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Los mejores (y peores) momentos de los Oscar

Los pechos de Anne Hathaway, la aparición de Michelle Obama, las bromas de MacFarlane... Pasen y vean. 

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Los pechos de Anne Hathaway, la aparición de Michelle Obama, las bromas de MacFarlane... Pasen y vean. 

Hay algo en lo que los Óscar no consiguen ser mejores que los Goya: sus galas también son aburridas. Quien ha visto un par de ellas sabe cuán útopico es pretender que esas cuatro horas se conviertan en un desenfreno de disfrute y diversión. La tópicamente llamada gran fiesta del cine está tan plagada de momentos tediosos como de instantes de brillantez, que dependiendo del año nos arrastran o privan del sueño a horas intempestivas. Los galardones de 2013 cumplieron el guión, porque también hubo de todo: un batiburrillo de bochornos, bromas bestias, protagonistas que nunca quisieron serlo y hasta una rotura de pierna. Pasen y vean, licuado y seleccionado, de lo que ha dado de sí la 85 edición de los Premios Oscar.

Los mejores momentos

El arranque de Seth MacFarlane

El presentador de la gala comenzó prometiendo mucho más de lo que después fue capaz de dar. No obstante, merece un reconocimiento ese arranque casi deslumbrante (y no sólo por su nívea dentadura) en el que se lanzó a degüello sobre una de las ironías de la Academia: que Ben Affleck no estuviera nominado a mejor director. Le arrancó una sonrisa incómoda que quedó en anécdota horas después, cuando levantó la estatuilla con el triunfo de Argo.

Oda a los senos

El primer número musical de la noche fue una oda a los pechos, y no es un decir. MacFarlane encabezó un hilarante número musical, "We Saw Your Boobs" (Te ví las tetas) en las que además de un repaso por los topless de la pantalla grande, demostró que puede coregrafiarse la admiración a las glándulas mamarias.... sin convertir el escenario en una taberna.

Ted y los judíos

Lo mejor no fue que el Oscar a la mejor mezcla de sonido la presentaran el oso Ted y Mark Wahlberg. Ni que, segundos antes, el presentador estuviera bromeando sobre su película: "Vosotros habéis hecho unas películas increíbles y super inspiradoras. Yo he hecho... Ted". Maravilloso fue ver el extraño conjunto, lanzándose a hacer bromas sobre los judíos, tema supuestamente tabú en la meca del cine. Como siempre, lo mejor no fue el chiste en sí, si no la capacidad de Hollywood de reírse de sí mismos. Después llegarían las bromas sobre los hispanos, los gays y los negros. Y sin el ensordecedor ruido de los falsos ofendidos.

Bromas arriesgadas

McFerlane lo clavó en ocasiones, generalmente cuando se decantó por la irreverencia. Dirigiéndose a la pequeña Quvenzhané Wallis (nominada por Bestias del sur salvaje), dijo: "Para que os hagáis una idea de lo joven que es, faltan 16 años para que sea demasiado mayor para George Clooney". También apostó fuerte por el humor negro hablando de Django Desencadenado: "Es la historia de un hombre luchando para recuperar a su mujer, que ha sido sometida a una violencia impensable. O lo que Chris Brown y Rihanna llaman una película de citas". Quedaron muchos títeres con cabeza, pero el balance general no estuvo mal. Al menos, sabe cantar. Y muy bien. 

La "pequeña" de la alfombra roja

Kristin Chenoweth se ganó un hueco sobre el escenario el próximo año, y mira que era difícil. Cuando te encomiendan la siempre ingrata labor de ser la "presentadora" de la alfombra roja, generalmente queda poco más que hacer que preguntar a las actrices qué diseñador las viste, y sonreír mientras te cuentan el rollo de lo nerviosos que están. Pero Chenoweth tiene tablas, y los años de Broadway se notaron: consiguió hacer mucho más entretenido esa parte de la Gala que interesa sólo a los adictos de la moda. Un diez a su gracejo natural y al aplomo, que demostró incluso cuando se vio rodeada por Adele y Queen Latifah . Ella parecía la más grande.

Los pezones de Anne Hathaway

Cómo no mencionar uno de los momentos más comentados de la noche. Aunque deslumbrante, el vestido de la ganadora del Oscar a la mejor actriz de reparto le hizo flaco favor a esa parte de su anatomía que nunca sabemos si quiso realmente resaltar tanto. Minutos después de su aparición, los "nipple" de Hathaway ya tenían hasta entidad propia a través de una cuenta en twitter. "Mi madre dice que es como un vestido de ejcutiva por delante, y de fiesta por detrás" dijo muy pizpireta. La pobre mujer no le avisó de las otras dos protagonistas. 

