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Pedro de Tena

Exhumación -insuficiente- de "cuadros" escritos por Dalí

Dalí no sólo pintaba. Dalí esculpía, grababa, diseñaba, escenografiaba, ilustraba…También escribía, como Luis Buñuel, pero más y más intensamente

Pedro de Tena
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Dalí no sólo pintaba. Dalí esculpía, grababa, diseñaba, escenografiaba, ilustraba…También escribía, como Luis Buñuel, pero más y más intensamente
Salvador Dalí | Corbis

La reciente e impía, por escandalosa, exhumación de los restos de Salvador Dalí puede transformarse en una devota ceremonia de recuperación de las numerosas caras de la obra de un artista que sobrepasa con generosidad los límites de la pintura.

A pesar de los esfuerzos de la izquierda comunista, obsesionada en alabar exclusivamente los méritos artísticos de otro español universal, Pablo Picasso, por afinidad ideológica, cree, la estatura de Dalí, que siempre admiró al malagueño, va creciendo con los años a pesar de presentarse provocativamente como franquista, católico creyente en la inmortalidad del alma y monárquico, metafísicamente, confeso. Afortunadamente, como bromeó una vez, murió completamente curado del todo y de todo.

Ya que se ha perpetrado el infame desempolvo del cadáver de Dalí, resulta necesario que la operación de rescate de tantos otros Dalíes sepultados sea completa y no sólo la referida a la estructura de su ADN, por cierto, uno de los ácidos vitales que, junto con el ARN, destacaba en sus reflexiones sobre la pintura y la ciencia.

Recientemente se ha hecho justa referencia a las relaciones de la pintura de Dalí con el método y los resultados de la ciencia contemporánea en la exposición Dalí. Todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas, que se mostró en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid) en 2013. Incluso se ha recordado que murió con el libro Qué es la vida de Erwin Rudolf Josef Alexander Schrödinger sobre su mesita de noche o que diseñó una portada de un libro homenaje a Severo Ochoa.

Dalí no sólo pintaba. Dalí esculpía, grababa, diseñaba, escenografiaba, ilustraba…También escribía, como Luis Buñuel, pero más y más intensamente. De hecho, creía ser mejor escritor que pintor. Eso dijo y expresó varias veces, una de ellas en la famosa entrevista de A fondo de la mano de Joaquín Soler Serrano, aunque endosó a su padre la autoría de la comparación. Si se ha podido considerar la película Un chien andalou como un cuadro pintado a medias por Dalí y Buñuel que lograba movimiento, ¿por qué no referirse a algunos de sus escritos como esbozos literarios nutrientes de futuros cuadros?

Sobre el asunto, importante asunto, Dalí y la ciencia, queremos volver pronto, pero hoy preferimos detenernos en su poesía, recogida en el tomo III de su Obra Completa, editada en 2004 por un consorcio editorial, nada menos que en ocho tomos. Además de sus textos autobiográficos, tienen un extraordinario interés el tomo tercero —poesía, prosa, teatro y cine—, y los cuarto y quinto, que recogen sus Ensayos.

Libérrima en las formas, su poesía no permite alcanzar una conclusión definitiva sobre si las visiones pictóricas de Dalí fueron primero escritas, incluso sin plasmación caligráfica, y luego pintadas. Algunas de sus representaciones, como la famosa El gran masturbador, fue pintada y escrita, si se quiere desigualmente, pero no siempre ocurrió de ese modo.

Su famoso lienzo-poema, que ampliaba el cuadro mucho más allá de la potencia del dibujo y el pincel, decía, entre otras muchas cosas, lo que sigue:

…fatigado por la luz del día
que duraba desde el amanecer
el Gran Masturbador
apoyaba su inmensa nariz sobre al suelo de ónice
cerrados sus enormes párpados
la frente comida por horrorosas arrugas
e hinchando el cuello por el célebre forúnculo donde
hierven las hormigas…

El poema, que había empezado antes, seguía después hasta los versos finales:

Y ahora
era demasiado tarde
o mejor aún todos
estaban demasiado fatigados
(sobre todo los dos caballeros)
para volver
a la primera
playa.

No cabe duda de que el cuadro fue y es más simple que el poema. De hecho, si bien su pintura admite interpretaciones, no concede tantas ni tan diferentes, e incluso tan contradictorias, como sus versos. El cuadro fija, más que la poesía, el significado concreto de la forma. La poesía se refiere a un ojo, pero la pintura se ciñe a este ojo, el pintado, esto es, "realizado" por siempre jamás. Y en éste, ni siquiera hay un espejo, compañero inseparable de Dalí.

Lo que sí puede concluirse, a falta de pruebas en contrario, es que hay posibles lienzos que fueron escritos, pero no pintados nunca, por el artista de Figueras. De hecho, cabría organizar una galería-exposición de estas obras escritas, y no pintadas, por Dalí que esperan en el fondo de sus versos a alguien, álguienes, que se atrevan a mezclarlos con formas y colores en un cuadro dentro o fuera de sus "ismos". Estas imágenes sin pintar residen en sus versos y sus escritos en general, pero limitémonos a su poesía y pongamos unos pocos ejemplos.

Sus obras poéticas comienzan, en la primera edición que estamos utilizando[1], con unos versos juveniles, los primeros de los que se tiene constancia, como certifica el autor de la Introducción de sus textos literarios, Agustín Sánchez Vidal:

Rosa. Introducción.

Al borde del camino del mundo hay un rosal muy grande, infinito, que se alza hacia el inmenso azul: [sus rosas no se abrieron desde la tierra, hay que hacer mucho camino para acercarlas y vivir].

Por el camino del mundo, pasa la humanidad como una ola de carne.

