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Pedro Sánchez y la sospecha de 'donjulianismo' alevoso

Las sospechas sobre la presencia en España de un 'donjulianismo' mendaz crecieron cuando el propio gobierno socialista reconoció el espionaje sufrido por el presidente Sánchez.

Las sospechas sobre la presencia en España de un 'donjulianismo' mendaz crecieron cuando el propio gobierno socialista reconoció el espionaje sufrido por el presidente Sánchez.
Pedro Sánchez es recibido por el Rey de Marruecos, Mohamed VI, a 21 de febrero de 2024, en Rabat. | Europa Press

Naturalmente, España tiene que mantener las mejores relaciones posibles con sus vecinos geopolíticos, especialmente Francia, Portugal, Marruecos y Argelia. En toda vecindad hay intereses compartidos que deben atenderse, desde la circulación de mercancías, personas, energía y comunicaciones a defensa estratégica, fronteras, cultura e infraestructuras comunes. Pero no todos los intereses de sus sociedades e instituciones son coincidentes. En ocasiones, y no pocas, surgen conflictos a causa de las ambiciones y prioridades de cada uno de ellos.

En plena invasión de Ceuta, perpetrada con el conocimiento innegable del régimen marroquí, la colisión de proyectos nacionales, siempre latente, se ha hecho evidente. Que Marruecos desea que Ceuta, Melilla, Canarias y otros enclaves españoles pasen a formar parte de la monarquía alauita es indudable desde hace casi 70 años. Que ni Ceuta, Melilla ni Canarias ni ningún otro territorio español desea tal futuro, es evidente. Que ni la Geografía ni la Historia ni el Derecho avalan la pretensión marroquí es patente. Ni siquiera la ONU lo ha considerado pertinente. Sólo le asiste el poder de la fuerza, que la usa, aunque no sea militar por ahora, y una red tupida de alianzas. Es preciso saber si entre ellas hay alguna fraguada en el interior de España.

El año 2004 aparece cada vez más como un año crucial para la nación española por dos hechos rotundos: el atentado, con marroquíes en el entramado, que abrió la puerta a un inesperado cambio de gobierno y la nueva política exterior del presidente electo, José Luis Rodríguez Zapatero, que abandonó la alianza preferente con Estados Unidos e inició una anómala y postrada relación con un Marruecos crecido.

¿A qué podemos llamar donjulianismo? Sabido es que el conde don Julián es un prototipo del felón en la historia de España. De hecho, relata el historiador Luis Suárez Fernández, "los vitizanos, cuya cabeza más importante parece haber sido Oppas, arzobispo de Sevilla, hermano del difunto rey, preconizaban los derechos de Ákhila II, primogénito de Vitiza. Se pusieron de acuerdo con un personaje, llamado acaso Olián —el conde don Julián de nuestros romances—, que dos años antes había entregado Ceuta, la última posesión bizantina, a los musulmanes". El resultado fue la invasión de 711.

Por tanto, podemos considerar donjulianismo el admitir como propios los planteamientos estratégicos marroquíes modificando posiciones tradicionales españolas sin obtener contrapartidas equivalentes; facilitar una mayor capacidad de presión a Marruecos y trenzar redes políticas, económicas o personales propias con el aparato de poder marroquí, llegando, en casos extremos, a respaldar pretensiones marroquíes sobre territorio español.

Hay un donjulianismo, calificado con reparos como bienintencionado, que consiente la entrega de territorios españoles a Marruecos para defender, dicen, la continuidad de una España medular y asegurar un fin definitivo del expansionismo marroquí con Gibraltar como referencia. Es el caso de Miguel Primo de Rivera y otros muchos, antes y después, entre los que podríamos contar al exembajador en la ONU Jaime de Piníes y, si se da por auténtico y veraz el cable derivado de la reunión celebrada entre el senador Ed Muskie, el embajador de Estados Unidos, Terence Todman, y el rey Juan Carlos I el 30 de abril de 1979, al propio Rey de España.

Se decía en aquel cable diplomático, información ya desclasificada: "Él (Rey) creía que Melilla podía cederse a Marruecos en un plazo relativamente corto, ya que allí vivían solo 10.000 españoles. El ejército español estaría muy descontento y protestaría, pero eso duraría apenas dos meses y él podría controlar la situación. Ceuta sería mucho más difícil porque allí viven 60.000 españoles y sería imposible simplemente entregarlos a Marruecos. Quizás la mejor solución para Ceuta sería la internacionalización o una situación similar a la de Tánger". Es textual y no desmentido por ninguno de los intervinientes.

Pero la sospecha crece hoy por la irrupción de un donjulianismo diferente y oscuro, animado más por los intereses particulares o partidistas de un grupo de españoles, que se someten a la estrategia alauita del gran Marruecos 2030 sin siquiera contemplar la opción de que sus concesiones y cesiones estén compensadas por la reciprocidad exigible y lógica que emerge en toda negociación entre iguales.

