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Diez mil plumas negras: continúa el terror en cómic de Sorrentino y Lemire

Segunda entrega de esta nueva saga denominada el Mito del huerto de los huesos.

Segunda entrega de esta nueva saga denominada el Mito del huerto de los huesos.
Diez mil plumas negras: continúa el terror en cómic de Sorrentino y Lemire | David Vinuesa

Jeff Lemire y Andrea Sorrentino, dos autores, guionista y dibujante, que ya han pasado varias veces por esta sección. No es para menos. Ambos forman un tándem espectacular en el mundo de los cómics con trabajos como Primordial, una historia de ciencia ficción con monos y perros que fue uno de los éxitos de los últimos meses. Después de eso, el terror se volvió protagonista y lo hizo con El pasadizo, el inicio de una nueva saga.

Ese Pasadizo solo fue el primer capítulo de la nueva idea de ambos autores: el Mito del huerto de los huesos. Lemire y Sorrentino plantean aquí un ejercicio de terror mitológico y psicológico con historias, en principio autoconclusivas, que están relacionadas y que juntas formarán un universo completo. Tras el Pasadizo llega ahora el cómic que reseñamos hoy: Diez mil plumas negras.

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Antes de seguir con la reseña, vamos con el apartado técnico: guion de Jeff Lemire, dibujo de Andrea Sorrentino, color Dave Stewart, cartoné tapa dura, editorial Astiberri, 168 páginas y un precio de 19 euros.

Una historia de amistad, terror y pasados que persiguen

En este segundo episodio que nos traen Lemire y Sorrentino conoceremos la historia de dos niñas, Trish y Jackie, y la evolución de su amistad a lo largo de los años. Viviremos con ellas el momento en el que se conocieron y después veremos cómo la adolescencia cambia a ambas para irlas separando poco a poco. Eso sí, la cosa no arrancará en ese momento sino en el futuro, cuando una de ellas regresa a casa para seguir la pista del misterio que acabó con la desaparición de Jackie. Trish, por su parte, esconde un secreto. Una voz que le habla y le augura un futuro terrorífico.

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Lemire mete en un tres en uno una historia de misterio, terror y amistad, siendo este último el verdadero epicentro de todo. Más allá de que el estilo sea lúgubre, oscuro y virado hacia la angustia de lo psicológico, lo más destacado de la historia lo he encontrado en algo tan humano como la evolución personal de unas niñas que pasan a ser adolescentes y cambian jugar en su habitación creando mundos fantásticos a vivir en primera persona el boom hormonal propio de la edad. Trish regresa a un pasado doloroso porque siente que no puede dejar de lado a su amiga a pesar de los problemas que tuvieron en su día. Esa culpabilidad se une al misterio estilo Lovecraft que propone Lemire y logra generar curiosidad y angustia en el lector.

Sorrentino por su parte, vuelve a firmar un trabajo perfecto para lo que se quiere contar. Como dije en El Pasadizo, Lemire crea la tensión, Andrea la refleja y Dave Stewart, otro genio, es el encargado de darle color. Además, este nuevo tomo supera al primero en que es más complejo. Se lee igual de rápido, pero no se hace tan corto como el primer episodio. Astiberri también incluye un prólogo que da mucho más sentido al conjunto de lo que se lleva publicado:

Os dejo imágenes de estas Diez mil plumas:

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En ese Preludio, incluido como fijo si compras este tomo, incluye una grapa exclusiva de 32 páginas. Este es el prólogo:

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Leídos estos dos primeros tomos, ¿vale la pena meterse en este mundo que plantean Lemire y Sorrentino? Me ha convencido más el segundo tomo que el primero y aún quiero ver por dónde respira esta saga. Eso sí, la curiosidad la han logrado despertar en mí y pese a que hacer terror en cómics es mucho más complicado que en el cine, creo que como mínimo consiguen ponerte en situación de manera acertada. De hecho lo ambiental y lo que subyace en esos inframundos que se atisban en el horizonte logran darle al conjunto un sentido interesante.

Conclusión: quiero leer algo más para ver si compro la idea del todo, pero de momento pinta interesante. ¿Más que interesante? Bueno, sin exageraciones. Eso sí, es indudable que Sorrentino es fascinante en su trabajo, siendo capaz de dar dos puntos de vista con luz y oscuridad en este tomo, y Lemire sabe muy bien cómo contar las cosas dándoles fondo y forma. El color de Stewart, una vez más, guinda al pastel. Si gustan, disfruten de la lectura.

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