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Juan Manuel González

'Los ojos de Julia': Belén Rueda, sola en la oscuridad

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Guillermo del Toro es una personalidad peculiar. El director mexicano apadrina en su faceta de productor proyectos a uno y otro lado del Atlántico a una velocidad de órdago, sin que le tiemble la mano a la hora de delegar en realizadores con sensibilidades distintas, pero a la vez creando una marca de fábrica propia y en cierto modo indeleble, siempre atada al cine fantástico o al terror. En este panorama se inserta Los ojos de Julia, una nueva propuesta de cine español de horror y suspense ideada para repetir el tremendo éxito de El orfanato hace algunos años.

La película comienza fuerte. Una joven ciega se ahorca en el sótano de su casa y cuando su hermana Julia, afectada de la misma enfermedad degenerativa de la vista que la primera, descubre la escena, se embarca en una cruzada personal para descubrir las causas verdaderas de su muerte. Acosada por las mismas visiones que su hermana, Julia deberá luchar contra la incredulidad de su entorno mientras la enfermedad la va dejando sin vista progresivamente.

Guillem Morales construye en Los ojos de Julia un thriller tan tramposo como eficaz. Basándose en la presentación de espacios desasosegantes y opresivos, en la sugerencia de presencias extrañas y en la interpretación de una entregada Belén Rueda, nos ofrece un thriller de referencias hitchcockianas que responde más bien a un homenaje al giallo italiano de directores como Dario Argento y Mario Bava.

No obstante, a Los ojos de Julia le falta un pelo para alcanzar ese punto de retorcido y disparatado goticismo pulp que hubiera tenido en manos del mejor Argento. Es un filme de carácter quizá demasiado empaquetado y calculado para agradar a las masas, vestido de inexpresiva corrección, con una pulcra puesta en escena adecuada en muchos momentos cumbre, pero algo fría e impersonal en otros. La película se resiente también de algún arrebato de cursilería melodramática forzada a convivir con ese carácter de sueño apasionado y opresivo del giallo italiano que no acaba de echar a andar. Y su final, alargado hasta la extenuación, inserta todos los tópicos del cine de terror de cuchillada y manta con cierto desorden, prolongando innecesariamente la duración del filme.

Pero es precisamente ese artificio el que, de alguna manera, convierte Los ojos de Julia en un filme tan desigual como finalmente atractivo, y sin duda, de lo más entretenido. Sólo hubiera sido deseable pisar el acelerador en sus elementos más abiertamente terroríficos que del Toro domina tan bien, pero el resultado es más que digno. El que la calculada apuesta por gustar a todo el mundo y su confusión argumental no convierta el invento en la desastrosa El mal ajeno ya dice algo a favor del resultado final.

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