El calcetín de Denzel Washington

El único premio para The Flight fue tener una parodia propia. Un grupo de calcetines imitó varias partes de la película, incluido un Denzel Washington dándole al frasco como un histérico. Mejor, ejemp, que la película. Al menos, le brindó al actor la oportunidad de ser protagonista unos segundos, tras los cuales poco más se supo de él.

Haneke y el amour

Dedicarle el premio a tu mujer no es ningún ejercicio de originalidad, en eso estamos de acuerdo. Pero si eres Michael Haneke, y has parido una joya tan bella como Amour, cuando pronuncias un emotivo discurso para una dama llorosa de las primeras filas, el corazón se encoge un poquitín. Porque hay veces que sí se siente eso de que la gran pantalla es reflejo de la realidad.

Meryl Streep

Como una diva fue recibida y como una diva actuó. Streep entregó uno de los premios más esperados de la noche, al mejor actor, a Daniel Day Lewis. Pero ni siquiera leyó el sobre que contenía el galardonado: debió hacerlo mientras se anunciaban los nominados (cosa que nunca vimos), y llegado el momento, simplemente proclamó el nombre del irlandés. Porque sólo alguien como ella puede permitirse el lujo de hacerlo.

Lo peor

La aparición estrella de Michelle Obama

Cuando la primera dama apareció (virtualmente) para entregar el premio más importante de la noche, muchos creímos que el sueño estaba haciendo estragos. Y cuando comenzó a pronunciar un discurso sobre "la fuerza del amor para cambiar las cosas", enredándose en un soliloquio sobre lo que hay que enseñar a los niños, tuvimos que comprobar que no habíamos cambiado al canal oficial de The West Wing. Una aparición que pretendió ser sorprendente y especial, y quedó fuera de lugar, rozando el ridículo. Ella es cool y lo sabemos, ¿qué necesidad había de esto?

El exceso musical

Vaya por delante el desapego natural que a quien suscribe le despiertan los musicales. Antipatías a un lado, la Gala se volvió por momentos un encadenamiento de números musicales metidos con calzador. Salvando la interpretación de Los Miserables por su estatus de película del año, el resto quedaron fuera de lugar. Está muy bien disfrutar del perpetuo (y creciente) esplendor de Catherine Zeta Jones, pero resultó incomprensible ese homenaje a Chicago tan gratuito. Puestos a homenajear, había obras clásicas mucho más icónicas que representar, y no un filme demasiado reciente para haber hecho historia. Lo mismo con el show de Dreamgirls. Con tanto interludio coreografiado costó cogerle el pulso a la Gala.

El fallido homenaje a Bond

Aprovechando el 50 aniversario de James Bond, los Oscar quisieron rendir un homenaje por todo lo alto al espía con más estilo de ambos lados del océano. Intentó ser homenaje, pero no fue por todo lo alto. Entre otras cosas porque la saga ha sido una histórica arrinconada de estos premios y había mucho que compensar. Halle Berry y su Versace pusieron de su parte, y también una Shirley Bassey que cantó una versión de Goldfinger. Pero la incapacidad de la Academia de reunir a los siete actores que han dado vida a Bond, y un vídeo-recuerdo manifiestamente mejorable evidenciaron una cierta desgana. E incoherncia: ¿Homenajear la música de James Bond cuando hasta el de Adele, no se le había dado ninguna estatuilla anterior?

El privilegio de Adele

No hubo ni una porra que no apostara por la británica como ganadora de la mejor canción, es cierto. Pero fue bastante reseñable que la privilegiaran interpretando la canción en directo, sólo dejando a su oponente Norah Jones tener la misma oportunidad. Si se trataba de enmendar los errores pasados cometiendo otros nuevos, mala opción. El vozarrón y el tema fueron de lo más disfrutable de la gala, pero no podemos obviar la injusticia de que sólo dos nominadas pudieran emocionarnos en directo. Por muy favorita que Adele fuera. 

Kristen Stewart

La pálida de Crepúsculo salió al escenario a entregar un premio rascándose la cabeza y tambaleándose, como si acabara de tener un episodio amoroso detrás del telón. Después nos enteramos que la cojera se debía a un incidente anterior, por el que se lastimó la pierna, lo que -además de hacernos sentir pelín culpables- no justificó su falta de profesionalidad. ¿Tanto le costaba permanecer sonriente 3 minutos sobre el escenario? Con la pierna sana o dañada, resultó tan mohína como sólo ella sabe ser.

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