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Pedro Ruiz: "El planeta está narcotizado; estamos viviendo la dictadura digital"

El polifacético showman conversa con LD a propósito de la representación, en el Teatro Marquina de Madrid, de su obra Loc@s.

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El polifacético showman conversa con LD a propósito de la representación, en el Teatro Marquina de Madrid, de su obra Loc@s.
Pedro Ruíz, posando durante su entrevista con Libertad Digital. | C.Jordá

Pedro Ruiz (Barcelona, 1947) representará en el Teatro Marquina de Madrid, del 21 de enero al 27 de febrero, su último espectáculo: Loc@s. Reír nos cura. Escrita y dirigida por él mismo, la obra es una "propuesta de humor" que tiene la vocación de divertir "sin que esté prohibido pensar" y en la que el actor, showman, presentador –detesta que le tilden de periodista–, cantante, compositor y escritor, acompañado de la pianista Joanna González, interpreta a una veintena de personajes para componer un "paisaje de excesos, histerias o inconsciencias que nos retratan a todos".

La representación de Loc@s sirve a LD de excusa para conversar con un tipo que escribe poesía a diario, que añora la fraternidad que se vivió durante la Transición, que rechaza la telebasura y que reivindica la risa para curarnos de las telarañas.

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Ruíz, sentado sobre el escenario del Teatro Marquina. | C.Jordá

P: Antes de nada, señor Ruiz, ¿cómo está ahora su piscina?

R: Helada. Es un bloque de hielo. Y aunque le diga piropos, no se licúa (risas).

P: Filomena le ha quitado el chapuzón suyo de cada día. ¿Lo lleva bien?

R: Pues lo echo de menos, porque te despeja del todo. Hombre, es un minuto: me tiro y salgo. Pero lo echo de menos porque se te quita cualquier tipo de puñeta que lleves encima. O resucitas, o te quedas dentro.

P: ¿Sigue escribiendo poesía a diario?

R: Sí. Y compongo casi cada día.

P: ¿Qué le inspira?

R: Cualquier cosa que me pasa por la cabeza, algo que diga alguien en la tele, algún gesto, algún recuerdo, alguna foto… Yo voy al cine casi cada día. Cuando no estoy trabajando, procuro ver una película al día. Esto ocurre cuatro veces en semana, casi siempre. Entonces, un protagonista dice algo y tomo una nota en el móvil, y a lo mejor escribo algún pareado, alguna pequeña metáfora, algún detalle.

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Pedro Ruíz, en un momento de la entrevista | C.Jordá

P: ¿Y qué le roba la inspiración?

R: La preocupación. Cuando tengo algún amigo enfermo, algún familiar, ese tipo de cosas. La inspiración también es un refugio: cuando estás desanimado, cuando tienes un mal momento, que lo tenemos todos, como es natural, el hecho de escalar hasta la obligación de que se te ocurra algo también te permite hacer zapping del problema que tenías.

P: Hace unos días, el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, comparó a Carles Puigdemont con los exiliados republicanos. ¿De verdad se puede equiparar al expresidente catalán con, por ejemplo, Antonio Machado?

R: Al principio del espectáculo del jueves (la entrevista se hizo el martes), cuando vengan los invitados, verán un rótulo en la pantalla que dice: "Todos tenemos cosas en común". Y debajo, pone: "Y cada cual, su propia locura". O sea, desde la, entre comillas, "locura" del vicepresidente, se puede encontrar cualquier punto en común. He procurado que el jueves, aquí, haya gente de todos los partidos a título personal. Y, si no desmiente, vendrá Monedero, y vendrá Fátima Báñez, y Garzón, y Marcos de Quinto, y mucha gente de muchos sitios. He invitado también a Errejón, aunque no he podido contactar con él. Quiero recuperar el estilo de la Transición, el de todos juntos sin nadie preguntándose "por qué estamos aquí". Hemos venido a ver cómo toca el violín Pepito. No quiero saber si es palestino, árabe, judío, gay, hetero, rico, pobre, de izquierdas o de derechas. Echo de menos que, antes, íbamos todos a ver a todos. Llamaba Carrillo e íbamos a la conferencia de Carrillo, y llamaba Fraga, e íbamos. Y tenías que presentar un libro de una persona de derechas o de izquierdas y no te preguntabas por qué. Ibas a ver a Forges, a Peridis, y estabas con todo el mundo, todo el tiempo, sin juzgar de antemano. Impedíamos que el prejuicio se comiera la capacidad, y eso lo hemos perdido.

