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Juan Manuel González

‘Insidious’: aquello que te mira a los pies de tu cama

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Insidious es un thriller de terror sobrenatural que se aleja de la moda del slasher y los asesinos imparables clásicos del género, y que aborda el género de las casas fantasma de una manera que, si bien no es original, sí resulta inesperadamente inquietante y distraída. Con un presupuesto irrisorio de apenas 1,5 millones de dólares, el filme ha conseguido un fenomenal éxito amasando más de 70 millones en lo que lleva de exhibición mundial, lo que le ha convertido en la película más rentable del año.

Lo que consigue que Insidious forme parte de la liga de buenos filmes de terror, y no de los mediocres, es la extraordinaria habilidad de su director James Wan para sugerir lo desconocido y dejar entrever el horror en lo puramente cotidiano, ya sea en las esquinas o habitaciones de una casa, o en lo que simplemente el ojo no puede captar. Después de sus silenciosos títulos de crédito, precedidos de un travelling por un pasillo oscuro que culmina de manera terrorífica, el filme sumerge al espectador en una montaña rusa de sensaciones, incertidumbres y sustos sin recurrir demasiado a la violencia o los golpes de efecto -tranquilos: también los hay, y uno de ellos sencillamente memorable-, y lo más importante de todo, recuperando cierto sentido de la diversión primaria en el género del terror que en algún momento se perdió entre vísceras, homenajes y secuelas.

Al igual que en Poltergeist, de la que el filme de Wan bebe cada vez más según avanza, la película comienza con el joven matrimonio formado por Josh (un espléndido Patrick Wilson) y Renai (Rose Byrne, vista en X-Men: Primera Generación) estrenando casa. En lo que inicialmente parece una travesura, su hijo Dalton se golpea la cabeza sin consecuencias aparentes... Al día siguiente, el pequeño amanece en un profundo coma. Es el comienzo para una situación sin solución aparente para la familia hasta que la llegada de una medium y la madre de Josh les revelan un terrible secreto...

Wan se aleja, sin embargo, del tono fantástico de la cinta producida por Spielberg, y apuesta con seguridad por el terror y el suspense, sin dejar de lado cierto componente humorístico. El director del primer Saw, eso sí, tiene que jugar como puede con las cartas a veces marcadas que le proporciona el guión de su colaborador Leigh Whannell (que también escribió aquella e intervino como actor en ambas) pero lo hace demostrando un gusto exquisito al jugar con los objetos (el reloj, la radio), el sonido, y -ojo- también las interpretaciones de todo su plantel. Y consigue sobreponerse a sus defectos creando un ambiente opresivo y tenso, gracias a una planificación extraordinaria, elegante, que proporciona momentos absolutamente inquietantes a través de la sugerencia. El director diseña secuencias como el encuentro de Renai con un inesperado invitado en la segunda casa, en la cual Wan permite al espectador más avezado percatarse antes que la protagonista el motivo de su inquietud. Otras, más convencionales, destacan por su tensión sostenida, como aquella en la que Josh registra toda la casa mientras su familia permanece en el piso de arriba. Por no hablar de aquella, que brilla por un inesperado sentido del humor, pero que culmina con la medium Elise viendo -en un plano sostenido por Wan durante angustiosos segundos- aquello que vigila atentamente la cama del joven, un momento en el que el director nos escamotea el contraplano y lo sustituye por un esbozo a lápiz del asustado personaje. Un instante sencillamente memorable.

Son demasiados los momentos casi magistrales que Wan orquesta a lo largo de la primera hora y cuarto de cinta -incluyendo, repito, el que es el susto del año-. Una lástima, por eso mismo, que el filme decaiga tanto en un tercer acto que no consigue hacer verosímil el desenlace de la historia y donde el realizador, esta vez sí, hubiera necesitado algo más de presupuesto. Pero incluso en esos momentos, Insidious está preñada de buenas ideas visuales y conceptuales que hacen de ella un filme terrorífico, emocionante y divertido, que se reserva un par de giros más allá del mero homenaje a los hitos del género. No necesitábamos más.

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