Menú
Juan Manuel González

'El gran Vázquez': picaresca española en 13, Rue del Percebe

0

El gran acierto de El gran Vázquez es ofrecer una fotografía de la España de los sesenta hecha con simpatía y a la vez sin aplastarnos a base de nostalgia, profundizando en la veta picaresca del personaje y tratando de entretener por encima de todo lo demás. Manuel Vázquez era, aparte de un talentoso creador de viñetas, un brillante estadador en la mejor tradición picaresca. Exactamente igual que sus personajes de ficción. Su historia, en tono de comedia, está narrada en El gran Vázquez, película que aunque no sea del todo consistente, resulta extremadamente agradable y entretenida.

Santiago Segura, el gancho comercial más notable del filme, interpreta al mítico historietista español con corrección, sin más, aunque el actor se sigue mostrando mucho más cómodo en ese registro de jeta descarado que ya le conocíamos que cuando toca mostrar la otra cara del personaje, algo más dramática. En esos momentos, precisamente, toda la película se muestra un tanto insegura, como incapaz de llevar algo más allá al gran Vázquez y ese intercambio mutuo entre realidad y ficción que reflejaban los tebeos del creador de Anacleto. Algunos de los recursos que el filme usa para apuntar esto último (dando cuerpo, en forma de dibujos animados, a sus personajes) son especialmente torpes, aunque esto sucede sólo en escenas muy breves.

Y aunque la trayectoria del timador y sus sablazos reservan algunos buenos momentos, esta línea argumental se agota demasiado pronto, quizá debido a que ese toque tebeístico de la puesta en escena de Óscar Aibar funciona muy bien a nivel de tono general, pero estilísiticamente resulta algo laxa. No obstante, merece la pena dar la cara por El gran Vázquez, un filme que se reserva algunos ases en la manga en su tramo final que hacen que se nos olviden algunos de esos defectos (por ejemplo, ese memorable encuentro casual en las Ramblas que cierra la película).

Lo que acaba sosteniendo e interesando de El gran Vázquez, para un servidor, es su sagaz y entrañable visión de la editorial Bruguera en sus años de mayor producción. Ya era hora de que alguien por estos lares arrojase luz sobre la labor de esta serie de artesanos del octavo arte, que acabaron configurando con sus viñetas uno de los grandes tesoros del imaginario patrio. En este punto uno se queda con ganas de todavía más. Como el propio Vázquez, los tebeos de Bruguera –vitales en la formación de generaciones, en las que me incluyo- son reflejo deformado pero vivo y certero de un país ahora atosigado por un cine repleto de afectaciones, desconectado e incapaz de capturar el interés de la comunidad a la que se dirige. El gran Vázquez, aunque no acaba de cuajar, trata de hacerlo con ahínco y honestidad, dibujando una España picaresca, pero vital, activa y virgen de malos sentimientos.

Y para ello se sirve de un notable plantel de actores. Álex Angulo está muy bien, pero quien se lleva la palma y casi la película es Manolo Solo, que interpreta a Ibáñez. El mencionado, mágico y triste tú a tú entre el creador de Mortadelo y Filemón y el gran Vázquez, con el que se cierra la agradable y entretenida película, ya vale el precio de la entrada.

En Cultura

    0
    comentarios
    Acceda a los 2 comentarios guardados

    Servicios