L. D. / EFE (Carlos Mínguez)
"Cada día me gustan menos los escenarios, sólo dar conciertos de vez en cuando", insiste María Joao Pires, a quien, por el contrario, ahora interesan más las grabaciones o esos proyectos especiales, relacionados siempre con la creación, en los que puede trabajar con otras personas, especialmente con jóvenes. "Nunca me ha gustado tener lo que tradicionalmente se entiende como una carrera", declaró la artista a Efe.
Nacida en Lisboa en 1944, Pires dio su primer concierto con siete años. Y desde entonces hasta hoy, con más de un año sabático entre medias, ha dedicado toda su vida al piano y más recientemente a un proyecto que comenzó a madurar hace veinte años y que es ya una realidad. Se llama Belgais, un centro para el estudio de las artes enclavado en una finca de su propiedad –doscientas hectáreas de olivos, eucaliptos, pinos, naranjos y encinas– próxima a la ciudad de Castelo Branco, en la región portuguesa de "La Raya", y a menos de cincuenta kilómetros de la frontera con España por Cáceres.
En mitad de un valle, y tras recorrer más de doce kilómetros por una pista forestal sin asfaltar, está la Granja Belgais, su casa en los dos últimos años. "La ciudad –confiesa Pires– me hace perder la energía. Lo contrario que a mucha gente". Allí asegura haber encontrado la felicidad. "Amo la naturaleza, comprobar de cerca cómo se transforma. En ella puedes encontrar de todo. ¡Cuán pretenciosos somos en comparación con la naturaleza! ¡Cuán grande es y lo pequeños que somos nosotros!".
De baja estatura, fuerte en su fragilidad, mirada penetrante y manos diminutas –en la muñeca derecha lleva tatuado un delfín– María Joao Pires, vegetariana, ecologista, de palabra cordial pero enérgica, ha encontrado en Belgais el lugar donde desarrollarse como persona y como artista. Belgais es, "además de una forma de vida", un lugar en el que creadores de todo tipo (pintura, escultura, literatura, poesía, danza, música,...) pueden intercambiar experiencias y conocimientos. Una realidad y no una utopía –"utópicas son las escuelas tradicionales. En todo caso sería una utopía humanista", dice– que busca, ante todo, profundizar en "el arte de la vida". "Las escuelas no hacen a la gente feliz. No nos ayudan a conocernos o encontrarnos a nosotros mismos".
Allí ha grabado su último disco, centrado en la Sonata "Claro de luna" de Beethoven, que junto a Mozart, Schubert y Chopin son las cuatro columnas que sostienen el edificio musical de Pires. Un álbum editado por Deutsche Grammophon y cuyo lanzamiento mundial tendrá lugar el próximo día 29. En todos los aspectos de su creación –desde el papel utilizado en la carpeta, reciclado, hasta los poemas impresos en ella– ha trabajado la pianista y su equipo. En su granja de Belgais –"no es mía, es de todo el mundo", puntualiza– Pires pone el mismo interés en practicar con el piano que en colaborar en las tareas domésticas o en cuidar la huerta. "No busco estar cómoda, sino estar donde las cosas suceden. Busco la verdad. Como artista eres tan importante como la mujer que limpia o atiende la cocina. No me creo más importante que ellas", dice.
Si hay algo que preocupa a Pires en estos momentos es cómo conseguir dinero para su proyecto. El Gobierno portugués la tiene muy disgustada, aunque acaba de darle un dinero, "absolutamente insuficiente", y trabaja para encontrar otros patrocinadores privados. En España ha encontrado "mucho interés y receptividad" y ya tiene previsto en noviembre una reunión con la Junta de Extremadura. En Belgais, una muestra más de su rebeldía como persona y como artista –"soy rebelde para muchas cosas", asegura– está todo su patrimonio personal, el dinero que ha ganado en todos estos años. "Mis hijos saben que el dinero no será para ellos. Están muy metidos en el proyecto y saben lo que tengo que hacer", afirma esta mujer empeñada en abrir las puertas de este centro "a todo el que venga con nuevas ideas".
La espiritualidad está en la atmósfera de esta antigua casa rehabilitada y en cuya construcción ha colaborado Pires con sus propias manos. "Rezo todos los días, a Dios y a mí misma", afirma quien no se siente atraída por ninguna religión en concreto y que asegura encontrar cosas positivas en todas. Libertad es una palabra frecuente en sus labios. Hace años dijo que lo de ser artista era el camino para ser libre. Hoy, transcurrido el tiempo, dice: "no creo que encontremos la libertad antes de la muerte, pero la sentimos. Es la estructura de nuestra alegría". Y para sentirse bien, una receta: "la verdad, con la gente y contigo mismo. La primera regla en mi vida es la verdad, ante los demás y ante mí misma". concluye.