P: En este ecosistema tan feo, tan fosa séptica, tan antipático, ¿los teatros son oasis?

R: Es muy antipático, sí. Por lo menos, el teatro es lo menos imprevisible que hay: ocurre lo que se anuncia. Yo te anuncio un espectáculo, Emilio Gutiérrez Caba dice que va a hacer no sé qué, Los Morancos, Javier Gutiérrez, etcétera, y ese "no sé qué" se produce, dura hora y media/hora y cuarenta, y has venido a ver lo que estaba previsto; en la calle, no sabemos qué va a pasar. Oyes la radio y, de repente, hay un corte informativo porque ha ocurrido no sé sabe qué. Estamos muy desazonados. Creo que esto de la hiperinformación es una manera de hacer que el individuo esté inestable. Cuesta más mantener el criterio. Y volviendo a Pablo Iglesias: si dice lo que dice, tiene derecho. Como sabes, no he votado en mi vida. No me votaría ni a mí. A partir de ahí…

P: Su última obra se llama Loc@s. Reír nos cura. ¿De qué nos cura la risa?

R: De las telarañas. Primero, de tomarnos muy en serio, que eso es muy grave. Algunas veces yo lo he hecho, y lo lamento. Te encierra en una cápsula de autismo grave. Tomarse en serio también el mundo, salvo la enfermedad de tu hijo, de tu madre o lo que fuere, tampoco tiene mucho sentido: evidentemente, también está la carestía, la pobreza, la justicia social, bla, bla, bla, pero los papeles que representamos son casi todos ridículos. En una peli estupenda que vi hace un tiempo, que se llama Nuestro último verano en Escocia, un abuelo está hablando con su nieta y le dice: "No te preocupes, hija mía. A nuestra manera, todos somos ridículos". Y todos lo somos. Yo el primero. Y cuando nos tomamos demasiado en serio, es tu sombra la que se ríe de ti. O sea, esto es un tránsito sobre un planeta que estamos okupando con k, y además estamos todo el día discutiendo por el largo de la falda, por el equipo de fútbol, por la guitarra, por lo que dijo Pepe… ¡Si es que nada es para tanto!

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Un momento de la entrevista | C.Jordá

P: Homenajea a, entre otros, Fernando Fernán Gómez, Luis Escobar o José Luis López Vázquez. ¿Los utiliza para decir alguna cosa que usted no diría?

R: Sí, porque si las dijera yo, tendría menos autoridad. Es sorprendente, cuando hago ese pequeño tributo a Fernán Gómez, el enorme respeto que produce el nombre de Fernán Gómez, al que tuve la suerte de conocer y trabajar con él. Cualquier cosa que pongas en su boca, siempre que no sea inadecuada, evidentemente, pasa por ser una reflexión de él. Yo hago un discurso sobre la pobreza y sobre cómo hacerse rico con malas artes, extorsionando, etcétera, y en su voz, con esa voz grave que tenía y tiene, porque sigue estando en las películas, cobra una importancia que en la mía no tendría de ninguna forma. Eso también ocurre con López Vázquez. Son pequeños tributos, pequeños recuerdos. Yo soy muy agradecido, y quiero recordar a la gente que me ha enseñado cosas. Al final del espectáculo, después de hacer otros quince tipos que no tienen nada que ver con nadie conocido, hago también un pequeño homenaje a Xavier Cugat. Cugat era un director de orquesta catalán, triunfó en EEUU, en Hollywood. Tenía una brillantez enorme y una cordialidad extraordinaria. Y recuerdo que un día, cenando con él en Ibiza… Yo inauguré el Casino de Ibiza. Hubo tres actuaciones: primero actuó Marisol, luego El Dúo Dinámico y, el tercer día, actué yo. Cuando acabamos, fui a cenar con Xavier Cugat. Fuimos a un sitio de Ibiza que se llama Can Pau, y me dijo Xavier: "Pedro, no entiendo este país. Yo estaba en EEUU ganando mucho dinero, y me hacen venir aquí para montar una orquesta. ¡Hace siete años que estoy aquí y no me han montado la orquesta! ¡Yo trabajaba en Las Vegas con la mafia, y me pagaban todos los meses! ¿Me quieres decir quién es la mafia?". Ahí queda la pregunta. Entonces, me gusta recordar a gente que ya no está, porque sigue estando. Si llevas cosas que te enseñó este, aquel, la otra o el otro, eres un poco parte de ellos. O ellos son parte de ti.

