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Pedro Fernández Barbadillo

Científicos españoles 'cancelados' por el PSOE

En la España de Pedro Sánchez, Carmen Calvo y Antonio Maestre tener una colección de tebeos del Guerrero del Antifaz ya te convierte en franquista.

Pedro Fernández Barbadillo
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Reconozco que le tengo tirria a ese tipo humano tan abundante en las huestes del centro-derecha-liberal-progresista-moderado-europeo que ante cualquier comentario sobre una de las estupideces o canalladas del Gobierno ‘de progreso’ replica con un "No exageres". La verdad, prefiero el ‘comando tarta’ del Ministerio de Igualdad, porque al menos no engaña ni disimula. Para el moderado nunca pasa nada que le estropee la digestión ni en el ascenso en su carrera funcionarial. Lo importante, piensa con esa mentalidad de buey que comparte con Mariano Rajoy ("¡cómo le echo de menos!"), es la economía.

El ministerio de Ciencia que dirige Pedro Duque ha suprimido los nombres de los Premios Nacionales de Investigación para dejarlos mondos y lirondos. Y la verdad, yo me alegro. Porque con este tipo de escándalos los bueyes ven que se les acerca la cuchilla del sacrificio. No sé si sus grasas ya les permitirán moverse, pero al menos sabrán lo que les espera.

Juan de la Cierva, imprescindible para Franco

Los guillotinados son Blas Cabrera (Ciencias Físicas, de los Materiales y de la Tierra), Enrique Moles (Química), el marino Alejandro Malaspina (Recursos Naturales), Julio Rey Pastor (Matemáticas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones), Juan de la Cierva (Tecnología), Gregorio Marañón (Medicina), Santiago Ramón y Cajal (Biología), Leonardo Torres Quevedo (Ingeniería), Pascual Madoz (Derecho y Ciencias Económicas y Sociales) y Ramón Menéndez Pidal (Humanidades).

¿Qué habrán hecho para merecer semejante trato?

En la España de Pedro Sánchez, Carmen Calvo y Antonio Maestre tener una colección de tebeos del Guerrero del Antifaz ya te convierte en franquista. Y un franquista merece la condena pública eterna, aunque el terrorista Arnaldo Otegui es un ‘hombre de paz’.

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Juan de la Cierva explicando el autogiro en Hamworth el 27 de abril de 1933

Por eso, el ingeniero Juan de la Cierva, inventor del autogiro, no dará jamás nombre al aeropuerto de su tierra murciana, aunque la NASA le elogie, pero ¡qué sabrán los yanquis! El Ministerio de Transportes pidió un informe al historiador Ángel Viñas, que ha hecho el ridículo con su insistencia en que el general Amado Balmes, muerto al manipular unas pistolas en Las Palmas el 16 de julio de 1936, fue en realidad asesinado por orden del general Franco para que éste pudiera trasladarse desde Santa Cruz de Tenerife a la otra ciudad canaria y allí subirse al ‘Dragon Rapide’ para trasladarse a Marruecos.

Según la reseña de La Verdad (5-6-2021), Viñas afirma que De la Cierva, fallecido en diciembre de 1936 en un accidente aéreo en Inglaterra, intervino en "la preparación del intento de golpe de Estado", porque (como ya se sabía) colaboró en la contratación del avión ‘Dragon Rapide’. Si aplicamos esta línea de pensamiento, ¿qué hemos de hacer con las estatuas y calles de homenaje al socialista Indalecio Prieto, quien fue detenido en septiembre de 1934 en una playa asturiana trayendo armas para que sus camaradas mataran españoles al mes siguiente?

De la Cierva queda, por tanto, sometido a la ‘damnatio memoriae’ de la ‘memoria histórica’. Pasemos a los siguientes.

Un matemático reconocido en la Luna, no en España

El médico Santiago Ramón y Cajal murió en 1934, con 82 años, por lo que no tuvo tiempo de implicarse en el Alzamiento, pero cumplió su servicio militar como oficial médico en la isla de Cuba durante la guerra de los Diez Años. O sea, militar y colonialista.

El médico Gregorio Marañón y el filólogo Ramón Menéndez Pidal apoyaron a los nacionales (los fascistas, según Viñas), tal como recoge Jesús Laínz en su libro La gran venganza. En el caso de Marañón, de manera entusiasta. Ambos regresaron a España en los años 40.

El ingeniero Leonardo Torres Quevedo murió en diciembre de 1936, pocos días después de De la Cierva, pero en Madrid y con 84 años. ¡Ni siquiera por una bomba de un avión alemán! Por lo menos tampoco le mataron en una cheka, lo que exigiría incluso desmontar sus monumentos. Uno de sus más conocidos inventos es el ‘Spanish Aerocar’ que se usa en las cataratas del Niágara.