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Nacida en Lisboa en 1944, Pires dio su primer concierto con siete años. Y desde entonces hasta hoy, con más de un año sabático entre medias, ha dedicado toda su vida al piano y más recientemente a un proyecto que comenzó a madurar hace veinte años y que es ya una realidad. Se llama Belgais, un centro para el estudio de las artes enclavado en una finca de su propiedad –doscientas hectáreas de olivos, eucaliptos, pinos, naranjos y encinas– próxima a la ciudad de Castelo Branco, en la región portuguesa de "La Raya", y a menos de cincuenta kilómetros de la frontera con España por Cáceres.
En mitad de un valle, y tras recorrer más de doce kilómetros por una pista forestal sin asfaltar, está la Granja Belgais, su casa en los dos últimos años. "La ciudad –confiesa Pires– me hace perder la energía. Lo contrario que a mucha gente". Allí asegura haber encontrado la felicidad. "Amo la naturaleza, comprobar de cerca cómo se transforma. En ella puedes encontrar de todo. ¡Cuán pretenciosos somos en comparación con la naturaleza! ¡Cuán grande es y lo pequeños que somos nosotros!".
De baja estatura, fuerte en su fragilidad, mirada penetrante y manos diminutas –en la muñeca derecha lleva tatuado un delfín– María Joao Pires, vegetariana, ecologista, de palabra cordial pero enérgica, ha encontrado en Belgais el lugar donde desarrollarse como persona y como artista. Belgais es, "además de una forma de vida", un lugar en el que creadores de todo tipo (pintura, escultura, literatura, poesía, danza, música,...) pueden intercambiar experiencias y conocimientos. Una realidad y no una utopía –"utópicas son las escuelas tradicionales. En todo caso sería una utopía humanista", dice– que busca, ante todo, profundizar en "el arte de la vida". "Las escuelas no hacen a la gente feliz. No nos ayudan a conocernos o encontrarnos a nosotros mismos".
Allí ha grabado su último disco, centrado en la Sonata "Claro de luna" de Beethoven, que junto a Mozart, Schubert y Chopin son las cuatro columnas que sostienen el edificio musical de Pires. Un álbum editado por Deutsche Grammophon y cuyo lanzamiento mundial tendrá lugar el próximo día 29. En todos los aspectos de su creación –desde el papel utilizado en la carpeta, reciclado, hasta los poemas impresos en ella– ha trabajado la pianista y su equipo. En su granja de Belgais –"no es mía, es de todo el mundo", puntualiza– Pires pone el mismo interés en practicar con el piano que en colaborar en las tareas domésticas o en cuidar la huerta. "No busco estar cómoda, sino estar donde las cosas suceden. Busco la verdad. Como artista eres tan importante como la mujer que limpia o atiende la cocina. No me creo más importante que ellas", dice.
Si hay algo que preocupa a Pires en estos momentos es cómo conseguir dinero para su proyecto. El Gobierno portugués la tiene muy disgustada, aunque acaba de darle un dinero, "absolutamente insuficiente", y trabaja para encontrar otros patrocinadores privados. En España ha encontrado "mucho interés y receptividad" y ya tiene previsto en noviembre una reunión con la Junta de Extremadura. En Belgais, una muestra más de su rebeldía como persona y como artista –"soy rebelde para muchas cosas", asegura– está todo su patrimonio personal, el dinero que ha ganado en todos estos años. "Mis hijos saben que el dinero no será para ellos. Están muy metidos en el proyecto y saben lo que tengo que hacer", afirma esta mujer empeñada en abrir las puertas de este centro "a todo el que venga con nuevas ideas".
La espiritualidad está en la atmósfera de esta antigua casa rehabilitada y en cuya construcción ha colaborado Pires con sus propias manos. "Rezo todos los días, a Dios y a mí misma", afirma quien no se siente atraída por ninguna religión en concreto y que asegura encontrar cosas positivas en todas. Libertad es una palabra frecuente en sus labios. Hace años dijo que lo de ser artista era el camino para ser libre. Hoy, transcurrido el tiempo, dice: "no creo que encontremos la libertad antes de la muerte, pero la sentimos. Es la estructura de nuestra alegría". Y para sentirse bien, una receta: "la verdad, con la gente y contigo mismo. La primera regla en mi vida es la verdad, ante los demás y ante mí misma". concluye.
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