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Análisis 'The Division 2': uno de los juegos más completos y divertidos del año

Una de las mejores producciones de Ubisoft que tiene todas las papeletas para mantener enganchados durante los próximos años.

Víctor Moyano / Elsotanoperdido
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En el año 2016 Ubisoft y Massive lanzaron una de las superproducciones más esperadas en lo que llevamos de generación: The Division, un proyecto englobado dentro del fenómeno Tom Clancy's que diseñó una mezcla perfecta entre videojuego de acción en tercera persona, tintes de rol y mucha, mucha actividad en línea. El lanzamiento de la obra, que vino acompañado de algunos problemas técnicos, se convirtió en pocas semanas en uno de los más sonados en nuestro país: el producto se transformó durante los meses posteriores y gracias a los pertinentes lanzamientos de contenido y actualizaciones en prácticamente un imprescindible, con una combinación fantástica que invitaba al jugador no sólo a completar la historia, sino también a continuar sus aventuras una vez finiquitada la campaña principal.

Tres años después nos llega su secuela directa, cuyo principal atractivo es la introducción de nuevos elementos que expandan la experiencia de juego y su cambio de ambientación, dejando Nueva York por la capital de Estados Unidos: Washington D.C. Sabemos, con certeza, que los lanzamientos demasiado precipitados terminan por agotar una fórmula que funciona, por lo que los estudios implicados no se han apresurado–demasiado- a la hora de lanzar The Division 2. ¿Estarán los nuevos agentes a la altura de una masa de jugadores encantada con el original? Acompañadnos en el análisis y veamos qué nos ofrece esta secuela.

Buscando la cura en un mundo a punto de estallar

La enfermedad del dinero arrasó las principales ciudades de los Estados Unidos hace siete meses. Ahora, un miembro de The Division –el jugador– es llamado a las filas de Washington D.C., capital que está sufriendo uno de los mayores saqueos de la historia y donde la división encargada de mantener la paz cuenta con pocos agentes. Aquí comenzaremos nuestro periplo, creando desde cero a nuestro agente con un completo y cómodo editor donde podremos definir los rasgos faciales, cuerpo y marcas externas de nuestro avatar. Todo muy en la línea que nos viene acostumbrado Ubisoft y que, en poco más de cinco minutos, tendremos a nuestro protagonista cubriéndose las espaldas y disparando a todo lo que se mueva.

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Como avanzábamos, la acción se traslada a la capital estadounidense, en una recreación impresionante de D.C. y sus alrededores. La Casa Blanca –lugar de operaciones de The Division–, el ya emblemático Air Force One estrellado del presidente, las grandes avenidas de la ciudad, la universidad, los barrios más humildes, todo ha sido producido a escala 1:1 en un proceso que nos deja una de las mejores ciudades recreadas –al estilo post apocalíptico– hasta el momento en la historia del videojuego. La variedad de entornos es realmente diversa, con zonas exteriores, interiores y bajo tierra que aportan no sólo dinamismo en los encuentros, sino también la sensación real de que la ciudad ha sido tomada, con el peligro acechando en cada esquina. Tres son las facciones enemigas que nos encontraremos durante la aventura, y que tendremos que ir mermando hasta aniquilarlas por completo.

La trama principal de la aventura puede llevarnos, dependiendo de nuestra habilidad al mando y nuestros compañeros de viaje, unas 30 horas de juego. Pero el título no termina ahí, y, de hecho, parece que empieza una vez finalizada la campaña principal. En esencia, el título persigue la cura anhelada en la obra original, llevándonos de un escenario a otro y conociendo tanto a personajes amigos, como enemigos y renegados de The Division. El argumento vuelve a hacer acopio de algunos clichés occidentales, pero, a pesar de ellos, el título se las ingenia para hacernos sentir que estamos perteneciendo a una división de élite del gobierno.

Y es que, The Division 2 es un videojuego altamente continuista en su concepción, por lo que los jugadores que fundieron el original no tendrán ningún problema en adaptarse a esta secuela. El sistema de armas, equipo, coberturas y extras tecnológicos se mantiene intacto, con alguna que otra adición y novedad, pero respetando el núcleo que funcionó tan perfectamente en el primero. El equilibrio entre encuentros, secuencias, momentos en los que pararse a descansar y revisar el botín adquirido, rearmarse y volver a la acción sigue siendo el mismo, lo cual es un punto muy a favor, pues la fórmula nos mantiene enganchados durante horas delante del televisor.

