
Felipe VI se ha metido en un lío. Normal. Es una cosa muy española. Tampoco nos rasguemos las vestiduras. Pasará. Pero el lunarcito no se lo quita ni Dios. Esfuércese, Majestad, y denos alguna alegría sobre sus conocimientos históricos, aunque bien sabemos que sus profesores en la materia fueron y, por supuesto, siguen siendo, "políticamente correctos", o sea, personas que se han sentado entre dos sillas. Tenían miedo a caerse si se les retiraba una de ellas. Son gentes que nadan y guardan la ropa. Falso academicismo. Quizá su metedura de pata haya tenido su origen en esas deficientes enseñanzas. Por lo tanto, Señor, grábese bien en su cerebro que la gran hazaña de España en el mundo no es otra que América. Ahí no caben ambigüedades, matices y subterfugios.
Ya lo dijo el primer hombre que pisó la Luna en su visita a España: "Eso, pisar el suelo lunar, no tiene importancia comparado con el descubrimiento, la civilización, o sea, la evangelización del Nuevo Mundo". Seguramente, el astronauta estadounidense Neil Armstrong, comandante de la misión Apolo 11 de la NASA, había aprendido bien la lección en el colegio, o quizá en alguna visita guiada por la Rotonda del Capitolio, sede de la soberanía nacional de su país; sí, en ese gran espacio, impresionante, visitado por millones de seres humanos de todo el mundo, hay un gran cuadro, una hermosa pintura casi mural, de Hernando de Soto, el gran conquistador (sic) extremeño, que escenifica el descubrimiento de este hombre de los estados meridionales de EEUU; también hay otro gran cuadro que representa la llegada de Colón a América. España en EEUU siempre estuvo presente.
