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Juan Manuel González

'Salidos de cuentas': La extraña pareja...sobre ruedas

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Todd Phillips lleva ya algunas películas concretando una carrera singular. Apoyándose siempre en el devaluado género de la comedia gamberra en sus distintas variantes, el director y guionista de Salidos de cuentas (estreno 5 de noviembre) consigue películas muy bien perfiladas, sustentadas en elementos nobles y clásicos, de los que requieren una buena elaboración sobre el papel. La inesperada importancia del guión y los actores en las películas de Phillips le convierte en, sin duda alguna, el mejor artesano trabajando actualmente dentro de su infravalorada disciplina.

Su nueva película tras el exitazo de Resacón en Las Vegas no es una excepción, aunque esta vez el resultado haya sido más irregular que en aquélla. Tomando como referencia Mejor solo que mal acompañado e incluso clásicos como La extraña pareja, Phillips fabrica una road-movie fundamentada en el timing cómico de sus dos estrellas que lleva en su ADN el humor bestia y obtuso que casi todos esperamos. Pero también conoce la máxima de que incluso la baja comedia requiere ingentes cantidades de talento, y aporta a la retahíla de situaciones una puesta en escena con cierta clase y una innegable capacidad de observar comportamientos como base sustentante de su humor. Desgraciadamente, como decimos, esta vez le ha tocado luchar contra una trama algo irregular, absolutamente olvidable y previsible hasta la médula.

Pero lo cierto es que Phillips no tiene excesivas pretensiones que sepamos, y ha creado a estas alturas una marca de humor reconocible y sin dobles sentidos. A lo largo de Salidos de cuentas no quita el ojo de encima a los actores, se toma su tiempo en trabajar los gags, y trata de rizar el rizo haciendo equilibrios entre la comedia de situación televisiva (esas referencias a Dos hombres y medio, mucho más que un guiño...) y la road movie trascendente. El filme sustenta todo su atractivo a esos dos extraños colegas elaborados al milímetro por Phillips ya desde el papel y plasmados por dos actores relajados y cómodos que destilan química, por mucho que Downey Jr. pierda a veces la empatía que le caracteriza. Phillips, en definitiva, se confirma aquí como un hábil artesano de la comedia desmadrada elaborada con gusto.

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