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Agapito Maestre

El Foro Liberal

Es imposible escribir un manifiesto liberal sin enfrentarse a su contrario bárbaro: el totalitarismo.

Agapito Maestre
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La Asociación Estudios de Axiología, presidida por José María Méndez, me ha encargado la redacción de un manifiesto para las jornadas liberales que esta institución organiza todos los años, durante el mes de octubre, en el Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid, con el ánimo de reivindicar y, sobre todo, aclarar algunos de los valores que sustentan el liberalismo de nuestra época. Agradezco el honor que se me concede y acepto el encargo con humildad. Trato de seguir la estela de quienes me precedieron en tan noble y comprometida tarea para hacerme merecedor de tan alta encomienda. Entre todos los manifiestos que esta axiológica asociación ha publicado, recuerdo con envidia intelectual el escrito por Méndez, cuya original lectura sobre la desigualdad creada por las leyes de la oferta y la demanda no sólo es justa, sino que también constituye una de las bases de la axiología liberal de todos los tiempos; con absoluto entusiasmo releo el escrito por mi querido Manuel Llamas sobre los logros y retos del liberalismo contemporáneo desde la caída del Muro de Berlín en 1989 hasta hoy; imprescindible es la lectura del escrito por Natalia K. Denisova acerca de las bases hispánicas del liberalismo de todos los tiempos; y, en fin, notable es el manifiesto de 2018, cuyo autor, Ricardo Ruiz de la Serna, centró sus preocupaciones intelectuales en mostrarnos que el liberalismo es una doctrina que jamás justificará cualquier medio, por loable que sea el fin.

Diversos son los valores, estilos e ideas que se han reivindicado, discutido y aclarado en anteriores foros liberales, mas nunca creo que fuera tratado de modo directo el sustento clave del liberalismo. En efecto, si un manifiesto no es otra cosa que un texto breve dirigido a la opinión pública para exponer o defender un programa de acción considerado novedoso con respecto a lo establecido anteriormente, el mío aspira a ser una forma representativa del parecer y sentir de la Asociación Estudios de Axiología sobre la política en el devenir de la ideas liberales. Quisiera ser, en verdad, una destilación axiológica de la política, del significado de la política, para el liberalismo de nuestra época, que comparte, seguramente, con el de tiempos pasados algo más que tradición, capacidad de inventiva, imaginación y creación para que los hombres no resuelvan sus problemas por la violencia sino por la palabra. Lo novedoso, si es que así pudiera considerarse este texto, es que no puede hablarse de novedad en la concepción política del liberalismo contemporáneo que no esté arraigado en el liberalismo político clásico.

La pregunta que trata de responder este manifiesto es sencilla de formular: ¿qué es la política para el liberalismo? La respuesta tampoco hay que buscarla en el cielo estrellado de las abstracciones que ponen en cuestión las realidades más elementales de la vida cotidiana, sino en la historia de la civilización, o mejor, en las acciones concretas que los hombres han llevado a cabo para convivir sin matarse en el mundo moderno. La política es para empezar y para terminar lo contrario de la violencia. De la revolución. ¿A quién podemos clasificar como liberal? A quien defienda que la política es toda acción, pensamiento o institución que nos permite convivir con nuestros adversarios. Salvo la democracia liberal, también llamada democracia parlamentaria, no existe otro régimen político que haya logrado en la historia de la humanidad la convivencia con el enemigo. La política no es, por lo tanto, la dialéctica amigo-enemigo, como nos ha hecho creer el decisionismo político, sino la posibilidad de construir espacios de convivencia con nuestro enemigo político. He ahí la esencia del liberalismo. La convivencia con el adversario y hasta con el enemigo es el fundamento, la clave política, tanto del espíritu como del credo liberal. Por fortuna, esta posición hoy la defienden con peor o mejor fortuna no sólo los partidos liberales propiamente dichos, sino también los partidos democristianos, socialdemócratas, conservadores y libertarios.

No busquemos, pues, fantasmas y enemigos donde no los hay. Las grandes agrupaciones políticas, que conforman voluntaria y decididamente el Estado de Derecho, que prevalece entre las naciones democráticas, defienden la vía política frente a las revolucionarias y violentas. No negaremos que las diferencias de esos grupos políticos son significativas, sobre todo si atendemos a la prioridad que conceden cada uno de sus miembros a los valores de la libertad y la igualdad y, naturalmente, a las medidas fiscales que pudieran derivarse de esas prioridades. Sin embargo, esas diferencias son relativizadas si atendemos a los tres grandes ámbitos que comparten esas tendencias liberales: primero, la defensa del mercado y la libre empresa como piezas clave para el cultivo y la creación de riquezas; la libertad de comercio es esencial para hablar de sociedades libres y democráticas; en segundo lugar, todos esos partidos aceptan la democracia representativa, basada en una Constitución que salvaguarda los inalienables derechos humanos y estipula claramente la separación de poderes; y, tercero, ninguno de esos partidos políticos pone en cuestión la idea de la democracia como un método para cambiar periódicamente a los representantes políticos mediante elecciones libres y plurales.

El enemigo, pues, del liberalismo habrá que buscarlo no entre las corrientes que defienden el Estado de Derecho, sino entre aquellas ideologías que cuestionan al sistema político de la democracia liberal. Comunistas, fascistas, nacionalistas, populistas y, en fin, todas aquellas tendencias políticas que tienden a ocupar el entero espacio público-político y el privado, que pudiéramos clasificarlas bajo la palabra totalitarismo, son las enemigas de la democracia. En fin, es imposible escribir un manifiesto liberal sin enfrentarse a su contrario bárbaro: el totalitarismo. En pocas palabras, la democracia es liberal o no es. Por ahí, por la crítica al totalitarismo de nuestra época, girará el Foro Liberal de 2019.

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