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Gina Lollobrígida, la "mujer más bella del mundo"

Tenía un genio del demonio cuando algo no la complacía.

Tenía un genio del demonio cuando algo no la complacía.
Gina Lollobrigida, la bomba sexual de los años 50

La estrella cinematográfica italiana que acaba de fallecer heredó el sobrenombre de "la mujer más bella del mundo" tras rodar un filme de igual título el año 1955, acerca de una diva llamada Liliana Cavalieri. Y así, al referirse a Gina Lollobrigida, los periodistas , para no repetir su nombre varias veces en un reportaje, se apoyaban en ese y otro apelativo, acortando el apellido, "La Lollo". No era fácil de tratar, aun cuando a primera vista pareciera simpática. Tenía un genio del demonio cuando algo no la complacía. De las veces que pude entrevistarla con suerte, pues se mostró conmigo razonablemente amable, advertí en el hotel de Ibiza donde nos hospedábamos que le había armado una bronca fenomenal al director al no estar a gusto en su habitación: no le gustaba el espejo.

En aquella ocasión conversamos más de una hora. En su pasaporte, coqueta, aparecía con menos años, pero la fecha exacta de su nacimiento en Subiaco, no muy lejos de Roma, fue la del 4 de julio de 1927. "La guerra, la maldita II Guerra Mundial, nos arruinó. Mi padre tenía un buen negocio artesano, nos educó a mí y a mis tres hermanas en un buen colegio… No me he podido quitar nunca de la cabeza esos años, los bombardeos continuos, la huida hacia el refugio más cercano al escuchar las sirenas… Yo era esa niña, como muchas, que temblaba, con la cabeza agachada hasta que pasaba el peligro. Iba detrás de los soldados americanos en busca de algunas chocolatinas. Sí, la guerra marcó mi niñez, como la de tanta gente".

Tenía afición musical. "Canta, Gina", le pedían los muchachos de su barrio. Se inscribió en el Liceo Artístico, estudió música, actuaba de extra en algunas películas. Ya había terminado aquella guerra, era el año 1946. Alguien le propuso al verla tan bonita ser actriz de fotonovelas, que en Italia se llamaban fumettis. "Utilicé el seudónimo de Gianna Loris. Por poco tiempo. Tampoco quiero recordar esa época". Y es que le molestó siempre que se hablara de sus comienzos artísticos, de sus penalidades para sacar adelante a su familia, que vivía al borde de la miseria. La animaron a presentarse a un concurso regional de belleza, fue declarada Miss Lazio, trampolín para acudir al nacional, el de Miss Italia. Lo ganó Lucía Bosé; Gina quedó en tercer lugar. Pero obtuvo de un cazatalentos un pequeño contrato para un papelito en Los payasos. Así es que, a partir de 1947, comenzó lentamente su ascenso en la pantalla.

Corría el año 1952 cuando obtuvo ya un personaje protagonista en la coproducción italo-francesa Fanfán la Tulipe, al lado del entonces ídolo galo Gérard Philipe. Se llevan íntimamente tan bien que Gina aprendió francés a su lado. "Un hombren adorable, sencillo, alegre, formidable compañero". Gina ya llevaba tres años casada con el doctor Milko Scofic. Llevó en secreto aquel romance.

Al año siguiente fue contratada para un filme norteamericano, La burla del diablo, dirigida nada menos que por el mítico John Huston con un reparto encabezado por Humphrey Bogart y guión de Truman Capote. Si la llamaron fue en consideración a su popularidad y que la película se rodaba en Ravello, Italia. Huston sacó buen partido de las curvas que lucía la estrella, puesto que apenas si pronunciaba unas pocas frases. Gina era allí la esposa de Bogart. Había intercambios de pareja en aquella trama.

Luigi Comencini la dirigió también en aquel 1953 en Pan, amor y fantasía, alegre comedia y comienzo de una secuela, que culminó con Pan, amor y celos. Ella convertida en Pizzicarella, la guapa y atrevida bersagliera, junto al veterano Vittorio de Sica: "Fue mi padre cinematográfico. Me ayudó muchísimo". Aquella mujer deseada en la pantalla dio lugar a que Dino Risi optara por rodar Pan, amor y... pero no con ella, sino con Sophia Loren. Desde entonces, ambas divas dejaron de hablarse. Me lo confirmó la propia Gina, con ironía.

Otro de los grandes realizadores y guionistas, Luigi Zampa, la tuvo a sus órdenes en 1954 en La romana, donde Gina hizo de prostituta. Protagonista ya.

A continuación es cuando rodó La donna più bella del mondo. Allí no sólo exhibió su espetacular físico, sino su talento dramático. Y hasta cantó, pues la heroína de la historia era la que citamos al principio, una vedette, soprano y actriz del cine mudo, Lina Cavalieri. No obstante referirse a su historia, el guión contaba con algunas licencias. Y se contaban las peripecias de una humilde muchacha que, huérfana y pobre solicita que le den una oportunidad para actuar hasta que triunfa en la Ópera de París. Y hasta tiene amores con un sobrino del zar de Rusia, que interpretó Vittorio Gassman.

