
El "No a la guerra" del Gobierno de Sánchez nada tiene que ver con la neutralidad. No caigamos en la trampa que nos tiende el tirano. El cinismo aquí no vale. Está desacreditado por la realidad. Levantemos, sí, acta de lo real. La guerra contra Irán ha puesto las cosas en su sitio. La institución de la guerra es clave para aclarar las relaciones entre una determinada comunidad, en este caso España, y su entorno próximo o lejano. Siempre fue así, desde que Tucídides nos los explicara, o mejor, contara en el libro V de su genial obra Historia de la guerra del Peloponeso. La "neutralidad" de los Melos era tan inviable, en el siglo V a.C., como la "neutralidad" de Europa hoy. O se está con Atenas o nos ponemos al servicio de Esparta. Sánchez ha optado por Irán. Normal. Su condición tiránica apuesta por la tiranía del régimen sanguinario de Irán. Se lo ha jugado todo al 22 en su manipulada ruleta satánica. Todo por Irán. ¿Perderá él? ¡Quién sabe! Lo único indudable es que perderemos todos los españoles.
El tirano podría haber escurrido el bulto, como han hecho otros fantasmas europeos, pero no ha querido; o peor, no ha podido, porque está preso de sus tratos y "contratos" secretos, y otras felonías de ese jaez, con Irán, China y Venezuela. Mientras sus compinches principales están en la cárcel o imputados, él acelera y exagera todos los procesos que puedan favorecerle. Lucha en todos los frentes. Movilización total. Ha hecho suyo el grito de guerra de los intelectuales nazis. Es su guerra. Nada debe quedar fuera en ese plan: "La tarea de la movilización total es la transformación de la vida en energía tal y como se revela en el rechinar de las ruedas de la economía, la técnica o el tráfico, o en el fuego y el movimiento del campo de batalla" (Ernst Jünger, Der Arbeiter, 210).
Lo importante es que todo lo concreto desaparezca. Retirada de cualquier decisión delimitada y precisa. Todo debe quedar disuelto en una dinámica pura. Mera abstracción. Todo vale, salvo, naturalmente, tomar específicas y exactas decisiones. Esta es su gran oportunidad para convertir, definitivamente, todos los medios de comunicación en medios de manipulación. La oposición "derecha" e "izquierda" desaparece. Sí, ya nadie duda de que los grandes medios de comunicación estatales y casi todos los privados son máquinas a su servicio, porque todos gritan "no a la guerra". Por otro lado, las dos instituciones clave de representación política, el Congreso de los Diputados y el Senado, han sido completamente anuladas por su despotismo. Persiste en ridiculizar al Senado; hace mil años que no asiste a reunión senatorial alguna. Y se ríe del Congreso de los Diputados, pues las sesiones de control al Gobierno las utiliza para descalificar a los controladores.
Por lo tanto, en este contexto, nadie se equivoque y trate de comparar la situación actual de España con otras épocas guerreras. El "no a la guerra" de hoy, de 2026, nada tiene que ver con la posición de neutralidad adoptada por España en la Primera Guerra Mundial. Seamos serios y reconozcamos el novum que ha traído Sánchez a nuestro tiempo; él no ha mostrado debilidad o timidez a la hora de situarse frente a Donald Trump; por el contrario, ha sido tan diáfana su posición que los ayatolás de Irán han puesto su retrato en todas las armas de guerra que han utilizado contra Occidente. Y, además, por si la cosa no hubiera quedado meridianamente clara, reabre, frente a la opinión democrática mundial y la de Donald Trump, la embajada española en Irán… Basta, pues, de comparaciones atrabiliarias sobre la posición de Sánchez con otras épocas de España. Centrémonos, o mejor, resaltemos la novedad sanchista: la posición del Gobierno de Sánchez contra EEUU. El enfrentamiento de España contra EEUU es de tal envergadura que sólo un majadero puede pasar por alto el asunto; sin duda alguna, la opción totalitaria de este gobierno es trágica para quienes soportamos la tiranía sanchista, que en esta ocasión ha estado bien acompañada por el tibio PP tan dependiente del Partido Demócrata de EEUU como desnortado en Europa (¿o acaso González Pons, el hombre del PP en la Unión Europea, ha pedido perdón por haber insultado repetidas veces a Trump?).
