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El otro Blas Infante, dibujante, novillero, obrero, emigrante y andalucista sin fanatismos

Fervoroso autonomista andaluz, estaba lejos de todo fanatismo. Su lema era el heredado de su padre: “Andalucía por sí, por España y la Humanidad”

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Monumento a Infante | Wikipedia

Lo normal suele ser reseñar libros o tesis. No es frecuente lo que vamos a hacer: referirnos a un artículo de prensa con la sana intención de que sea más conocido por los lectores españoles. El que haya sido publicado en un diario digital de reciente aparición, Confidencial andaluz, permite suponer que su difusión tendrá límites que hay que superar porque lo merece.

Además se acerca, como cada mes de agosto (11-8-1936), el aniversario del absurdo fusilamiento del Blas Infante más conocido en los terrenos que hoy ocupa El Correo de Andalucía, grupo editor ahora caído en desgracia ante el PSOE de Susana Díaz por ser parte, acusatoria, del caso de las Minas de Aznalcóllar.

Su director, el veterano Pepe Fernández, que retransmitió radiofónicamente toda la transición española desde Andalucía y que aún sigue en la brecha contra, o por, tirios y troyanos, qué oficio éste, está de acuerdo en este propósito. Hay veces que los padres mienten, como escribió Jon Juaristi, que estudió también en Sevilla. Otras veces, los padres deliran. Otras, legan. La mayoría de las veces, los padres queremos y hacemos lo que podemos.

Luis Blas Infante García fue el tercer hijo del famoso notario Blas Infante, imaginador de una histórica nación andaluza filo islámica anterior a la reconquista e inspirador del movimiento político andalucista de complejos mimbres ideológicos que pueden ir desde el liberalismo al socialismo, pasando por atávicos agrarismos y nacionalismos independentistas, ahora en el candelero.

Considerado hoy, por conveniencias y manoseamientos políticos, "padre de la patria andaluza" por todos los partidos andaluces, no es de él de quien queremos escribir hoy, sino de este hijo nacido en 1931 que emigró como un obrero más a Holanda con otros españoles y allí rehízo su vida hasta la muerte sobrevenida en 1995, cuando tenía apenas 64 años. Estaba ya jubilado con su gato sentado en el regazo cuando su cerebro estalló. Vivía en la pequeña ciudad holandesa de Edam, a 22 kilómetros de Ámsterdam, entre quesos y ascensores embalados.

Aunque dos artículos de 1980 habían recordado su vida – los de los periodistas Alejandro Delmás Infante, su sobrino, y Antonio Ramos Espejo, uno en ABC y el otro en Triunfo, su muerte pasó sin pena ni gloria. Ya no era utilizable. Ni siquiera la grandiosa hemeroteca de ABC recogió su fallecimiento en Holanda en 1995.

Inteligente, lector de novelas de aventuras, dibujante meritorio a lápiz de toros y guardias civiles, estudiado en los mejores colegios de Sevilla y con un futuro indudable por delante, Blas Infante García, que lo de Luis no cuajó, se fue de su casa de Coria del Río el 8 de noviembre de 1963. Lo de dibujante, incluso de servilleta, lo mantuvo hasta el final.

Cuenta su sobrino en este artículo Blas Infante (hijo), el emigrante muerto en Holanda, que casi al final de su vida cuando era encargado en el Iberia Spaans Restaurant de Kadijksplein, Ámsterdam, Infante dibujaba con rapidez sobre las servilletas toros y toreros para sorpresa y regocijo de la clientela.

Lo de los toros venía de lejos. Contrariamente a su padre, que se admite comúnmente no era partidario de las corridas de toros, Blas Infante hijo estaba tan enamorado de la fiesta nacional que hizo el paseíllo como novillero en su juventud y había formado parte de la cuadrilla del rejoneador Rafael Peralta. Salvador Távora, otro antiguo torero, lo recordó como un toreador de arte y finura. Juntos, añadió, estoquearon a toros de Isaías y Tulio Vázquez, con ideítas de mala fama entre los matadores.

Naturalmente que era andalucista, pero más minuciosamente considerado era anarquista, no del anarquismo patibulario y terrorista que no fue nunca mayoritario en España, sino del libertarismo bonancible, utópico, que tenía a Santo Tomás Moro y su famosa "Utopía" como dirección espiritual de su existencia.

¿Por qué se fue? Un inquietante misterio. ¿Y dónde fue? Pues a Holanda, curiosamente, el país al que se exiliaron muchos anarcosindicalistas de la CNT y donde estaba su archivo. Interpreta su sobrino que sin trabajo sólido y en una comarca deprimida, Infante García se fue a Holanda como última solución, tras haberse apuntado en las oficinas del Instituto Nacional de Emigración (INE), en la sevillana Plaza de España. Llegó a con 230 pesetas del INE y un contrato para la fábrica holandesa de tractores Ford como ‘mecánico montador de tractores’.