Burt Lancaster y Tony Curtis

Llega 1956 y Gina Lollobrígida, radicada en Hollywood, es la estrella del circo en Trapecio, junto a los dos hombres que disputan su amor, personificados por Burt Lancaster y Tony Curtis. Las peligrosas escenas con el triple salto mortal las dobló nada menos que la canaria Pinito del Oro. Allí, en Los Ángeles, Gina me confesó que no fue del todo feliz: "Para trabajar, sí, no para vivir. Demasiado ruido". Además, el todopoderoso productor Howard Hughes no dejaba de perseguirla, y ella zafándose porque no le gustaba aquel ensoberbecido seductor de estrellas.

Transcurría 1959 que es cuando Gina vino por vez primera a Madrid por asuntos profesionales: era la protagonista femenina de Salomón y la Reina de Saba junto al galán norteamericano Tyrone Power (padre de la luego cantante Romina). Dirigía King Vidor, el mismo de Guerra y Paz, Duelo al sol y otras películas legendarias. Gina era aquella Reina que va a Jerusalén a visitar al sabio Salomón. Durante el rodaje, murió Tyrone de una angina de pecho. Hubo que sustituirlo por Yul Brynner y volver a filmar las escenas ya aprobadas. La Lollo supo dar vida a aquella mujer dura, fría, que utilizaba sus dotes seductoras para llevarse a su terreno, y al lecho por supouesto, a aquel monarca conocido por su sabiduría bíblica.

El aquella década de los 60 intervino a cintas apreciables, sin llegar tampoco al éxtasis para el espectador normal: Nuestra Señora de París, Anna de Brooklyn, Cuando hierve la sangre… Y en la siguiente, anotamos estos títulos, los más sobresalientes: Desnuda frente al mundo, Cuando llegue septiembre… Repetía Gina su rol de mujer fatal en Cuando hierve la sangre, aunque la historia tenía a Frank Sinatra como el divo de la historia basada en los combates de los norteamericanos contra los japoneses en Birmania. Para la publicidad, la película se vendió somo si fuera un apasionado amor entre ambos. El hombre del que ella se enamora y se vuelve terriblemente celosa. Filme bélico y a medias romántico.

La actriz italiana más conocida en EEUU

Gina exhibió un surtido de ropa interior en Cuando llegue septiembre, junto a su amante millonario en una villa italiana. Robert Mulligan logró una buena compenetración entre aquella y Rock Hudson. Bobby Darin, estrella americana de las baladas románticas, se lucía en la banda sonora. Esta y otra historia entre estadounidenses e italianos como Buena sera, señora Campbell servía para que Gina Lollobrigida fuera a esas alturas de 1968 en la actriz italiana más conocida en Norteamérica, aunque Sofía Loren con su Óscar le disputaría ese honor. Por cierto, el apellido del personaje femenino del guión, el que desempeñó Gina, Carla Campbell, lo tomó su autor de la famosa marca de sopa, aquella que publicitó luego Andy Warholl en aquellos botes en blanco y rojo. La Lollo flirteaba en aquella ficción cinematoigráfica con cuatro hombres, los actores Telly Savalas, Peter Lawford, Phillippe Leroy y el menos conocido Phill Silvers.

Si hasta entonces, mediado el decenio de los 60, Gina había sido dirigida, aparte de los ya mencionados realizadores, por Blasetti, Monicelli, Siodmak, Castellani y otros no menos prestigiosos, en adelante ya fue distanciando sus intervenciones, en películas de menor atractivo, aunque ella sí luciera todavía sus encantos físicos. Así es que olvidadas ellas, y sin ganas de retirarse, redujo su vida artística, salvo colaboraciones en otros títulos cinematográficos, en series televisivas de gran audiencia, caso de Falcon Crest, Vacaciones en el mar, Las aventuras de Pinocho… Y se refugió en su también vocación por la fotografía. Había aprendido años atrás ese arte. Disponía de un valioso equipo de cámaras. Y, o bien en los rodajes tomaba imágenes de sus compañeros, como fue el caso de Paul Newman, que posó para ella casi desnudo, adentrándose en las aguas de un lago, o bien solicitaba entrevistas a políticos o relevantes personajes, como Fidel Castro. Imágenes que aparecieron en varios volúmenes, de una gran calidad artística.

Aunque todavía con la llegada del nuevo siglo tomó parte en dispersos trabajos, de cine o televisión, era evidente que su estrella iba apagándose poco a poco. Lo que nadie puede despojarle es su brillante pasado. Fue una de las pocas diosas del cine que nos quedaban.

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