P: Y también aparece un "rey emérito" que va a La isla de las tentaciones.

R: El espectáculo no tiene ningún ánimo de dañar. Lo que planteo al principio es: "Nos vamos a divertir, no a atacar a nadie". Lo del rey emérito es una cosa que está en boca de todo el mundo y, si no lo hiciere, aunque no me apeteciera mucho hacerlo, dirían que no me atrevo. Y es una pirueta divertida de lo que ocurriría con el emérito en La isla de las tentaciones. Donde se cae, por cierto, con mucha facilidad.

P: La isla de las tentaciones, y quien dice La isla de las tentaciones, dice todos sus primos hermanos audiovisuales, ¿son el opio del pueblo?

R: (Piensa) Cuando se baja el nivel de la comunicación entrando en barrizales, creo que se está brindando un flaco servicio a la sociedad. Soy muy combativo con ese tema. No intento tener razón, porque no quiero tener razón, pero creo que una sociedad con malos ejemplos no puede tener buenas realidades, y abocar a la gente al abrevadero permanente de la descalificación y del juicio de los demás no creo que enseñe mucho. En todo caso, Vasile, con el que tengo una buena relación de mensajes de vez en cuando, es un cínico. Y no lo digo como acusación: es un cínico que dice: "Ah, Pedro, yo tengo el circo; lo que digan los monos, a mí no me interesa". Ese es un estilo que yo no comparto, que entiendo, pero a medida que muchas personas, por no perder el sueldo, van recibiendo más órdenes, el nivel va bajando. La mayor dictadura es el hambre, y cuando la gente se queda sin sueldo empieza a pensar si hace o no hace. La dignidad es muy cara. No digo que yo sea digno: digo que la dignidad es muy cara. A veces, significa la soledad.

P: En El Rey de la basura, uno de sus personajes afirma: "La tele con sangre entra". Tengo la sensación de que, en realidad, más que con sangre, entra con vaselina.

R: Sí, ahora se ha naturalizado. Como dice mi amigo Eloy Arenas, se ha institucionalizado la bellaquería. Es normal. Ahora, ese tono es el habitual, cuando antes no lo era. Celebro que cites eso porque estamos trabajando para hacer una serie sobre el tema. Hemos hablado con alguna plataforma. Pero eso no es una crítica ad hominem. Es el estilo de vida que ocurre aquí, que ocurre en Ecuador, que ocurre en Argentina…

P: ¿Es el sistema?

R: Eso es. "Nah, si es la televisión, tampoco es para tanto". ¿Cómo que no? Estás insultando a una persona, se llame Pepe o Manolita, que tiene hijos, y que tiene padre, y que va por la calle y que tiene nervios y sensaciones. No puede ser ese tu negocio. "Bah, no pasa nada". Sí que pasa. A ti no, pero al que le pasa, le pasa.

P: ¿España está narcotizada?

R: El planeta está narcotizado. Estamos viviendo, y no quiero que nadie esté de acuerdo conmigo, la dictadura digital. Tengo un móvil que no tiene WhatsApp. No he encendido nunca un ordenador. No por una razón de modernidad o antigüedad: es que no me gustan las máquinas. Ahora, el personal lleva un aparato en la mano que es un chivato de su vida. La libertad consiste en que no sepan nada de ti, no en que lo sepan todo.