El poema se refiere, entretanto, a quienes suben por el rosal para caer heridos por las "mil espinas", a quienes se desploman deslumbrados y, cómo no, a quienes en un eterno retorno siguen el mismo camino para volver a morir gracias a la misma espina. A resolver queda cómo figurar el florecimiento de las rosas que no se abrieron desde la tierra.

Además de los elementos mencionados, rosas sin color definido, un camino, el mundo, el infinito, el cielo azul, la humanidad -ola de carne-, espinas, ascensos y caídas, en el resto del poema hay otras piezas, desde el amor a los últimos ramajes de las rosas a ocasos, desde corazones atravesados a espinas eternas que esperan la resurrección incesante de sus muertos para volverlos a matar. Todos ellos podrían ser, si se acomete la tarea, componentes de un cuadro que podría llegar a existir.

Continuemos andando por esta exposición imaginaria. A la Lydia de Cadaqués, Dalí escribió un poema que un pintor meritorio podría tratar de convertir en cuadro. En él debería figurar una oreja quieta encima de un humo que asciende vertical y rectamente. Junto a ella habría una roca donde podría observarse un pelo de pestaña y un pedazo de carne meteoróloga.

Además, habría:

... seis pechos extraviados dentro de un agua cuadrada.
Un burro podrido zumbante de pequeñas minuteras
representando el principio de la primavera.
Hay un ombligo puesto en un sitio con su pequeñísima
dentadura blanca de espina de pez.

La pintura debería albergar también a un cangrejo sobre un corcho en un mar crecido, algo desnudo, una mujer, con color de luna y nariz de Lydia, una botella de anís del mono sin mensaje sobre una madera, un sueño simulado y la sombra de una aceituna encima de una arruga.

Dentro de la galería que bosquejamos, podría haber más de una sala dedicada a los cuadros de las "cositas", las "pequeñas cositas…quietas como un pan", ya sean agujas de punto o mano de amiga de corcho llenas de puntas de París, pero en alto. Quizá dos senos de mujer, uno un calmado erizo de mar y el otro un avispero inquieto.

Tal vez de la simulación del método paranoico-crítico, salían de la nada otras pequeñas cositas que pueden considerarse partículas elementales de otro cuadro. Por ejemplo, un pez perseguido por un racimo de uvas, estrellas con cola que lo dejan todo mojado, cositas con una pierna, cositas que son un pelo o un grano de sal, 8 piedras de playa, un corcho con un agujero donde hay plumas, discos de música, esqueletos, viñas de Cadaqués…En fin. Hasta trineos, galopar "rojo" de caballos, una aceituna quieta y una foto de Nueva York.

Uno de los más curiosos cuadros de esta galería, pequeño y oculto en un rincón, podría ser el titulado "El montón", un lienzo que se visionan tres personajes, uno desde ...

...un moño de mujer
que está olvidándose del nombre de su hermana;
el otro en un loco
y en el montón más lejano
aquel final de la playa cubierto hasta la mitad por una
sábana
aquel es el tercer personaje
va vestido como yo
y sigue con la mirada el contorno de una piedra.

En una sala destinada a los cuadros escritos no pintados, aunque escandalosos, estaría uno cuya leyenda podría ser "Mi hermana", pero no Ana María Dalí, sino la verdadera y única pariente, su ¿gemela? Gala, "la mujer a quien amo íntegramente, bella más allá de la infame curva de la armonía".

El escándalo emana de sus brochazos de palabras como ano rojo, sangrante mierda, verga medio erecta, un testículo, el izquierdo, sumergido en un vaso de leche tibia dentro de un zapato de mujer y otras cosas. Pero, en realidad, la verdadera impudicia se desprende de versos que expresan tal amor a su "hermana" que....

...aunque tuviese que observar
la tortura más atroz
del amigo más admirado
antes sentiría la verga bien dispuesta a la erección
que mi espíritu turbado por un ínfimo dolor moral.

Podría haber una sección, sala o capilla dedicada a Guillermo Tell, quizá y mejor a su hijo, una de las obsesiones oníricas de Dalí, siempre pendiente de la flecha de la ballesta de su padre que, aunque destinada a la manzana posada sobre su cabeza, amenazaba siempre con el fin de su vida. Ya se sabe que el héroe de la independencia suiza era el padre, no el hijo, dispuesto forzosamente al sacrificio y no se sabe si por patria alguna (Schiller) o por una cabezonería paternal (Frisch).

Lo que sí está claro es que Guillermo Tell tiene que estar subiendo y subiendo -a veces descansando por falta de entrenamiento-, por ramas o escalones hasta llegar a la bifurcación que posibilita que sitúe el pan en el centro de un nido.

Un cuadro inolvidable de la galería lleva por nombre "La monarquía", con un resumen adjunto del españolismo de su Teatro-Museo que termina con un "Sí a España". En su interior, un rey y una reina. Ella parece la reina emérita, Sofía, pero dado que Dalí se refiere a una monarquía "verticalidad metafísica del pueblo español", "arquitectura del alma":

Monarquía, con su mitología griega,
con su escultura de Hermes de Policleto,
la más bella de todas, sus reyes, sus catedrales,
nuestro emperador sevillano, Trajano,
partiendo del barrio de Triana hasta conquistar la que es la Rumania de hoy.
Roma, sede del catolicismo,
Roma, sus mártires, sus emperadores.
Monarquía, como la patria es eterna,
más refulgente que el sol,
me moriré escuchando
el himno nacional del pueblo español

Y luego, junto a un retrato del hijo muerto en el Angelus de Millet, en la sala principal de la galería, estarían los cuadros no pintados de la modelo Gala, empezando por el que será el más famoso, "Me como a Gala". A lo mejor, con una estrategia de certámenes, podría erigirse la galería, ¿no?

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