar un botón, esta tercera parte abre las puertas a las misiones secundarias, abriendo nuevos caminos y presentando localizaciones lo suficientemente profundas como para completar el guión de manera más enriquecedora. No hablamos de misiones secundarias típicas donde acabar con una serie de enemigos, ni mucho menos, sino que el guión se adapta perfectamente a nuestras necesidades en función de si realizamos -o no- estas misiones opcionales.

Volviendo a la jugabilidad, el desarrollo podría dividirse en varias partes: recorrer el nivel, acabar con la amenaza enemiga y completar algún que otro puzle. Los puzles, pese a no explotar la materia gris del jugador, cuajan muy bien con la temática del juego, por lo que supone un soplo de aire fresco para el jugador entre tiro y recarga. En ellos, tendremos que hacer uso de la energía cinética para mover objetos y estructuras muy pesadas, aprovechando la tecnología de la gravedad cero para hacer movimientos extraordinarios. De hecho, esta poderosa habilidad podremos utilizarla contra nuestros enemigos para ralentizarlos y dirigir nuestras balas hacia sus extremidades para recortarlas y evitar su avance, o para apuntar de manera más precisa a los puntos débiles de los necromorfos más poderosos.

Un curioso y polémico detalle que presenta esta nueva aventura es la posibilidad de conseguir recursos con dinero real, por lo que si queremos disponer de mejoras desde los primeros compases del juego, podremos pasar por caja para tener nuestro equipo actualizado. Esta decisión ha sido duramente criticada por el público en general, puesto que lastra la experiencia de juego al ofrecer, sin esfuerzo, mejoras que deberían conseguirse con sudor y lágrimas. Por suerte, la obra ofrece este sistema como opcional; en todo momento se puede prescindir de él para llegar a las últimas actualizaciones -más costosas y duras de conseguir- sin tener que soltar un euro de más. También dispondremos de numerosos bancos de armas en los que actualizar nuestro arsenal para hacerlo más poderoso y aumentar los atributos de nuestro traje, todo con los objetos, chips y chatarra que iremos consiguiendo explorando el nivel o aniquilando y chafando a nuestros enemigos.

Las localizaciones, por otra parte, han sido diseñadas para ofrecer una experiencia de juego más completa. Ya no sólo recorreremos naves destartaladas y abandonadas llenas de peligros, sino que, de hecho, gran parte de la acción ocurre en el planeta helado Tau Volantis, lugar donde se originaron las efigies y que ofrecen un punto de vista completamente diferente a un desarrollo tan lineal como el de los predecesores. Volverán, para disfrute de sus seguidores, las fases con gravedad cero donde tendremos que propulsarnos para desplazarnos por el universo entre estructuras abandonadas, y tampoco faltarán los sustos, que nos harán saltar de nuestro asiento en momentos puntuales de la aventura, aunque advertimos que son pocos y que en ningún momento el jugador experimentará esa sensación de soledad y abandono que sí ofreció en su momento la obra original.

Por suerte, la obra ha decidido redimirse en este último aspecto presentando nuevos modos de juego para los más atrevidos: el nuevo juego, donde la dificultad será la protagonista absoluta, ofreciendo nuevos retos más difíciles para los jugadores más experimentados. La ausencia de recursos, unos enemigos mucho más letales y la imposibilidad de jugar en compañía son los protagonistas de esta vertiente sólo apta para los más diestros con el mando. Además, en este punto tampoco podremos crear armas desde cero utilizando piezas, sino que únicamente podremos desarrollar las armas clásicas de la saga mediante planos perdidos. No es que la obra pase a ser más intensa y emocionante, pero sí que recupera mínimamente el espíritu de supervivencia que se plasmó perfectamente en la primera aventura de Isaac.

En cuanto al apartado técnico, Visceral Games ha sabido exprimir hasta el último detalle su motor gráfico para ofrecer una experiencia audiovisual lo suficientemente digna como para preguntarnos qué será posible en la próxima generación de videoconsolas. El modelado de los personajes, así como los escenarios -que van desde los más pequeños hasta otros mucho más abiertos- cuentan con un nivel de detalle significativo, y los efectos gráficos que aparecerán en pantalla cada vez que entremos en una zona de conflicto sorprenderán a más de uno. Además, se le suma una notable banda sonora que pondrá en tensión en algunos momentos al jugador más cardíaco, lo que unido a un estupendo doblaje al castellano hacen de este Dead Space 3 un espectáculo audiovisual pocas veces visto en el mundo de los videojuegos. Hay que destacar, además, el especial comportamiento de las físicas en los momentos de gravedad cero, con un patrón de movimientos muy efectivo que demuestra los peligros del espacio exterior.

En definitiva, Dead Space 3 supone el cierre de una trilogía que vivió sus primeros compases en 2008. Los cambios introducidos por la desarrolladora segmentan lamentablemente a los jugadores entre los que prefieren un ritmo de juego más pausado e inquietante de los que abogan por utilizar la violencia como resolución de conflictos. Sin entrar en el debate de si hubiese sido mejor seguir el camino del survival horror frente a la acción, los cambios se han realizado de manera inteligente para que cualquier jugador tenga un buen sabor de boca al terminar la aventura. La inclusión del modo cooperativo abre las puertas a una vertiente multijugador que, en este caso, resulta muy divertida y gratificante, y las opciones de rejugabilidad están muy bien implementadas, cerrando un producto redondo que, pese a no llegar al clásico instantáneo, ofrecerá un buen puñado de horas de diversión a aquellos quienes quieran pasar un buen rato delante de la pantalla.

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