P: Nuestro amigo José Mota, una vez, me dijo con mucha razón que "Orwell se quedó corto".

R: José viene pasado mañana. Nosotros somos nuestros dictadores, nuestros mercaderes y nuestras putas. Aquí estamos: "Le regalo mis datos y ahora quiero ser libre". ¡Pero hombre, eso es una contradicción! ¿Qué me dice? ¡Cállese! Nadie te ha condenado nunca por un silencio. Sin embargo, el blablablá de justificarse se vuelve contra ti. Nos estamos autoviolando todo el día.

P: Y un pueblo aborregado es más fácil de tiranizar.

R: Sin duda. La llamada telebasura… Yo hago aquí una pequeña parodia no de Vasile, sino de alguien como él. Sale Berlusconi en la pantalla tapándose los ojos y tal. Yo creo que la telebasura consiste en hablar de lo mejor de los peores y de lo peor de los mejores. Ejemplo: Pavarotti, un gran tenor. "Sí, pero tacaño", por ejemplo. "Pepito, un bandido, pero simpático". Ya los tenemos igualados. Entonces, cuando se iguala todo por el rasero de abajo, algo se está haciendo mal. No voy a hacer un discurso maravilloso sobre el mérito, pero el mérito tiene importancia en la vida. Si no hay mérito, no hay referentes, y que el mérito sea el no-mérito, es un mal asunto.

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Un momento de la entrevista en el patio de butacas del Marquina | C.Jordá

P: Leo en su cuenta de Twitter: "17 países en uno, dos gobiernos en uno, un emérito y un rey, unos expertos médicos y un ministro en dos frentes, una tele de todos con una administradora única, un Consejo del Poder Judicial y dos embestidas… ¿Cómo se ha ido cocinando este indigesto gazpacho?". Permítame trasladarle esa misma pregunta.

R: A base de dejación, de "no pasa nada, no pasa nada, no pasa nada" y, cuando se dice tantas veces "no pasa nada", ha pasado todo. Y a base de decir "todo vale". Y del "todo vale" llegamos al "nada vale". Estamos en el punto de "ha pasado todo" y "nada vale". ¿Y ahora cómo seguimos? ¿Cómo miramos hacia algún sitio del que fiarse? Lo digo con todo el respeto, van a venir políticos este jueves, pero ¿hay algún referente que sea un poquito incuestionable en nuestra vida diaria? Pues quedan algunos intelectuales, pero hablan poco y salen poco en los sitios. No se puede estar propiciando permanentemente la bellaquería. Hay gente que, cuando desaparece, te falta. Te falta José Luis Sampedro y mucha gente que falta. La democracia se resume en una sola palabra: honradez.

P: Pues estamos aviaos, señor Ruiz.

R: Si eres honrado, no tienes que añadir que eres demócrata. Honradez es democracia. Sin embargo, si no eres honrado, no eres demócrata.

P: Para finalizar, ¿cree que 2021 será mejor año que 2020?

R: No sé. En todo caso, habrá que afrontarlo. Tenemos que rearmarnos de optimismo y reírnos un poco de lo que hay alrededor porque, si no lo hacemos nosotros, no lo hará nadie. A veces digo, y no me quiero poner en modo pánico, que el planeta fue un éxito y la Humanidad somos un fracaso. Intentemos corregir eso, examinémonos en septiembre otra vez. El speech final del jueves lo utilizaré para agradecer a la gente que venga, por ser gente tan distinta: de intelecto, de actividades y de partidos políticos… Quiero recuperar eso que te decía antes: en la Transición ibas a ver a Carrillo y a Fraga; ahora, vas a ver a los tuyos. No hombre, no: ¡si todos somos todos! ¡Vengo a ver al violinista! ¡No me interesa si es de izquierdas o de derechas! Si no recuperamos eso, esto irá mal: alguien ha metido el odio en el microondas, y se está tirando del mantel, y el mantel, que es la convivencia, se romperá.

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