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Peligro desde todos los ángulos

Uno de los puntos fuertes de The Division 2 es su sistema de progresión. Si bien es cierto durante las primeras horas de juego parece que estemos delante de un juego de acción más, a medida que vamos encontrando equipamiento y tecnología, iremos abriendo un gran abanico de posibilidades que van haciendo nuestra guerrilla urbana más completa. Torretas, coberturas, minas rastreadoras y drones, entre otros, son algunos de los elementos que podemos llevar con nosotros y que tendremos que ir alternando –o negociando con nuestros compañeros– para formar un escuadrón potente.

En este aspecto, huelga decir que The Division 2, como el primero, es un videojuego que requiere de conexión permanente a internet, a pesar de poder disfrutarlo de principio a fin en solitario. ¿Por qué la necesidad de conexión? Pues porque la cooperación –y competición, también– es uno de los pilares fundamentales del ADN de The Division. Si por ejemplo una misión se nos atraganta, podremos llamar a cualquier jugador que esté disfrutando en su partida para que se una a la nuestra y sumar fuerzas. Podremos meternos directamente en la partida de un amigo e, incluso, una vez superada cierta misión principal, podremos crear o unirnos a un clan para completar las misiones o acceder directamente a la Zona Oscura, de la que hablaremos a continuación.

En solitario o en compañía, la campaña se puede disfrutar de principio a fin sin ningún tipo de problema. Pero, además, hay que sumarle las misiones secundarias –que nos aportarán jugosos botines–, los eventos aleatorios que van sucediendo por toda la ciudad y, por supuesto, la Zona Oscura, que, a diferencia del primero, está dividida en tres secciones del mapa. Es, precisamente, en estas zonas donde conseguiremos el botín más goloso, las piezas de armas más codiciadas y, como no podía ser de otra manera, las situaciones más peligrosas. Agentes que se convierten en traidores, robos de botín en el último minuto, estrategias de asalto y, en definitiva, un sinfín de situaciones que nos mantendrán en tensión desde el momento en el que pongamos un pie en estas zonas.

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Como guinda del pastel, y sin ánimo de querer realizar ningún destripe, una vez hayamos completado la campaña seremos cómplices de una nueva amenaza para la ciudad, que alarga inevitablemente la vida útil del producto y que, además, nos proporcionará, de cara al contenido descargable futuro –que durante el primer año será gratuito–, las armas y el equipamiento indispensable para sobrevivir.

Snowdrop en todo su esplendor

Una de las características más sorprendentes del primer The Division fue su apartado audiovisual, que sorprendió a todo el mundo en su tráiler de presentación. A pesar del temido downgrade, el videojuego funcionó a las mil maravillas, y, en esta ocasión, el apartado técnico de la obra se podría definir como intachable. Tanto la recreación de Washington D.C. como los efectos climatológicos y gráficos cuentan con un realismo apabullante, impensable hace algunos años. La transición en el ciclo día y noche es, sencillamente, espectacular, haciendo que la ciudad se tiña de colores rojizos antes de que el sol deje paso a la luna. Los efectos de luces también están a muy buen nivel.

En este sentido, el motor gráfico Snowdrop ofrece una experiencia audiovisual excelente, y, si bien es cierto que hemos encontrado algunos errores superficiales, el conjunto funciona perfectamente a 30 cuadros por segundo, robustos, sin ningún tipo de problema de ralentizaciones a la hora de conectarse a la red.

La banda sonora, sin demasiadas florituras, cumple perfectamente su función, con partituras que, sin llegar a sorprender, acompañan nuestros temerosos –y decididos– pasos en Washington. El doblaje, en castellano, también es bastante notable, aunque no llega a sorprendernos.

Conclusiones

The Division 2 es, a la postre, una de las mejores superproducciones creadas hasta la fecha por Ubisoft. Se ha recogido todo lo sembrado en la primera entrega y se ha potenciado hasta lograr uno de los títulos más completos y divertidos del presente año. La cantidad de contenido que ofrece la campaña principal, sumado a los contenidos que se introducen una vez terminada la campaña, las actualizaciones que vendrán en el futuro y, por supuesto, las incursiones anunciadas, harán las delicias de aquellos jugadores que fundieron el título original.

No es necesario haber completado el primero para disfrutar al cien por cien de la secuela, aunque los jugadores que lo terminaron se adaptarán mejor a los pequeños, pero notables cambios en el esquema de juego. En definitiva, una de las mejores producciones de Ubisoft que tiene todas las papeletas para mantener enganchados a buena parte de la comunidad durante los próximos años, a la espera, suponemos, de una hipotética tercera parte. ¡Agentes, vayan preparándose para dar guerra en Washington!

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