L.D. / EFE.-
Hernández García señaló este miércoles que se siente "un poco abrumado" por el interés que ha suscitado la venta de esta iglesia, y confesó que le gustaría que se le diese alguna utilidad y se le "dejara la cara bonita". "No me siento el malo de la película, lo hago por el bien de la iglesia y del pueblo, aunque lo que no puedo hacer es regalarla", subrayó Hernández.
La iglesia, cerrada al culto desde 1818, fue comprada por el abuelo de Francisco al final de la Guerra Civil, hacia 1940, a un terrateniente de Villalba de los Alcores para ser utilizada como salón de baile del pueblo, dada su amplitud, unos 300 metros cuadrados, y porque se encontrara en perfecto estado.
Tras ser salón de baile, posteriormente fue utilizada por la familia como molino público y en la última etapa como almacén de quesos, negocio al que se dedican los Hernández. La nueva legislación sobre empresas queseras lleva a esta familia a hacer, desde hace dos años, una nueva fábrica de quesos que cuente con espacio para almacenaje, lo que deja sin uso al templo.
Hace más de un año, los propietarios se pusieron en contacto con el Consistorio para ofrecerle la posibilidad de adquirirla al precio de cincuenta millones, cantidad en la que la tasó una inmobiliaria especializada en este tipo de ventas. El precio, a juicio de Hernández, no es muy alto si se tiene en cuenta el buen estado en el que está la iglesia, y además su tasación no incluye el valor histórico de este templo, declarado Bien de Interés Cultural por la Junta en 1991, sino sólo los metros y su ubicación, el número de habitantes del pueblo o cómo está comunicado por carretera. Todavía no ha recibido ninguna oferta.
El Consistorio no ha respondido a la oferta por su alto precio en relación al bajo presupuesto que tiene este municipio, ubicado a 25 kilómetros de Valladolid y con unos 560 habitantes.
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La iglesia, cerrada al culto desde 1818, fue comprada por el abuelo de Francisco al final de la Guerra Civil, hacia 1940, a un terrateniente de Villalba de los Alcores para ser utilizada como salón de baile del pueblo, dada su amplitud, unos 300 metros cuadrados, y porque se encontrara en perfecto estado.
Tras ser salón de baile, posteriormente fue utilizada por la familia como molino público y en la última etapa como almacén de quesos, negocio al que se dedican los Hernández. La nueva legislación sobre empresas queseras lleva a esta familia a hacer, desde hace dos años, una nueva fábrica de quesos que cuente con espacio para almacenaje, lo que deja sin uso al templo.
Hace más de un año, los propietarios se pusieron en contacto con el Consistorio para ofrecerle la posibilidad de adquirirla al precio de cincuenta millones, cantidad en la que la tasó una inmobiliaria especializada en este tipo de ventas. El precio, a juicio de Hernández, no es muy alto si se tiene en cuenta el buen estado en el que está la iglesia, y además su tasación no incluye el valor histórico de este templo, declarado Bien de Interés Cultural por la Junta en 1991, sino sólo los metros y su ubicación, el número de habitantes del pueblo o cómo está comunicado por carretera. Todavía no ha recibido ninguna oferta.
El Consistorio no ha respondido a la oferta por su alto precio en relación al bajo presupuesto que tiene este municipio, ubicado a 25 kilómetros de Valladolid y con unos 560 habitantes.
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