L. D. / EFE
“Juego de Luna”, segundo largometraje de Mónica Laguna, deja al descubierto el mundo del póquer que se mueve de forma clandestina en Madrid y las timbas en chalets de lujo donde cada noche cambian de mano millones de pesetas. "Es un mundo casi desconocido para todo el mundo, y que está ahí a la vuelta de la esquina, con timbas de todos los niveles, donde se juegan desde miles de pesetas hasta cifras millonarias", comentó este martes Mónica Laguna a la prensa.
Luna (Ana Torrent) es hija de un jugador de póquer que muere asesinado por una deuda de juego. Luna es una adolescente que reniega del colegio, excepto de una asignatura, las matemáticas, la única que necesita para lo que pretende llegar a ser, jugadora profesional en el máximo nivel.
Ese mundo del juego sirve a Mónica Laguna como una "metáfora de la vida al límite, de la anarquía de aquellos que no tienen ninguna responsabilidad, ningún jefe y sí la libertad de elegir lo que uno quiere hacer en la vida. Su vida es su trabajo, trabajan desde las tres de la mañana hasta el infinito y, a los veinte o treinta años, ganan más que toda su familia".
Luna (Ana Torrent) es hija de un jugador de póquer que muere asesinado por una deuda de juego. Luna es una adolescente que reniega del colegio, excepto de una asignatura, las matemáticas, la única que necesita para lo que pretende llegar a ser, jugadora profesional en el máximo nivel.
Ese mundo del juego sirve a Mónica Laguna como una "metáfora de la vida al límite, de la anarquía de aquellos que no tienen ninguna responsabilidad, ningún jefe y sí la libertad de elegir lo que uno quiere hacer en la vida. Su vida es su trabajo, trabajan desde las tres de la mañana hasta el infinito y, a los veinte o treinta años, ganan más que toda su familia".