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Análisis 'LocoRoco Remastered', un clásico atemporal tan divertido como siempre

Siendo una remasterización, esta edición para PlayStation 4 no trae nada nuevo. Pero no importa.

Los tiempos cambian y las plataformas no dejan de evolucionar, así como los jugadores y la forma en que perciben los videojuegos. Muchos de los títulos que van llegando al mercado se olvidan bajo propuestas temporales y efímeras, mientras que otras, por lo general los llamados clásicos, son obras eternas que terminan haciéndose un hueco en nuestros recuerdos a largo plazo, dejando una marca indeleble en nuestras cabezas por una razón u otra: la historia, el carisma de los personajes, la ambientación, escenarios, diseños, jugabilidad, una banda sonora adictiva y pegadiza. Inesperadamente, cuando LocoRoco se estrenó en 2006 para PSP, lo tenía todo. El juego, de hecho, logro un fuerte impacto comercial regalando a la plataforma portátil de Sony una pequeña joya.

Gracias a sus controles sencillos pero adictivos, sus personajes entrañables y su popular banda sonora, LocoRoco fue todo un éxito. Ahora ha transcurrido más de una década y Sony se ha decidido a resucitar mediante la vía de la remasterización otra de sus viejas glorias, para dar a conocer el fascinante universo LocoRoco a una nueva generación de jugadores. Sin embargo, es difícil evitar algunas dudas, como si será capaz de transmitir las mismas sensaciones o si el sistema de juego sabrá adaptarse a PlayStation 4.

Salta, divide, canta, salta

Durante la última década el número de títulos que centran su propuesta de juego en las aplicaciones prácticas que ofrecen los giroscopios en los sistemas portátiles y teléfonos inteligentes, ha sido masiva, y en este aspecto LocoRoco da la impresión de estar únicamente destinado a jugadores nostálgicos o a aquellos que no tuvieron la oportunidad de probar el formato en su momento. Pero una vez se inicia el juego y tomamos el control de nuestro suave y colorido alter ego, las dudas desaparecen.

El título nos recibe con la misma despreocupación y simpatía de su estreno. No transcurre demasiado tiempo hasta que se hace patente que la simplicidad del formato, que tanto ahora como entonces, se erige como la clave del juego. Resulta prácticamente increíble, como el minimalismo bidimensional puede ser tan explosivo y eficaz. Colores, formas simples y una cálida paleta de tonos lo inundan todo. Con sólo unos trazos bien definidos, el juego delimita y recrea una atmósfera llena de vida.

Los pequeños LocoRoco y sus amigos no han perdido el carisma y continúan siendo unos juerguistas, divirtiéndose, y cantando sin descanso todos esos temas chillones que se conservan intactos en la memoria. Tampoco se ha perdido la simplicidad a la hora de jugar: controlando a los regordetes LocoRoco y, haciéndoles rodar y botar con los botones L y R o mediante el giroscopio del mando (única novedad de la remasterización), para que lleguen al final del nivel.

Difícil de dominar

Fácil de aprender, difícil de dominar, una definición que cualquier juego de estas características desea. Pero en LocoRoco, además de la inmediata complicidad con el jugador, el listón va subiendo gradualmente gracias a un diseño de niveles sobresaliente que continuamente ofrece retos interesantes. No solo para evitar los obstáculos, también para alcanzar objetos, descubrir cuevas escondidas y localizar aliados ocultos. Al comenzar cada fase, nuestro protagonista amarillo irá aumentando de tamaño comiendo una especie de flores. En cualquier momento podemos fragmentarlo en criaturas iguales, pero de una dimensión menor, algo ideal para superar conductos estrechos y lugares sinuosos. Una vez superado el obstáculo, apretando el botón circulo, el montón de pequeños glóbulos que haya sobrevivido a la transición volverán a su forma unitaria en una simpática liturgia de gritos y sonidos.

Esto, hasta el final del nivel, cuando una explosión de flores anuncia el triunfo, sin importar el resultado, aunque se contabilizan cuántos mini glóbulos ha logrado reunir el jugador mediante las flores, además de cuántos Mui Mui y Pickory (especies autóctonas de la fauna de este planeta) ha encontrado. Con ellos se desbloquean minijuegos y se añaden más elementos al modo decoración de la casa de los LocoRoco.

¿Enemigos? Sí, existen: son los Moja, que amenazan la existencia de nuestros simpáticos amigos, pero estos elementos malignos no suponen el mayor problema para el jugador, ya que cada mundo del título acumula peligrosas trampas en el diseño de los escenarios. Cada uno se desarrolla en una secuencia ininterrumpida de etapas. No existe una igual que otra: campos floridos, selvas, estepas de hielo que inciden en el deslizamiento de LocoRoco aumentando la velocidad para realizar saltos increíbles, bosques con setas gigantes para saltar, lugares sombríos, y plataformas inestables, entre las muchas adversidades que produce el diseño mezclado con el cuidadoso tratamiento que se ha dado a la gravedad.

Una explosión de color y sonido

LocoRoco, se mueve llenando constantemente la retina del jugador con una explosión de color y sonido capaz de empatizar con el usuario más enfadado. Sin embargo, el punto más destacado del juego es la banda sonora que nos acompaña en las aventuras de la pequeña burbuja: pegadiza, implacable, nunca fuera de contexto y, sobre todo, sin interrupciones. Esas melodías divertidas, estridentes y locas se integran perfectamente con el mundo del juego y es capaz de fundirse con él como una extensión natural.

Es un verdadero placer redescubrir el juego en PlayStation 4, en pantalla grande y con una intensidad sin igual, incluso en 4K. El juego es capaz de repetir una década después y en un nuevo sistema esos mismos estados de ánimo que se aprovecharon tan bien en la pequeña pantalla de PSP.

Conclusiones

La respuesta a la duda planteada al comenzar el articulo tiene una respuesta inequívoca: Si. LocoRoco se puede definir, sin pelos en la lengua, como una obra atemporal, un clásico. Un juego que gracias a la remasterización hará muy feliz a la vieja guardia, pero que tiene mucho público joven al que enamorar. Por supuesto, no hay milagro. Ya sabíamos qué esperar y la edición para PlayStation 4 no propone nada sustancialmente nuevo en comparación con lo que vimos en PSP. Pero los LocoRoco no se preocupan por esto; nuestros amigos siempre seguirán bailando, cantando y divirtiéndose, para arrastrarnos, aunque solo sea una vez a su soluble torbellino lejos la tristeza y la melancolía.

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