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Eduardo Chillida, de portero de la Real Sociedad a referente artístico

Este 19 de agosto se cumplen 20 años de la muerte del donostiarra, que supo traducir en arte las sensaciones del mar y la naturaleza.

Este 19 de agosto se cumplen 20 años de la muerte del donostiarra, que supo traducir en arte las sensaciones del mar y la naturaleza.
Eduardo Chillida frente a una de sus obras. | Archivo

Eduardo Chillida (Donostia-San Sebastián, 1924-2002) es uno de los escultores más influyentes del siglo XX, destacado artista a nivel nacional e internacional. Supo volcar en sus obras las sensaciones que le provocaba el mar, que conoció en su niñez en la bahía de San Sebastián. Sus recuerdos infantiles marcaron su relación con el paisaje y el espacio y allí, a donde iba a ver las olas romper, colocó años más tarde su Peine del viento (1976) en homenaje a su pueblo.

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Peine del viento, escultura de Chillida en San Sebastián

Curiosamente, gozaba de una extraordinaria sensibilidad que no podía demostrar en los campos de juego. Fue portero de la Real Sociedad nada más cumplir la mayoría de edad, apodado "el gato" por la propia afición por su agilidad para saltar. Una lesión en la rodilla le hizo aparcar el fútbol a nivel profesional. Pero Chillida supo trasladar su experiencia en el mundo del fútbol a la escultura, imprimiendo en sus esculturas las nociones aprendidas sobre espacio y el tiempo.

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Chillida encontró inspiración en la naturaleza, la música y el universo. Sus obras parten de un cuestionamiento esencialmente filosófico. El donostiarra era un constructor de espacios y, con los principios básicos de la arquitectura en su cabeza -carrera que llegó a iniciar- , se autodenominó "arquitecto del vacío".

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Obra de Chillida, en Berlín.

Ha expuesto con éxito en los principales museos y hay más de 40 esculturas firmadas por Chillida en espacios públicos de ciudades de todo el mundo, obras que concentran sus obsesiones por el espacio, la escala y la arquitectura. Hoy su legado se conserva y se difunde a través del museo Chillida Leku, un lugar elegido por el artista para mostrar su obra en diálogo con la naturaleza y cuya pieza central es el caserío Zabalaga. "La obra de Chillida nos remite a valores universales. Dedica esculturas a la fraternidad, la libertad, la paz o la tolerancia. Era una persona pacifista que siempre buscó el entendimiento entre las personas. Por eso, muchas de sus esculturas monumentales son también lugares de encuentro y espacios para el diálogo", asegura Mireia Massagué, directora de Chillida Leku.

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"Desde el museo, queremos seguir mostrando que la cultura es vital para entender el mundo en el que vivimos y reivindicar que la creación artística, en todas sus formas, tiene un poder reparador y sanador más necesario que nunca en estos tiempos que vivimos", añade. Eduardo Chillida falleció hace dos décadas sin ver materializado uno de sus grandes proyectos, un gran monumento a la tolerancia en el corazón de la montaña Tindaya en Fuerteventura.

En el 20 aniversario de su fallecimiento, su hijo prefiere celebrar la vida. "Realmente hoy es un momento de acordarnos de él, un momento muy familiar para mantenernos unidos, pensar qué hizo en vida y lo que nos ha dejado. A mí me gusta más en celebrar el centenario de su nacimiento, que será en 2024, momento de rendirle tributo a su vida", nos dice Luis Chillida, hijo del escultor.

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