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El Museo Thyssen acoge el duelo entre Lautrec y Picasso

La pinacoteca madrileña cierra los fastos de su 25 aniversario con esta exposición inédita que enfrenta a dos piezas claves de la modernidad.

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El Museo Thyssen acoge el duelo entre Lautrec y Picasso

Henri de Toulouse-Lautrec y Pablo Picasso nunca se conocieron pero parte de lo que fue el artista malagueño se lo debe a la obra del francés y a su modo de percibir la modernidad, su fascinación por lo decadente y los bajos fondos, su sentido caricaturesco o su atrevido lenguaje. Cuando Picasso aterrizó en 1901 en París, apenas con 19 años, Lautrec, de 36, casi agonizaba. Murió un año más tarde sin saber que tendría una influencia decisiva en el genio español.

Lautrec rompió de forma radical con el impresionismo y el naturalismo, dejando de lado el paisaje y metiéndose de cabeza en los bajos fondos, los tugurios y los cabarets. No encontró mejor modelo que las prostitutas, convirtiéndolas en el eje de su repertorio. Picasso bebió de esa fuente durante toda su vida.

El Museo Thyssen-Bornemisza culmina los fastos de su 25 aniversario con esta exposición que enfrenta a dos de los principales maestros de la modernidad por primera vez en la historia en un diálogo "tan obvio como insólito", según destacó Paloma Alarcó, jefa de conservación de Pintura Moderna de la pinacoteca y una de las comisarias. Quiere resaltar, principalmente, qué vio Picasso en Lautrec. La muestra ha sido descrita por Guillermo Solana, director del Thyssen, como "intrigante y original", pues explora "una intersección, un área de penuria de uno que acaba y uno que empieza, casi una transmutación". En definitiva, Picasso/Lautrec "es el germen de la sociedad contemporánea", concluyó la comisaria.

Picasso/Lautrec está compuesta por 112 obras provenientes de 40 países y está dividida en cinco apartados temáticos –bohemios, bajos fondos, vagabundos, ellas y Eros recóndito–. Pone de relieve las afinidades y coincidencias entre ambos artistas y ahonda en la comprensión de la tradición artística moderna. No se limita "al tópico del joven Picasso admirador del francés", sino que persigue la huella de uno en las obras del otro, según afirmó Francisco Calvo Serraller, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid y comisario.

Hasta el 21 de enero, el visitante podrá descubrir la sintonía evidente entre ambos, por ejemplo, con el dibujo o las extraordinarias cualidades que compartieron al experimentar con la caricatura desde la misma mirada irónica, crítica y mordaz. Por supuesto, también coinciden en la temática. Lautrec incorporó aspectos de la cultura popular a su repertorio de ambiente marginal y bohemio que fascinó e inspiró por igual a Picasso. Retrató a las grandes estrellas de los espectáculos nocturnos y puso, quizás, la semilla que desató en el español una curiosidad insaciable por los excesos de la noche parisina. También el mundo del circo, saltimbanquis y acróbatas, presentes en la imaginación de uno y otro.

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La pelirroja con blusa blanca, 1889 (Lautrec) y Mujer con flequillo, 1902 (Picasso)

La prostitución fue uno de los asuntos que más estrechamente unió a Picasso con Lautrec. La muestra evidencia, sin embargo, sus distintos puntos de vista. El francés, desde una perspectiva más simbólica y delicada; el español, con una mirada más carnal e, incluso, violenta.

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