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80 años de fundación de la ONCE

Aunque competía con la Lotería Nacional, el Gobierno franquista aprobó la propuesta. El primer sorteo se celebró el 8 de mayo de 1939.

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Cupón 80 aniversario | ONCE

El 13 de diciembre la Iglesia católica y la ortodoxa celebran la fiesta Santa Lucía de Siracusa, una joven del siglo III atormentada por negarse a renunciar a su fe cristiana. Parte de los tormentos consistió en la enucleación de los ojos, por lo que se le considera patrona de los ciegos y abogada para los problemas de la vista.

Este día de 1938, el general Franco firmó un decreto en Burgos, publicado en el BOE el 16, en el que se fundaba la Organización Nacional de Ciegos. El proyecto había sido propuesto por el ministro del Interior, Ramón Serrano Suñer, y aprobado por el Consejo de Ministros. Comenzó así a funcionar un organismo, la ONCE (en 1952, se añadió la palabra Españoles al nombre oficial), que desde entonces se encarga de la atención y promoción de los invidentes, a los que a finales del siglo pasado se añadieron personas con otras minusvalías.

Desamparados en el siglo XIX

Desde muy antiguo, los ciegos recibieron la atención de la sociedad. Una ordenanza de Zaragoza de 1537 le reconoció a la hermandad de ciegos el monopolio de recitar o cantar canciones en domicilios, que incluía la capacidad sancionadora de los intrusos, salvo miembros del clero. En Madrid, las ordenanzas de 1614 otorgaron a la cofradía de ciegos los monopolios de la venta de almanaques, gacetas, diarios y demás publicaciones y el de ejercicio público de la música.

En el reinado de Carlos IV, se inició el desmantelamiento del sistema de privilegios que tenían estas personas. Entrado el siglo XIX, se suprimieron hasta las cofradías que amparaban a los ciegos, lo que, junto con las desamortizaciones que despojaron de bienes a la Iglesia y las órdenes religiosas, condenaron a los ciegos a practicar la mendicidad y depender de la beneficencia pública o privada. Incluso, algunas autoridades pretendieron internarles obligatoriamente en asilos.

En 1863, Tomás Aznar, ciego desde 1857, abrió en Alicante el primer colegio dedicado a los ciegos en España. Unos años después, la Diputación Provincial decidió mantenerlo a la vista de su éxito.

En el siglo XX se extendió lentamente el concepto de tratar a estas personas como iguales a los demás ciudadanos, no como incapaces o tarados. Un real decreto de enero de 1910 instituyó el primer Patronato Nacional de Ciegos, Sordomudos y Anormales de la Mente, del que se nombró presidente al ministro de Instrucción Pública, Antonio Barroso Castillo. Se calculaba que entonces en España había 25.000 ciegos y 15.000 mudos.

En marzo de 1928, durante la Dictadura de Primo de Rivera, otro real decreto, fundó el Patronato Nacional de las Residencias de Ciegos, que incluían escuelas especiales. En enero de 1931, apareció el Patronato Nacional de Protección de Ciegos. También surgió la Federación Hispánica de Ciegos como asociación particular para estas personas.

Un cupón especial

En abril de 1934, un nuevo decreto creó el Patronato Nacional de Cultura de los Deficientes, que abarcaba a todos los discapacitados. En noviembre de 1935, una orden ministerial permitió a las entidades benéficas para la protección de los ciegos la venta de participaciones de la Lotería Nacional. El 21 de febrero de 1936, la Federación Hispánica presentó al Gobierno un proyecto en el que proponía la aprobación de un cupón pro-ciegos a nivel nacional.

La guerra civil no detuvo los trabajos de los ciegos para conseguir su autonomía económica y legal. Varios de ellos, en Sevilla y Burgos, unieron fuerzas para persuadir al Gobierno del naciente régimen franquista de que les concediese un nuevo estatus. Tanto el ministro Serrano Suñer como Javier Martínez de Bedoya, director general de Beneficencia, aceptaron sus propuestas.

Éste declaró años más tarde que el decreto de 1938 partía del supuesto de que los invidentes no son inválidos ni mutilados, sino tan personas como los videntes.

El decreto de 1938 disolvía en la zona nacional el Patronato Nacional de Protección de Ciegos y traspasaba sus bienes, mobiliarios e inmobiliarios, a la ONC. En un signo de la época autoritaria naciente, obligaba a todos los ciegos a afiliarse a la ONC, al igual que a todas las entidades relacionadas con ellos. Además, el decreto instauraba un Consejo Nacional de Ciegos y delegaciones provinciales y locales.

La Federación Bética de Ciegos, que agrupaba a las personas de Andalucía y Extremadura, ya vendía un cupón con tanto éxito que los vendedores ganaban entre 10 y 12 pesetas diarias, entonces un ingreso superior al sueldo medio. Los dirigentes de esta asociación, Javier Gutiérrez de Tovar y Juan Belmar Martínez, convencieron a sus compañeros y luego al Gobierno de que no se trataba de una forma de mendicidad callejera, sino de la mejor manera de obtener fondos para los invidentes y de concederles independencia económica.

Y aunque competía con la Lotería Nacional, el Gobierno franquista aprobó la propuesta. El primer sorteo se celebró el 8 de mayo de 1939 y en el Reglamento del 28 de octubre de 1939, que desarrolló el decreto de 1938, apareció el cupón pro-ciegos. Sin embargo, el primer sorteo de ámbito nacional tardó mucho en llegar, el 2 de enero de 1984, después de las primeras elecciones democráticas entre los miembros de la ONCE, celebradas en 1982.

80 años después de su creación, la ONCE es un emporio empresarial y educativo, que dispone no sólo en escuelas, sino de hoteles, clínicas de fisioterapia, empresas de limpieza, corredurías de seguros…

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