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Juan Manuel González

El cine español llega a los Goya entre el escándalo y el ninguneo

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Hace casi un año, el presidente en funciones de la Academia de Cine, el bilbaíno Álex de la Iglesia, salió al estrado de la gala de los Goya dispuesto a leer un discurso tan polémico como de difícil asimilación para la industria. El realizador de La chispa de la vida, contrario a la ley Sinde, era bien consciente de ello, pero no importaba. Nada le impidió enunciarlo con brillantez.

Era el testamento de un presidente que intentó acercar posturas en la peor tormenta imaginable. Un poco más abajo, en la platea del madrileño Teatro Real, Ángeles González Sinde encajaba con cara de póker las puyas del realizador. La ínclita ley antipiratería, el poco escrúpulo de su política de subvenciones, había levantado en armas a los internautas españoles.

Fuera del auditorio, el colectivo Anonymous, atibuyéndose a sí mismo el cargo de representante de los navegantes, y armado con máscaras, huevos y muchas ganas de hacer ruido, metió en aprietos a la comunidad cinematográfica reivindicando el final de lo que denominaban "mordaza digital". Fue suficiente para dinamitar la alfombra roja de la gala.

Hace menos de un mes, encendido por el finiquito a Megaupload, el colectivo dio a conocer públicamente información personal y privada del ministro de Cultura, José Ignacio Wert, su hermano y también la exministra González-Sinde, parte de su familia y otras personalidades del sector cinematográfico. Este año, la presencia de Anonymous ha sido más limitada. La amenaza, de todas formas, está ahí.

Todo hace pensar, sin embargo, que el cine español buscará el titular en Almodóvar, que recupera sus relaciones con la Academia después de escenificar una reconciliación, la del año pasado, que como siempre parece esconder una amenaza velada, pendiente de materializarse si La piel que habito no resulta una ganadora más o menos clara.

La enésima ley

El siguiente presidente al frente de la Academia, el productor Enrique González Macho, se ha revelado como una opción con un perfil mediático más bajo que su predecesor. El dueño de Alta Films se enfrenta sin embargo a la misma perpetua crisis de modelo que el anterior.

José Ignacio Wert, el ministro de Cultura del nuevo Gobierno, descartó la supresión de las ayudas públicas ("soy uno de los vuestros") y postuló que las subvenciones en ningún caso superasen la recaudación de los filmes. El titular apuesta por disminuir el número de producciones y por un sistema, el de mecenazgo, que hibrida el sistema de apoyo estatal tradicional con un difuso entramado de desgravaciones fiscales e iniciativa privada que refuerce la relación del cine con otros medios, como el televisivo.

A la espera de la implementación del enésimo nuevo modelo, de la desconfianza que inspira en el personal la promesa de un nuevo armatoste legislativo con fecha de caducidad, queda el descontento general de un cine que simplemente no conecta.

Malos datos de taquilla

Las películas españolas, incluso en un año de buena cosecha como fue 2011, siguen sin captar el interés del espectador medio. Los 19,6 millones de euros en taquilla de Torrente 4 han sido la única tabla de salvación del cine patrio a lo largo del año pasado. Las cifras del largometraje dirigido y protagonizado por Santiago Segura se aproximan a los logrados por Amanecer. Parte 1, y sitúan ambas películas como las dos más vistas en los cines a lo largo de 2011. Torrente 4, hay que recordarlo, no ha sido nominada a ninguna categoría técnica en lo que ha sido calificado unánimente como un nuevo despropósito de los mismos Académicos que optaron por no llevar a Almodóvar a los Oscar, cerrándose ellos solos las puertas a un posible premio en beneficio de La voz dormida, de Benito Zambrano

El largometraje de Santiago Segura es el responsable, él solito, de que el cine español creciese finalmente en recaudación un 24,3% en 2011 sobre 2010, y aumentase un 20% en espectadores.

A Segura hay que sumar otra primera figura del cine, la de Woody Allen, que acudió a hinchar las cifras finales con los inesperados 8 millones logrados por Midnight in Paris. La segunda película española más taquillera de 2011 figura en la lista gracias a la presencia tras el filme de Mediapro y Jaume Roures. El espejismo de las coproducciones no ayuda demasiado al cine español, y a estas alturas tampoco engaña a nadie.

En total, 1.750.000 espectadores y 11.200.000 millones de euros. Esos son los números que suman en la taquilla española los cuatro títulos que optarán al Goya a mejor película. Una cantidad poco lustrosa teniendo en cuenta que, sólo del Gobierno central, el cine español percibió en su globalidad nada menos que 91 millones de euros.

Hay más: los 4,62 millones de La piel que habito le supieron a poco a todo el mundo, y aún más al propio Almodóvar. Algo más satisfactorios son los poco más de 4 de No habrá paz para los malvados, un proyecto inicialmente menos mediático que por eso contentó en mayor medida a sus responsables.

No obstante, la mayoría de los filmes españoles no logran cubrir sus limitados gastos de producción con su exhibición cinematográfica. Los más optimistas se tratan de consolar con el denominado ‘efecto Goya’ que multiplica las recaudaciones del largometraje ganador. La dura competencia del cine norteamericano no parece convencer ya a nadie. Intocable, una convencional comedia dramática francesa, ha recaudado la histórica cantidad de 115 millones de euros sólo en su país de origen. Guiñoles aparte, quizá no haya que buscar mucho más allá de los Pirineos para encontrar un andamio más sólido.

Señalan en caso de Pan Negro, que consiguió el año pasado saltar de una recaudación de 850.000 euros a una de 2,6 una vez arrasó contra pronóstico en la ceremonia. No obstante, en este sentido los tres largometrajes favoritos de este año ya pueden adquirirse en el ámbito doméstico, siendo La voz dormida la única que aún no ha sido comercializada en DVD o Blu-Ray, lo que podría echar por tierra un reestreno verdaderamente exitoso.

Este año, la gala se celebrará en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid, por aquello de recortar gastos. Eva Hache sustituirá a Andreu Buenafuente, considerado –con razón- como el mejor presentador que ha tenido la gala. Y sí, la alfombra seguirá siendo roja y no verde. Pero no parece que sea un cambio radical.

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