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Juan Manuel González

'Hanna': esta niña te mata bien muerto

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Hace menos de diez años, El caso Bourne inyectó inesperado aire fresco en el género del thriller, con una cinta trepidante en las que las dudas sobre la identidad del protagonista aportaban complejidad a una persecución internacional. Después del éxito de sus secuelas, el género parece vivir una segunda vida gracias a ese toque psicológico y la espectacular acción de los largometrajes protagonizados por Matt Damon.

Hanna, dirigida por Joe Wright, viene a inscribirse en ese esquema, con una figura aparentemente inocente que huye de las autoridades a lo largo de varios países. Y pese a que el argumento carece de giros nuevos o sorprendentes–su desarrollo es, de hecho, demasiado lineal- sí que aporta un nuevo punto de vista y una pequeña vuelta de tuerca a su modelo. El director británico, conocido por sus dramas de época, presenta aquí su primer thriller de acción y afirma su caracter autoral reforzando los detalles perturbadores, siniestros y hasta underground de la historia, gracias a lo singular de su heroína infantil. Puede que Hanna sea en el fondo una convencional cinta de acción, pero su tono de cuento de hadas oscuro resulta curioso y refrescante.

De esa manera, la ambientación cliché del cine del Telón de Acero es sustituida por túneles industriales siniestros, villanos que permiten analogías con una madrastra malvada (la de una excelente Cate Blanchett), o parques de atracciones abandonados y amenazantes. Un punto de vista infantil que deforma y retuerce, en definitiva, los lugares comunes del cine de espionaje. Además, Wright recurre a una banda sonora a contracorriente (obra del dúo británico Chemical Brothers) que otorga al filme de un leve toque onírico y turbador entre discotequero y Lynchiano.

Todo ello se quedaría en absolutamente nada sin la interpretación de una perturbadora Saoirse Ronan, que consigue dotar de un halo de misterio a la protagonista sin impedir que el público se identifique con un personaje que, al fin y al cabo, tiene algo de monstruoso. La actriz, de 17 años, parece dispuesta a robar el trono de emperatriz adolescente a cuanta Kristen Stewart y Dakota Fanning se cruce en su camino, y se descubre aquí como una carismática protagonista de acción.

Una lástima, por eso mismo, que el desenlace se limite a cerrar la trama de la manera más convencional posible, sin permitir al siempre honesto Eric Bana brillar algo más que lo estrictamente necesario. Su enfrentamiento con Cate Blanchett daba para más, pero su personaje se desdibuja según avanza la cinta, frenando también el potencial emotivo de la historia.

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