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Alessandro Malaspina (1754-1810)

El matemático logroñés Julio Rey Pastor vivía desde los años 20 en Buenos Aires, en cuya facultad era uno de los profesores más reconocidos. No tuvo arte ni parte en la rebelión ni en la guerra, pero no escapa a la ‘mancha’ franquista, pues ingresó en 1954 en la Real Academia Española, persuadió a varios exiliados para que regresasen a España y aceptó la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio. ¡Mala suerte! Rey es más reconocido en la Luna, donde un cráter lleva su nombre, que en España.

El marino y científico Alessandro Malaspina fue represaliado por Godoy debido a sus "ideas sediciosas" (hoy estamos igual), pero le condena que fuera oficial de una Armada imperialista, donde no se daba igualdad de oportunidades a las mujeres, se castigaba la homosexualidad y se apuntaló el oscurantista Imperio español.

En mi opinión, el navarro progresista Pascual Madoz no debería haber dado nombre a nada. Ejecutó en 1855 la segunda desamortización del siglo XIX, que hundió en la miseria a millones de españoles. Desprovistos miles de Ayuntamientos de recursos (tasas por el aprovechamiento de pastos, arrendamientos, sacas de árboles, etc), éstos no pudieron pagar ni al maestro, ni al médico ni a su personal. Además, Madoz fue uno de los corruptos que se enriqueció con el latrocinio, pues fundó la aseguradora La Peninsular, que invirtió parte de su capital en fincas desamortizadas. Como a veces hay justicia en este mundo, Madoz se arruinó.

Dos víctimas del franquismo

El físico Blas Cabrera y el químico Enrique Moles, en cambio, fueron víctimas del franquismo. Pero este hecho que tantas carreras y fortunas ha creado a ellos no les sirve ni de escudo.

Cabrera acompañó a Albert Einstein cuando visitó España en 1923. Ingresó en 1928 en la Academia de Ciencias francesas, donde había otros dos españoles: Torres Quevedo como asociado y Ramón y Cajal como correspondiente. Al año siguiente, sustituyó a Torres Quevedo en el comité supervisor de la Oficina Internacional de Pesos y Medidas de París.

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Einstein en España junto a Alfonso XIII en la Academia de las Ciencias de Madrid (1923)

El Gobierno de centro-derecha le nombró rector de la Universidad Internacional de Verano, de Santander. Allí le sorprendió de la guerra. Cabrera apoyó al Gobierno del Frente Popular. Varios estudiantes de su Universidad fueron detenidos por los rojos y encarcelados en el buque prisión Alfonso Pérez. Seis de éstos cayeron asesinados por la chusma después de un bombardeo de la ciudad. Antes incluso de acabar la guerra, el régimen de la España nacional le expulsó de la Universidad en febrero de 1939 y trató de que también le expulsara la Oficina de Pesos y Medidas. Cabrera prefirió dimitir, marchó a México y allí murió en 1945.

Enrique Moles fue un químico de prestigio mundial y, además, amigo de Cabrera. Obtuvo cuatro doctorados: uno en farmacia, otro en ciencias físicas y dos en ciencias químicas. También defendió al Frente Popular y se implicó tanto en la guerra que desempeñó el cargo de Director General de Pólvoras y Explosivos del Ministerio de Defensa Nacional. En 1939 huyó a Francia, donde se enteró de su expulsión de la Universidad. En 1941 volvió a España, donde sufrió una serie de juicios y condenas; en 1943 consiguió la libertad condicional; y en 1951 se cancelaron sus antecedentes penales; pero no fue repuesto en su cátedra.

El delito de ser varones

¿Por qué el Ministerio de Pedro Duque, miembro de un Gobierno paritario y enamorado de Doña Ciencia, elimina los nombres de estos científicos? Porque todos ellos, monárquicos, republicanos, militares, civiles, conspiradores, apolíticos, vencedores, vencidos, católicos, agnósticos, comparten el mismo sexo: eran varones, miembros del patriarcado que Sánchez y su pandilla se ha comprometido a erradicar para hacernos más felices.

Entre la basura que el PSOE nos ha traído a España copiando modas extranjeras, se encuentra la ‘cultura de la cancelación’, ya implantada en las universidades de Estados Unidos. Ésta consiste en eliminar del recuerdo a todos los condenados por los tribunales de honor de la izquierda. La lista de ‘delitos’ crece sin parar: por haber sido propietarios de esclavos, por haber recomendado en clase Lo que el viento se llevó, por poner en duda el calentamiento global, por haber votado a Trump, por no reciclar, por ser hombre y blanco…

La izquierda lleva casi veinte años diciéndonos a quiénes tenemos que recordar y a quiénes olvidar. Ya es hora de decirles que quiten sus sucias manos de nuestros héroes y las pongan sólo sobre sus ladrones y asesinos.

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