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De la insaciable tiranía y sus cómplices

A la tiranía sólo se le vence con Política. Escrita con mayúscula. Algo que, desgraciadamente, brilla por su ausencia en España.

A la tiranía sólo se le vence con Política. Escrita con mayúscula. Algo que, desgraciadamente, brilla por su ausencia en España.
El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, conversa con los vicepresidentes, Carlos Cuerpo y Yolanda Díaz, durante la sesión de control al Gobierno que se celebra este miércoles en el Congreso. EFE/ Javier Lizon | EFE

Porque trato de mantener activa mi curiosidad, tiendo a formular preguntas sencillas, por ejemplo, ¿es España una tiranía o una democracia? Mi respuesta es inmediata. Levanta acta de una obviedad al alcance de cualquier ciudadano normal. Pocos españoles albergan dudas sobre que esto se parece más a un régimen político tiránico que a un decente y débil sistema democrático. No hay día que el poder ejecutivo descanse en su programada persecución de los poderes legislativo y judicial. Su intención es devorar permanentemente cualquier atisbo de contrapeso a la institución del Gobierno. No hay ámbito de la vida pública política que no esté intervenido, casi siempre de modo despótico, por el Gobierno. El Estado entero tiende a desaparecer colonizado por el Gobierno.

En la esfera de los partidos políticos, la labor de oposición al Gobierno fue sustraída por Sánchez el mismo día que ocupó La Moncloa; jamás ha dejado de controlar y acosar de mil formas diferentes a la oposición. Oponerse a la oposición, sí, hasta devorarla fue, es y será la principal tarea del socialismo, el comunismo y el separatismo en el poder. El Gobierno, antes que gobernar y administrar los bienes comunes de los españoles, se ha dedicado a perseguir a la oposición; caso paradigmático de esa terrible "oposición a la oposición" es la estigmatización, demonización, e incluso con amenaza de ilegalización, de la tercera fuerza política de España, Vox. Tampoco el Gobierno se ha quedado corto en la persecutoria caza a la que ha sometido a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, por una presunta irregularidad de su novio con la Hacienda española. Y así podríamos seguir enumerando otros tanto casos y circunstancias que muestran a un Ejecutivo más preocupado por perseguir al oponente que por gobernar.

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