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La Marcha Verde y la conspiración americana

La Marcha Verde fue una jugada marroquí que aprovechó la agonía de Franco, la incertidumbre del régimen y la falta de voluntad para librar una guerra.

La Marcha Verde fue una jugada marroquí que aprovechó la agonía de Franco, la incertidumbre del régimen y la falta de voluntad para librar una guerra.
A la izquierda, Hassan II, junto con el presidente de EEUU Jimmy Carter. | Cordon Press

En España, las derrotas rara vez tienen responsables autóctonos. Las victorias son nuestras; los fracasos, en cambio, acostumbran a atribuirse a una potencia extranjera, a una conjura diplomática o a las insondables conspiraciones de algún servicio secreto. Si además pueden aparecer la CIA y Henry Kissinger, la trama adquiere la apariencia de verdad revelada. Ya no hace falta reconstruir los hechos: basta con insinuar que todo se decidió en Washington.

La Marcha Verde constituye uno de los mejores ejemplos de esta propensión nacional a las conspiraciones indulgentes. Desde hace décadas circula por ambientes políticos, periodísticos y militares la afirmación de que Estados Unidos estuvo detrás de la operación con la que Hassan II precipitó la salida española del Sáhara Occidental en 1975. Las versiones tienen matices. Unas sostienen que la CIA planeó la marcha; otras, que Kissinger la autorizó personalmente; las más "prudentes" apuntan a una colaboración sin la cual Marruecos jamás se habría atrevido a hacer lo que hizo. Todas coinciden, sin embargo, en lo esencial: Rabat fue el músculo; Washington, la materia gris.

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