
Recientemente ha salido a la luz el Rape Gang Inquiry Report, el informe independiente impulsado por el diputado Rupert Lowe. Más de 200 páginas de testimonios de supervivientes, datos de casos judiciales e investigaciones previas que ponen negro sobre blanco lo que muchos ya sospechábamos: el escándalo de las bandas de grooming en Reino Unido no fue un caso aislado ni un problema localizado. El documento estima que al menos 250.000 niñas, en su inmensa mayoría blancas británicas de clase trabajadora y vulnerables, han sufrido explotación sexual organizada durante décadas en al menos 149 distritos locales del país.
Las cifras exactas se pueden discutir, pero el patrón que describe el informe es demoledor y coincide con lo que ya sabíamos de otras investigaciones. Bandas organizadas, mayoritariamente compuestas por hombres de origen pakistaní y de religión musulmana, que captaban a niñas desde los 11 o 12 años con regalos, alcohol, drogas y falsas atenciones. Luego venían las violaciones grupales, el tráfico entre ciudades, la violencia extrema, las amenazas y, en algunos casos relatados, torturas que parecen sacadas de una pesadilla. Testimonios que hablan de niñas encerradas en jaulas para perros o violadas por 600 o 700 hombres distintos a lo largo de años.