Porque no hay analista político con solvencia, en el mundo libre, que no reconozca a Sánchez como el principal traidor a Occidente y, por lo tanto, a su propia nación, España; y porque así lo ha reconocido la Administración de la primera potencia militar y política del mundo, la de EEUU, nadie diga que se trata de debilidades y simples carencias de nuestra política exterior. Por supuesto que España adolece de todos los males de la política exterior de la UE, pero lo nuestro no es ambigüedad, sino el enfrentamiento provocado por la tiranía sanchista contra EEUU. El mundo entero sabe ya que España está desgobernada por un traidor a todo Occidente en general, y a Europa en particular. España, otrora modelo de civilización, es hoy un país aliado de Irán.
Y la cosa, frente a lo que algunos insinúan, no parará pronto. Al contrario, el tirano está tan desatado que ya recurre a cualquier medio de propaganda de su barbarie que le asegure un día más en el poder. ¡Para qué abundar en la cuestión de reconocer el aborto por vía constitucional! El objetivo es casi imposible de llevar a cabo con la actual composición del Congreso y el Senado, pero él la pone en el tapete público para la agitación y propaganda pro domo sua. Todo le vale. También su viaje a China debe situarse en esta dirección. Y, por supuesto, en este contexto de movilización total, es donde debemos integrar el programado foro sobre Global Progressive Mobilisation, que se celebrará los próximos 17 y 18 de abril en Barcelona, promovido por el PSOE. Aquí se reunirán las principales organizaciones comunistas y socialistas de Hispanoamérica y algunas otras de Europa. Ellos llaman "progresistas", como es sabido, a toda la faramalla totalitaria que ha llevado a los países más importantes de la América hispana a la miseria económica y, sobre todo, moral. Aquí estarán al completo todos los líderes del Grupo de Puebla, por ejemplo, Lula da Silva y Gustavo Petro. No faltarán ninguno de los que han utilizado la vía democrática para instalar dictaduras duraderas.
Esta Movilización sanchista, según ha explicado la portavoz adjunta del PSOE, Enma López, será una "convención única", donde España "mostrará el liderazgo internacional que tiene" con Pedro Sánchez y su posición ante la guerra de Oriente Medio. O sea que Sánchez, lejos de acercarse a la posición de los líderes de Occidente, mostrará su enfrentamiento con EEUU como la gran medalla para seguir en el poder tiranizando a su pueblo. Más aún, como ha señalado el ministro Óscar López, después de una reunión de la Ejecutiva socialista, se trata de una "una movilización histórica en un momento histórico". Este foro para intercambiar ideas, aportar soluciones basadas en las políticas socialistas y comunistas que, a su juicio, no son "tan sólo las que funcionan, sino las que necesita el mundo". En fin, humo, diría un castizo, es lo que venderá esta convención. Pero a Sánchez le valdrá para salir reforzado como el principal líder del Grupo de Puebla y, de paso, iniciar la campaña socialista en Andalucía. Y, durante unas pocas horas, tapará la corrupción económica, política y, sobre todo, moral del sanchismo.
No hay ponentes anunciados para el workshop sobre Guerra cultural; sólo se dice que se estudiarán las estrategias progresistas (sic) para un nuevo discurso sobre la diversidad en Europa. ¿Qué dirán? Vaya usted a saber, pero estoy seguro que nadie hablara sobre el "no a la guerra de Irán" y, sí, a la guerra civil en España. Tampoco hay speakers previstos, para una sesión plenaria planificada, de cuatro horas de duración bajo el título Movilización; pero, si de mí dependiese, no dudaría en invitar al señor Alberto Núñez Feijóo, si no como ponente, porque no parece que sepa mucho de la cosa, sí como asistente. Estoy seguro que no escaparía a su sagacidad el dogma sanchista: la movilización es total o no es.
En fin, nada le descubro, querido lector, si digo que esta cumbre borrascosa de Barcelona estigmatizará a las dos figuras políticas, los dos líderes, más relevantes del mundo libre: Javier Milei y Donald Trump. He ahí la prueba del objetivo final del aquelarre sanchista: imposición del totalitarismo, o mejor, de la tiranía sanchista a la democracia occidental.
