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Zapatero: "La ley que sacó mi gobierno no se llamó de memoria histórica"

El expresidente del gobierno presentó en Madrid El arma de las letras, una recopilación de ensayos de Azaña elaborada por el escritor José Esteban.

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José Luis Rodríguez Zapatero junto a Jesús Egido y José Esteban | Cordon Press

El pasado viernes 13 de abril tuvo lugar en la librería Rafael Alberti de Madrid la presentación de El arma de las letras (Reino de Cordelia), un libro de ensayos de Manuel Azaña (presidente de la II República entre 1936 y 1939) que han sido recopilados recientemente por el escritor José Esteban. El acto tuvo como principal invitado al expresidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que presentó la obra junto al editor, Jesús Egido, y al propio autor, y que aprovechó la ocasión para homenajear la figura del político e intelectual republicano y para hablar de la memoria histórica.

El coloquio entre los tres estuvo salpicado de lecturas de diversos pasajes del libro, en las que el propio Zapatero observó "una pluma penetrante, una prosa singular y una ironía seca". "Es sencillamente un deleite leer a Azaña", prosiguió, antes de reivindicar su figura de literato casi olvidada y de subrayar su "talante" intelectual: "Un país que no conoce y reconoce su historia y a sus personalidades es un país que tiene una orfandad. Y que encuentra dificultades a la hora de ser una 'amalgama común', como decía el propio Azaña", exclamó en un momento determinado.

Hablando de política los tres ponentes resaltaron la importancia histórica del homenajeado, y comentaron algunas de sus ideas más adelantadas. "Para Azaña la política era uno de los estadios más elevados de la cultura. Es imposible separar sus dos facetas: la de político y la de intelectual"."Azaña creía más en la democracia que en la regeneración; porque consideraba que los regeneracionistas se centraban demasiado en los males de España, y él confiaba más en el porvenir", o "ante todo, Azaña era partidario de la inteligencia, de las ideas y de la abstracción; de la tolerancia, en fin", fueron algunas de las frases pronunciadas por el expresidente del gobierno, que concluyó su intervención recomendando "a todos los políticos leer La inteligencia y el carácter del poder político", del mismo autor.

Memoria histórica

"He estado recientemente en Elda", dijo Zapatero, solemne, durante el acto, "desde allí salieron los miembros del último gobierno republicano; y allí se conserva el bastón de mando de Azaña, un presidente del Gobierno. No hay muchos periodos democráticos antes del 78, y que ese bastón de mando no estuviese en una institución central me pareció una bonita metáfora", resaltó, dejando constancia de su presencia en la inauguración de la exposición permanente de la vara de mando del presidente republicano, que tuvo lugar la semana pasada en Alicante.

Así se inició un paréntesis que arrancó con la reivindicación histórica de Manuel Azaña y que prosiguió, de manera casi obligada, con el recurrente tema de la memoria histórica. "Tengo que recalcar que la ley que sacó mi gobierno no se llamó de memoria histórica", comenzó el expresidente. "Nosotros no la llamamos así porque sabíamos lo difícil que es construir una memoria colectiva".

"Todas las generaciones tenemos la percepción de que se borró nuestra historia. En el 78 fuimos a tientas, en un momento en el que todos los españoles decidieron dejar de mirar atrás para construir un futuro juntos", resaltó, antes de añadir: "No somos el único país con cicatrices. Existen ejemplos claros, como Alemania o Italia. Lo que pasa es que otros países han sabido superar sus épocas oscuras, y España no".

Antes de acabar, Zapatero hizo una llamada a "la parte del país más furibunda; los más incómodos con la memoria histórica. Es importante que se sumen poco a poco", porque "cuando se hace justicia nunca se hace revancha. Y nunca se desentierran, como dicen, viejos fantasmas".

Para acabar, los contertulios tuvieron palabras acerca de la posible repatriación de los restos de Azaña; algo que consideraron innecesario. "A Azaña hay que dejarlo donde está", dijo José Esteban, "donde murió, porque ese lugar forma parte de él también. Y eso representa la memoria histórica". Los tres utilizaron la figura del poeta Antonio Machado como símil: "Hay personajes españoles que no tienen un sitio concreto en nuestra geografía. Machado nació en Sevilla y vivió en Madrid; Soria fue muy importante para él; pero murió exiliado en Francia, y allí es donde mejor está". Azaña, por su parte, nació en Alcalá de Henares y murió en Montauban, donde fue enterrado, igualmente en territorio francés.

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