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La niñera que convirtió a Renoir en el más sensual de los impresionistas

Las mujeres son el epicentro de la producción del pintor francés, aunque solo una fue su musa y un gran apoyo durante una dolorosa enfermedad. 

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Las mujeres son el epicentro de la producción del pintor francés, aunque solo una fue su musa y un gran apoyo durante una dolorosa enfermedad. 
En el centro de la imagen Gabrielle Renard mirando pinturas de Renoir (1942) | Cordon Press

Pierre Auguste Renoir sentía una profunda atracción por la figura humana más allá de los cánones que delimita al movimiento impresionista. Primaba al individuo y exploró el retrato y el autorretrato, aunque el epicentro de su obra siempre fueron las mujeres. Pintó jóvenes en actitudes variadas poniendo el foco en la vitalidad y la juventud. Retrató mujeres parisinas refinadas (El baile del Moulin de la Galette, 1876), escenas burguesas (Mujer al piano, 1876) y escenas domésticas (En la terraza, 1881). Resaltaba la belleza y la estética femenina con pinceladas sutiles.

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'Gabrielle con una rosa' (1911)

Hubo muchas mujeres en sus telas, pero una destacó por encima del resto. Gabrielle Renard fue su musa y transformó la producción de Renoir en la más sensual del impresionismo. Gabrielle, nacida en un pueblo de Borgoña, era prima de la esposa del artista, Aline Charigot. Con 16 años, entró a trabajar en su casa para cuidar del segundo de sus hijos, Jean, que luego sería un reconocido cineasta. Théodore Duret, crítico de arte y uno de los primeros defensores del movimiento impresionista, dudó de que "algún pintor haya interpretado jamás a la mujer de una manera más seductora" en referencia a los cuadros en los que aparecía Gabrielle. Algunos críticos aseguran que peca de meloso y empalagoso. A su mujer también la retrató. Por ejemplo, en Almuerzo de remeros (1881) donde juega con un perro, pero nunca llegó a trasmitir ese nivel de sensualidad.

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'Gabrielle Renard con Jean'

Gabrielle fue un pilar en la vida de Renoir. No solo por evocar sus telas más famosas, sino por ser un gran apoyo cuando el pintor, aquejado de artritis, sufría graves dolores y quedó en una silla de ruedas. A pesar de la enfermedad, no pasó un día en el que el artista francés no pintase, según reconoció poco antes de morir. La propia Gabrielle se encargaba de colocar el pincel entre sus dedos agarrotados por la enfermedad.

La niñera dejó el hogar de los Renoir para casarse con el pintor Conrad Hensler Slade, descendiente de una adinerada familia estadonidense. En 1955, enviudó y se instaló con Jean Renoir (hijo de Pierre Auguste Renoir) y su familia, con el que le unía un gran lazo. Lo había criado y lo había llevado a ver su primera película y su primer teatro de guiñol.

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'Gabrielle sentada' (1909)

Gabrielle murió en Beverly Hills en 1959. En Mi vida y mi cine, las memorias de Jean Renoir, el director de cine desvela la gran influencia en su vida que supuso la presencia de Gabrielle.

Ella, sin duda alguna, es la que más ha influido en mí. Le debo el guiñol y el teatro Montmartre (...) Me enseñó a ver las caras a través de las máscaras, a descubrir las bajezas tras las redundancias. Ella me trasmitió el horror al cliché (pág.299).

El próximo 18 de octubre, el Museo Thyssen de Madrid inaugura la exposición "Renoir: intimidad", un recorrido por más de 70 obras del artista francés, procedentes de museos y colecciones de todo el mundo, con los que celebrar el 175 aniversario del nacimiento del pintor impresionista. En muchas de ellas veremos a Gabrielle.

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