
El pico más alto de los Pirineos (3.404 metros) se ha convertido en el escenario de una auténtica "batalla de las cruces". Tras un nuevo sabotaje que dejó la cumbre del Aneto despojada de su símbolo este pasado viernes, la rápida intervención de dos montañeros españoles ha devuelto la estructura a lo más alto, uniendo de forma simbólica a la comunidad alpinista de ambos lados de la frontera.
La calma duró poco en la cima. Tras la desaparición en abril de la histórica cruz de hierro de 1951 —que la Guardia Civil investiga como un acto vandálico ejecutado con herramientas mecánicas—, el joven francés Maël Le Lagadec, de 18 años, conmovió a las redes al ascender el pasado 12 de mayo cargando a la espalda una réplica de madera de nogal de 35 kilos fabricada por él mismo.
Sin embargo, el viernes 22 de mayo por la mañana, la cumbre volvió a amanecer vacía. Varios alpinistas difundieron imágenes de la nueva cruz arrojada varios metros más abajo sobre una ladera nevada. Todo apuntaba a que, aprovechando la noche anterior, alguien la había arrancado de su anclaje provisional en el hielo y la había lanzado montaña abajo.
Cooperación en la alta montaña
La indignación entre la comunidad de montañeros no se hizo esperar, pero la respuesta fue inmediata. Este fin de semana, dos montañeros españoles localizaron la pieza de madera entre la nieve, la recuperaron y, en un esfuerzo titánico, la subieron de nuevo hasta lo más alto del Aneto, fijándola otra vez en la cumbre.
Escaladores españoles rescatan la nueva cruz del Aneto tras ser vandalizada de nuevo y arrojada a la nieve pic.twitter.com/rsFoshSjID
— Libertad Digital (@libertaddigital) May 25, 2026
Un símbolo envuelto en la polémica
Con este último incidente, el Aneto suma un nuevo y tenso episodio al debate sobre la presencia de símbolos religiosos en las cumbres naturales. Mientras que para muchos sectores la cruz es un elemento histórico y tradicional indiscutible del paisaje pirenaico, para otros su presencia permanente es motivo de rechazo.
El Ayuntamiento de Benasque, que ya había agradecido la iniciativa del joven francés asegurando que la cruz de madera se mantendría allí "hasta que aparezca la original", observa con preocupación la escalada de estos sabotajes. La histórica pieza metálica original de 100 kilos ya había sufrido ataques en el pasado (como las pintadas de 2018), habiendo sido restaurada en 2025 justo un año antes de ser definitivamente serrada el pasado mes de abril.
Por el momento, gracias a la determinación de este grupo de montañeros españoles y franceses, la cruz de madera vuelve a vigilar el Pirineo aragonés, desafiando tanto al clima extremo como a los actos de vandalismo.