Fue entonces cuando conoció las "criminales" pensiones de Ámsterdam. "Si te tocaba con más emigrantes, te daban una habitación con seis personas en literas. Y para ducharnos y eso, teníamos que ir a las duchas públicas… yo, cuando vine, terminaba en la Ford a las cinco de la tarde, luego me iba a fregar suelos hasta las diez y media de la noche, incluidos los sábados y domingos, que me iba a los hoteles también a fregar… Encontré pronto otro sitio cuando conocí a Mariana", Marianne Porte, luego su esposa holandesa.

Nada de simulaciones ni justificaciones. "Soy un emigrante, un obrero nada más, un andaluz, un trabajador más de los 25.000 españoles que estamos en Holanda, un trabajador que lucha, que tiene sus ideas y que piensa en Andalucía". Lo que no quería "era el despachito, el carguito de ‘enchufao’… sin ser yo mismo, sin valerme por mis méritos. Yo quería más libertad, que es lo más hermoso: desarrollarme por mí mismo".

Allí se quedó, probando tractores, fregando suelos y poniendo bobina de periódicos en los talleres. A finales de los años 60, ya con la presencia en su vida de Marianne Porte, pasó a vivir en la calle Dentexstraat 44 de Ámsterdam, la Sevilla del Norte. Dejó la mecánica y se dedicó como tantos españoles a la restauración, en calidad de encargado de las mesas del Restaurante Iberia, que era de españoles.

En esos años hasta su primera vuelta, nunca le faltó la presencia española bajo la forma de paisajes como los pólderes, tan parecidos a las marismas de Guadalquivir, y bajo la apariencia humana de Curro Vélez y su compañía flamenca, con Manuel Maera, Paco Taranto, Ricardo Miño, Loli Flores, La Pelúa… Iba a reuniones con Santiago Carrillo, con Rojas Marcos y con Felipe González. Pero siempre se sintió anarquista y amante de la libertad por encima de todo.

Ya comenzada la transición española consintió en formar parte de otro cartel, no taurino sino político, de la mano de Alejandro Rojas Marcos y muchos otros relevantes andaluces que creyeron que frente a los nacionalismos catalán y vasco, era necesario un nacionalismo andaluz capaz de reequilibrar la nación común española. En ese cartel a favor del Partido Socialista de Andalucía estaban Antonio Burgos, Carlos Cano, Patricio Peñalver y otros muchos poetas, catedráticos, cantaores y escritores. Entre ellos, figuraba el nombre de Luis Blas Infante García.

En esa vuelta política al ruedo ibérico, a Sevilla, dijo cosas bien interesantes en las entrevistas ya mencionadas. En la que le hizo su sobrino Alejandro Delmás, dice enigmáticamente lo que sigue: "Andalucía vale demasiado para morir", frase que, dicha por el hijo de alguien fusilado en 1936, tiene profusas interpretaciones. Y se consideraba a sí mismo como "un emigrante, un obrero…Una persona que no intenta dejar legado alguno. Que cuando muera pueda decirse que nunca le hizo daño a nadie", salvo a sí mismo, como tantos otros.

Como los viejos libertarios andaluces que idearon una sociedad libremente formada por grupos y comunidades asociadas entre sí, sin mayor necesidad de política, pero sin miopías. Corregía que "el autogobierno total sería lo ideal pero es una utopía. Tal vez soy un ácrata, pero con fundamento: la política necesita mucha burocracia y la burocracia cuesta mucho dinero y crea puestos de trabajo que son improductivos… ¿A quién le suben los precios? Al trabajador. Y todos los chorizos oficiales, ilegales desde mi punto de vista… a vivir del cuento: esos no prescinden nunca de sus ‘Mercedes’.

Tampoco se sentía monárquico. "¿Por qué una persona tal, porque venga de una dinastía, esos palacios, esos sueldos… y la gente, que no puede tirar con lo que tiene, y con tanto paro… es una canallada que la gente tenga que estar así. El obrero tiene que pensar por encima de todo que es obrero. Pero, las cosas de la vida… el ser andaluz se lleva en la sangre, en ‘tós’ nuestros pueblos…"

Blas Infante hijo, fervoroso autonomista andaluz, estaba lejos de todo fanatismo. Su lema era el heredado de su padre: "Andalucía por sí, por España y la Humanidad", tan diferente a las expresiones racistas de Kim Torras y tan distante de los asesinos de ETA. Nazareno de la Macarena por insistencia de su madre cuando era joven, reconocía que tenía tela que en su basílica, como si fuera un Escorial, estuviera enterrado Queipo de Llano, el "último virrey de Andalucía".

Pero no quiso vivir ni del odio ni con odio. Luis Blas Infante García era un hombre sencillo, idealista como su padre, pero que creía en menos cosas. Sobre todas ellas, un futuro para una Andalucía libre en una España común. Su sobrino, Alejandro Delmás Infante, debería tomarse como tarea muy seria escribir un libro sobre este hombre que amó la libertad hasta el final.

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