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Juan Manuel González

'Los chicos están bien': mamás lesbianas, papás moteros

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Los chicos están bien, nominada a cuatro Oscars -incluyendo mejor película- y ganadora de dos Globos de Oro, es una de las apuestas del cine indie de este año. La película de Lisa Cholodenko aborda la problemática de un matrimonio de lesbianas totalmente establecido cuyos hijos adolescentes se muestran decididos a conocer e integrar en la familia a su padre biológico. Éste, sorprendentemente, se muestra encantado... Pero naturalmente, eso no es todo.

Los chicos están bien da lo mejor de sí misma en su primera media hora, cuando Cholodenko aborda la película como una comedia ligera, auténtica y hasta elegante –pese a algún divertido exabrupto- que progresivamente va descubriendo su faceta dramática. La directora y guionista acierta a presentar la convivencia familiar del grupo sin sexualizar el retrato de las madres lesbianas ni resultar evidente en sus reivindicaciones, ciñéndose bien a los parámetros de la pura comedia y las coordenadas estilísticas de relativa autenticidad del cine independiente. Y si bien se evidencian sus esfuerzos en ser políticamente correcta a la hora de normalizar el matrimonio gay -con conversaciones de la plácida clase alta californiana, esa que habla de Toyotas eléctricos y comida ecológica-, la película se gana al espectador por su frescura y el entretenimiento de lo que es, simplemente, un trabajo bien hecho.

No obstante, Cholodenko tiene que meterse en harina con el enredo y es ahí donde el tema se vuelve resbaladizo. Los motivos no son ideológicos sino estrictamente cinematográficos: Los chicos están bien banaliza los personajes de Mark Ruffalo y Julianne Moore para subrayar su tesis no contra la familia, sino a favor de la familia gay, pero lo hace perdiendo el rumbo y la lucidez de sus primeros compases para sumergirse en las peligrosas aguas del melodrama lacrimógeno. Las imposiciones ideológicas que Cholodenko mantenía a raya en la historia ganan la partida y se muestran en pantalla como estereotipos paradójicamente moralistas y en absoluto polémicos.

Menos mal que incluso en ese momento la película se sirve de un excelente reparto que recita sus líneas con la convicción de estar ante la película independiente del año. Mark Ruffalo destila carisma y entusiasmo como un encantador padre biológico, y Julianne Moore y Annette Bening aportan humanidad y brillantez al matrimonio lésbico. Bening, en particular, está simplemente extraordinaria: su reacción en una escena trascendental de la cinta -que transcurre en un servicio y luego en una cena familiar- es simplemente magistral. Momentos como ése demuestran que incluso en los peores instantes de Los chicos están bien brilla un gran drama -pero drama convencional-, aunque por sus ínfulas finalmente la película se queda en un consumible que, dejando de lado el aspecto gay, bien podría estar dirigido por Chris Columbus o Brad Silberling.

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