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Juan Manuel González

'¿Para qué sirve un oso?': si no tienes 'Siete vidas' cómprate un oso

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¿Para qué sirve un oso? está cortada por el mismo patrón que otras comedias como la reciente Que se mueran los feos (que el año pasado por estas fechas logró llevar a los cines a seis millones de espectadores) o las anteriores Fuera de carta y La torre de Suso, con la que comparte director. Todas ellas fueron notables éxitos de taquilla, y todas ellas protagonizadas por Javier Cámara, actor dotado de una vis cómica incuestionable que de nuevo protagoniza también la presente. En esta ocasión, al actor riojano se le une otra vez Gonzalo de Castro, su compañero en la serie televisiva Siete Vidas, que también puede presumir de los mismos atributos cómicos.

La película de Tom Fernández sigue las aventuras de dos hermanos dedicados cada uno de ellos a su pasión personal: la biología. Alejandro (Gonzalo de Castro) está empeñado en encontrar osos en un privilegiado enclave asturiano, aunque para ello tenga que vivir como un bosquimano (lo que le sirve a Fernández la ocasión perfecta para perder su cámara en los paisajes asturianos). Mientras su hermano está perdido en sus cábalas, el pesimista Guillermo (Javier Cámara) trata de demostrar que el cambio climático va a erradicar de forma inminente la vida sobre el planeta. De su inesperada reunión saltarán chispas... pero no osos.

Si bien al guionista y director Tom Fernández no le desvelan demasiado los tópicos románticos que asoman de cuando en cuando por la película, al final cede de todas formas ante la presión de un humor más sentimental y blando, y a rellenar sus carencias con subtramas y personajes secundarios que tampoco aportan nada. Fernández renuncia demasiado pronto a desarrollar la trama fraternal de una forma más o menos compleja, y se limita a seguir el esquema de seminal sitcom televisiva Siete Vidas encadenando un número cómico tras otro, prestando toda su atención al impacto cómico más directo y, eso también, a la labor de una pareja de actores absolutamente cómodos en su papel.

No obstante, y a pesar del excesivo acomodo de lo que ya ha devenido en fórmula, al igual que en las cintas mencionadas más arriba, la película provoca ese agradable cosquilleo que, aunque la risa no acabe de cuajar, resulta constante a lo largo de su amable metraje. En definitiva, ¿Para qué sirve un oso? nunca llega a tropezar debido a la simpatía que desprende el conjunto y el buen hacer de sus intérpretes, destacando a Gonzalo de Castro y Javier Cámara exhibiendo química en una nuevaocasión. Entre ambos se las arreglan para mantener el pabellón de forma justa, en vista de que no hay mucho más alrededor de ellos. La película que adapte al cine los métodos cómicos de la sitcom española está todavía por llegar.

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