En el caso de la exministra de Vivienda del expresidente Zapatero, María Antonia Trujillo, que ha defendido en público y en privado la marroquinidad de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla sin otro fundamento que su "amor" por un socialista marroquí, su donjulianismo gratuito parece claro. Si es o no una postura personal, o es algo más profundo relacionado con las políticas del PSOE, es lo que hay que dilucidar.

El primer socialismo español, aunque rechazaba el colonialismo, nunca consideró marroquíes las ciudades de Ceuta y Melilla ni otros enclaves españoles en el norte de África. En la Constitución de la Segunda República, el PSOE admitió la españolidad de los territorios de "soberanía" situados en el norte de África y no pareció tener dudas sobre la españolidad de las islas Canarias que alcanzaban la consideración de provincias —cabildos—.

A partir de 1956, comienza el PSOE a hablar de "presidios de Ceuta y Melilla", inaugurando un período de ambigüedad, a pesar de que la independencia del reino de Marruecos, proclamada ese mismo año, excluyó a Ceuta, Melilla, Canarias y demás territorios de soberanía española del tratado suscrito. Hacia 1960, el nuevo reino alauita comenzaba su reclamación sobre Ceuta y Melilla, a las que consideraba colonias, algo que no fue admitido por la ONU.

Fue a partir de 1970, y muy especialmente desde el Congreso de Suresnes —1974—, que la ambigüedad llegó a un extremo inquietante. Durante el mismo llegó a contemplarse la posible cesión de Ceuta y Melilla a Marruecos, no recogida en actas, mientras que, en 1981, durante el Tratado de la OTAN, exigió el reconocimiento de su "españolidad". La oscuridad ideológica se hizo total con la declaración del derecho de autodeterminación generalizado para nacionalidades y regiones, orientado poco después hacia un Estado federal. Imagínese la posición de Ceuta y Melilla en ese marco. La duda era razonable.

Al año siguiente, tras la Marcha Verde, el PSOE se alineó en defensa de la autodeterminación saharaui, apostando desde 1978 por la solución autonómica para todas las regiones españolas, incluidas Ceuta y Melilla como casos de excepción. Por eso ha resultado tan sorprendente, incluso para muchos socialistas, el cambio de posición sobre el Sáhara decidido personalmente por Pedro Sánchez, al margen de su partido y sin contar con las Cortes españolas.

Las sospechas sobre la presencia en España de un donjulianismo mendaz crecieron cuando el propio Gobierno socialista reconoció el espionaje sufrido por el presidente Sánchez y varios de sus ministros durante el viaje a la Ceuta invadida ya en 2021. La cronología es muy elocuente. Entre el 19 y el 31 de mayo de 2021 se extrajeron datos del móvil de Sánchez y altos cargos con el programa Pegasus. Menos de un año después, el 14 de marzo de 2022, el presidente firmaba la carta a Mohamed VI sobre el Sáhara, cuando los españoles desconocían la existencia del espionaje, noticia que dio el mismo Gobierno el 12 de mayo de 2022, más de un año después.

Una trama socialista filomarroquí inquietante

Además de todo lo dicho, y de lo no expuesto, desde las cesiones agrícolas y pesqueras a la debilitación de la lucha contra el narcotráfico procedente de Marruecos, o desde la enseñanza del Corán en escuelas a la proliferación de mezquitas —2.200 lugares de culto musulmán, de las que 43 están en Ceuta— y tolerancia hacia costumbres sin reciprocidad alguna, hay una trama apenas entrevista en España que aumenta la sospecha de un donjulianismo político planeado.

Se sabe desde hace tiempo que el gran bandazo del socialismo español, en esta y en otras muchas cuestiones, se debe a José Luis Rodríguez Zapatero, que es la mano que mece todas las cunas que arrojan al abismo a la nación española, muy elocuentemente en lo que se refiere a relaciones privilegiadas con naciones gobernadas por dictaduras comunistas o islámicas. El caso de la Venezuela bolivariana es definitivo y sigue ahora su curso en los tribunales.

Sin embargo, el cambio estratégico de posición, de firme a genuflexa, del Gobierno español hacia Marruecos comenzó a hacerse patente durante su gobierno, se asentó después de dejar la presidencia y ha tomado altos y extraños vuelos durante el mandato de Pedro Sánchez. El repaso de unos hechos, no siempre recordados, será suficiente para comprender la creciente intensidad de la sospecha de donjulianismo desleal entre los españoles.

Hassan II tenía un bufón, Haj Mohamed ben Abdelkader Binebine, El bufón del Rey, como ha titulado su libro uno de sus hijos, Mahi Binebine. En realidad, además de bufón al estilo tradicional, era un consejero áulico, recitador de poesía marrakchí y erudito en literatura oral, aderezado todo ello por la ocurrencia y el ingenio. Debido a su influencia en el estado de ánimo del monarca alauita ascendió a una posición privilegiada que no se rompió nunca, ni siquiera cuando otro de sus hijos, Aziz Binebine, en Tazmamart: Morocco's Secret Prison, relata cómo se sublevó contra el Rey.

