L.D. / EFE.-
Guelbenzu recorrerá en Universidad Internacional Menéndez Pelayo el camino que convierte a un lector “ingenuo” en un lector “complejo”, capaz de enfrentarse sin temor a cualquier texto, desde la idea de que la literatura no puede cambiar el mundo pero contribuye a ensancharlo. Guelbenzu, que impartirá hasta el viernes en las aulas de la Magdalena el taller "El arte de leer", quiere juntar "los dos lados de la naranja" que conforman la obra literaria: uno de ellos lo pone el autor y el otro el lector, explicó este lunes en un encuentro con periodistas.
A su juicio, un lector complejo es aquel que, con una actitud "absolutamente receptiva" se plantea la lectura como "la consecución de una emoción profunda y duradera" y en definitiva como un placer, porque "ha entrado en su conciencia y le ha permitido ampliar sus conocimientos".
Y es que en opinión del autor de "El mercurio", para el buen lector la literatura es una fuente de placer, mientras que el malo se limita a utilizarla como un objeto que se usa y después se tira. Dentro de este último grupo habría que inscribir al "lector esnob", que se acerca a la obra literaria como si se tratara de un libro de autoayuda.
A su juicio, un lector complejo es aquel que, con una actitud "absolutamente receptiva" se plantea la lectura como "la consecución de una emoción profunda y duradera" y en definitiva como un placer, porque "ha entrado en su conciencia y le ha permitido ampliar sus conocimientos".
Y es que en opinión del autor de "El mercurio", para el buen lector la literatura es una fuente de placer, mientras que el malo se limita a utilizarla como un objeto que se usa y después se tira. Dentro de este último grupo habría que inscribir al "lector esnob", que se acerca a la obra literaria como si se tratara de un libro de autoayuda.