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Juan Manuel González

'Gnomeo y Julieta': enanos en tu jardín

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Gnomeo y Julieta nace sometida a una doble dependencia. Por un lado, la del insuperable liderazgo de Pixar en el panorama de la animación, tanto en el ámbito artístico como en el técnico. Y segundo y consecuencia directa de ello, por la necesidad de seguir la senda estilística de su gran rival, la factoría Dreamworks de las sagas Shrek y Madagascar, por ejemplo. Mientras que los primeros apuestan por historias emotivas y aventureras, los segundos siempre se han deslizado por la senda de la pura parodia con desigual fortuna, en cintas destinadas a la satisfacción inmediata de un público familiar más que a afirmar su propia integridad artística.

Eso es precisamente Gnomeo y Julieta, una producción elaborada de forma independiente pero distribuida por Disney debido a su perfección visual y su notable calidad. La película adapta la legendaria tragedia de Shakespeare de una forma amable, dando un protagonismo esencial a la aventura y las canciones adaptadas de Elton John, contando con las deliciosas voces de actores como James McAvoy y Emily Blunt (sólo en la versión original, lógicamente). Tanto ellos como el resto del reparto original, que incluye actores como Michael Caine o Jason Statham, utilizan su marcado acento inglés para recordarnos de dónde viene la historia y darle un plus de caracterización a sus sencillos personajes.

Gnomeo y Julieta se atasca así en el conformismo habitual del cine animado familiar. Y decimos que se atasca porque virtudes para ir algo más allá no le faltaban. El director Kelly Asbury (Shrek 2, precisamente) muestra dominio a la hora de encadenar de forma frenética y rapidísima los distintos episodios de la historia; la factura técnica (con un color y una luz encantadores) acompaña como era de esperar, y la banda sonora de Elton John (productor del evento) es apropiada casi siempre y da lugar a números francamente afortunados. La película es simpática y bienintencionada a más no poder y cumple su cometido esencial. Pero a la vez, todo en ella queda supeditado a una aventura esquemática que carece de la ironía, las dobleces y las referencias de cara al público adulto de otros shows como la recomendable Rango, la espectacularidad de Cómo entrenar a tu dragón, o la perfección de la ya eterna Toy Story 3.

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