Pues bien, José Luis Rodríguez Zapatero logró conectar con este poderoso clan cercano al rey Hassan II, cuya presencia no ha sido anulada por Mohamed VI. De hecho, el 28 de noviembre de 2014, Zapatero asistió en Marrakech a la exposición Insoumission, en la que aparece fotografiado junto a Mahi Binebine, hijo de Mohamed. Tómese nota de que tal conexión ocurría ocho años antes del giro sahariano de Pedro Sánchez.

Después de esa anomalía diplomática, otro hijo del "bufón" real, El Khalil Binebine, intelectual de la Casa Real, ya formaba parte en 2022 de la dirección de la Alianza de Civilizaciones promovida por Zapatero años antes, apoyada por Marruecos y Turquía. El Khalil pertenece al High-Level Advisory Council de la Alianza de Civilizaciones que dirige Miguel Ángel Moratinos en las Naciones Unidas y participa en sus reuniones.
Para llegar ahí, Zapatero recorrió un camino inquietante. Mucho antes que Sánchez, admitió la posibilidad de la autonomía limitada por Marruecos del territorio del Sáhara frente al referéndum de autodeterminación exigido por la ONU, España, Argelia y el propio PSOE.

Aunque no dio el paso de Sánchez de optar a las claras por aceptar el plan marroquí sobre la autonomía del Sáhara, recibió en Madrid en 2007 a una importante delegación de Mohamed VI —ministro del Interior, jefe del servicio secreto exterior y ministro de Asuntos Exteriores— que quería obtener el apoyo español al nuevo plan de autonomía marroquí para el Sáhara. Zapatero y Miguel Ángel Moratinos los recibieron en La Moncloa y muy poco después, Zapatero viajó a Rabat para conocer directamente el plan en reunión con Mohamed VI.

Su opción preferente por Marruecos llevó a Elena Valenciano, peso pesado del PSOE y responsable en la Internacional Socialista, a trenzar relaciones de partido con el aparato estatal marroquí y sus partidos desde 2007, actividad que repitió en 2009 y 2011. Cuando los reyes Juan Carlos y Sofía visitaron Ceuta y Melilla en 2007, la ira de Marruecos fue aplacada por un PSOE obsesionado con la tesis de que la estabilidad de España dependía de la del reino vecino, admitida también por el PP de Rajoy, con la excepción del Sáhara.

A ello, hay que unir la incesante presión promarroquí desarrollada por Luis Planas, embajador en Marruecos y condecorado con el Gran Cordón del Wissam al-Alaoui, que ya desde 2007 animaba a configurar un plan de autonomía bajo la soberanía marroquí, y por Trinidad Jiménez, cuando sustituyó a Moratinos al frente de Exteriores. Posteriormente se incorporó al coro promarroquí, el exministro de Defensa, José Bono, otro de los apoyos de la solución autonómica para el Sáhara y propietario de inmuebles en Marruecos. A todo ello hay que añadir que, nada más firmar la carta dirigida al rey de Marruecos, en la que Pedro Sánchez, sin apoyo parlamentario y sin consensuar esa política con el PP, admitía el plan alauita marginando al pueblo saharaui, apareció una extraña operación en el horizonte: la operación Acento.

Acento Public Affairs era un lobby o consultora, fundada y dirigida por el exministro socialista José Blanco y representó en Bruselas a la Agencia Marroquí de Cooperación Internacional (AMCI) tras la firma de la carta de Pedro Sánchez en el año 2022. Luego su cliente fue la propia Embajada de Marruecos. En noviembre de 2024, fue encargado por Marruecos de la defensa de sus intereses agrícolas en Bruselas sin que se haya sabido si la colisión de tales intereses con los del campo español causó algún problema en la consultora.

Téngase en cuenta que en la entidad inicialmente socialista —con Elena Valenciano y Valeriano Gómez como exponentes— participaron importantes dirigentes del PP como Alfonso Alonso y el hijo de Esteban González Pons, Esteban González Guitart. Añádase la presencia constante de Felipe González, desde el reinado de Hassan II, en el trato preferente a Marruecos. Recuérdese que sólo nueve días después de la carta de Pedro Sánchez, Felipe González inició una defensa inequívoca del plan de Marruecos para el Sáhara.

Hemos expuesto sólo algunos elementos que, además del asunto Pegasus, pueden llevar a considerar que la sospecha de que puede estar operando desde el interior de España una política donjulianista dispuesta a asumir la estrategia expansiva de régimen marroquí por encima del interés nacional español está seriamente justificada y necesita una aclaración nacional completa.

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