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Los calentólogos españoles se indignan con la filtración de correos, no con el fraude

El grupo de climatólogos CLIVAR-España ha hecho público un comunicado en el que expresan su indignación por el "robo de correspondencia privada" del CRU y protestan por su ánimo de desprestigiar a los implicados.

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CLIVAR es un grupo internacional de climatólogos entre cuyos miembros destacan, entre otros, el que fuera director del CRU, Phil Jones, que ha dimitido temporalmente de su cargo tras destaparse el escándalo conocido como Climategate o Watergate climático, o Michael Mann, el creador de la famosa gráfica del palo de hockey.

Su sección española ha emitido este jueves un comunicado en el que expresan su "indignación por este ataque a la privacidad y por la publicación en internet de fragmentos de correspondencia descontextualizados, con el propósito evidente de desprestigiar a los científicos. Denunciamos así mismo su uso partidista por los lobbies de presión anti-cambio climático cuyo obvio objetivo es entorpecer la cumbre de Copenhague y la toma de decisiones".

Sorprende que un grupo de científicos introduzcan en la discusión su disgusto por el supuesto entorpecimiento de la cumbre de Copenhague, ya que se supone que los climatólogos hacen ciencia y no política. Sorprende menos, sin embargo, cuando ellos mismos declaran entre sus objetivos "ser un grupo con capacidad de interlocución con el Ministerio de Educación y Ciencia con vistas a potenciar un Plan Nacional del Clima con suficiente inversión (comparable a los países de nuestro entorno) y que incluya las temáticas de CLIVAR". Es decir, se trata de una organización que tiene como objetivo obtener más dinero para sufragar las investigaciones de sus miembros, al que poner en duda la peligrosidad del cambio climático perjudica ahí donde más duele, en el bolsillo.

Atacar a un hombre de paja

CLIVAR-España no se detiene en la condena de la filtración no sólo de la correspondencia privada, sino también de un buen volumen de datos y software empleado en el CRU, sobre el que no tienen comentario alguno y que muestra los "trucos" empleados por los climatólogos británicos para forzar los resultados. También alega que sus resultados están avalados por otros similares obtenidos por otros grupos de investigación, que "muestran el mismo calentamiento acelerado de la temperatura global durante los últimos 30 años", además de afirmar que otras evidencias como el retroceso de los glaciares o el deshielo del Ártico les dan la razón.

Sin embargo, ningún escéptico niega que la Tierra se haya calentado en las últimas décadas (si exceptuamos la última, cosa que naturalmente se olvida de señalar CLIVAR-España); lo que se pone en duda es su magnitud real, la causa que lo provoca o que sea un fenómeno tan extraordinario como para no poder ser natural, entre otras cosas. La gráfica de palo de hockey y las cifras del CRU sirvieron para eliminar el molesto periodo llamado "Óptimo Climático Medieval" en el que las temperaturas fueron comparables, o incluso superiores, a las actuales, sin que tuviera lugar cataclismo alguno, lo que sirvió para reforzar la teoría del origen antropogénico del reciente calentamiento y de su naturaleza catastrófica, y sirvieron a ecologistas, políticos y diplomáticos para dedicar nuestros escasos recursos a luchar contra unas emisiones de CO2 cuyo efecto final sobre el clima en realidad se desconoce.

En cualquier caso, resulta sorprendente que estos científicos no dediquen ni una sola línea a responder a las revelaciones que se han encontrado tanto en los correos electrónicos como en los documentos y demás datos filtrados. Como si la indignación moral, real o fingida, pudiera sustituir a la discusión científica.

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