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Juan Manuel González

'También la lluvia': ¿cine social o entretenimiento efectivo?

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También la lluvia sigue los pasos de un equipo cinematográfico dispuesto a rodar una película en Bolivia sobre la conquista española de América, dando fe de los brutales abusos que sufrieron los indígenas durante la misma. Al mismo tiempo y mientras se desarrolla el rodaje, se gesta una revolución en las calles bolivianas debido a la política del agua de las autoridades, que no dudan en aplicar unos precios inaccesibles para los campesinos. Finalmente, el propio equipo de producción del filme aplica la misma filosofía que los conquistadores sobre los extras indígenas que colaboran en la película. La situación deriva en un polvorín a punto de estallar, en la que los protagonistas van a tener que elegir en qué bando están.

También la lluvia encara un argumento bastante complejo, hasta el punto que en ella conviven varias películas que en ocasiones mezclan bien y en otras no tanto. Por un lado late un sincero y comprometido corazón de cinta concienciada que aborda las mutaciones de la colonización a lo largo de la reciente historia de Latinoamérica de una forma inesperadamente amena; y por otro, una nueva muestra metalingüística de cine dentro del cine. Finalmente, Bollaín y el guionista Paul Laverty hacen frente en los compases finales a una cinta de acción en tanto los protagonistas se ven involucrados en la insurrección callejera e incluso un tenso rescate. Mientras que la primera proposición mantiene bien el tipo a lo largo de todo el metraje, la segunda peca de demasiada ingenuidad, y la tercera adolece de cierta precipitación y timidez pese a hacer gala de una extraordinaria tensión.

Además, y pese a sus buenas intenciones y su excelente puesta en escena, la película de Bollaín deja descolgados demasiados personajes a lo largo de su metraje, a pesar de la buena labor de secundarios como Karra Elejalde, que proporciona instantes de humor cínico ciertamente afortunados. Pero incluso protagonistas como Gael García Bernal ceden ante el devenir aplastante de la historia, y sólo el enorme carisma de Luis Tosar, que acomete su personaje con su habitual seguridad, consigue paliar en parte las carencias del guión en el tercio final de la cinta (incluso en los momentos en los que toma una decisión trascendental no del todo bien anticipada en la película).

No obstante y por encima de todo esto, lo importante es la buena labor de Iciar Bollaín, que reserva imágenes y momentos de impacto que ilustran muy bien el trasfondo social de la historia, sin que la tesis social detenga la narración y sin perder un ápice de contenido. El potente y dinámico aspecto visual de También la lluvia –atención a esa imagen del helicóptero portando una cruz- consigue allanar mucho las irregularidades de una película poliédrica y compleja, pero que parece partida en dos.

No obstante, y respondiendo a la pregunta del titular, la cinta de Bollaín, que ya está en cines, supera la prueba del algodón.

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