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8 cosas que quizá no pensaste de los Óscar: el juego sucio contra Woody Allen y la revelación de Lupita

Ideas y reflexiones según transcurre la alfombra roja de estos Oscar 2014.

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No nos engañemos. La gala de los Óscar es la principal ocasión, de las muchas que tiene Hollywood, de poner a punto su enorme maquinaria de glamour y promoción. Los famosos se hacen la colada, los medios vierten toneladas de datos inútiles sobre la gala, los comentaristas nos desafiamos a nosotros mismos para demostrar nuestra capacidad de tuiteo. No obstante, los Óscar también sirven, aunque sea de soslayo, para hablar de cine.

Lo que sí está claro es la oportunidad de oro que se nos ofrece cada año para destrozar a su presentador/a, comentar el vestuario ridículo de figuras como Gabourey Sidibe o Pharrell Williams, así como las decisiones de la Academia (siempre discutibles) y sí, esos imperdonables olvidos que sólo nosotros comprendemos. Que vale, que no están los Coen y A propósito de Llewyn Davis. Ya lo sabemos. Te pusiste las gafas de pasta para ver La vida de Adele, y los americanos ni la nominan. Vale. Hay que aceptar la perfecta imperfección de los Óscar, y sobre todo el hecho de sólo hay una cosa más o menos segura en ellos, y es que todos lo veremos o, al menos, los opinaremos sobre ellos.

Matthew vuelve. El Óscar a McConaughey, que dedicó la mitad de su discurso a filosofar como su personaje en la serie True Detective, ha de valorarse por sus méritos artisticos (adelgazó más de 20 kilos para interpretar a un enfermo de SIDA en Dallas Buyers Club), pero sobre todo por todo lo que rodea ahora al intérprete texano. Este año McConaughey, hasta ahora habitante de comedias románticas bobas destinadas a la exhibición de pectorales, ha protagonizado el filme independiente Mud, ha realizado la mejor aparición secundaria en El Lobo de Wall Street, y ha protagonizado la excelente serie de HBO True Detective. El Óscar por Dallas Buyers Club parece recompensar este giro completo de timón, así como premiar todo el paquete (con perdón) con el que McConaughey se ha vuelto a presentar a las audiencias.

Oh, Lupita. La actriz nacida en México pero criada en Kenia es la principal revelación de 12 años de esclavitud y de toda la temporada de premios. Pese a que su personaje apenas tiene desarrollo, el gran trabajo de Nyong’o le proporciona emoción a una cinta que de otra manera sería demasiado fría. Pero Lupita no sólo ha sido un descubrimiento ante las cámaras, sino también fuera. Su elegancia y belleza han dejado patidifusos al personal, por no mencionar lo bien que le queda el azul (desde el momento de pisar la alfombra, se la comparó con la Tiana del filme Disney). El gran peso que ha ganado su candidatura ha dejado en la cuneta a la mismísima Jennifer Lawrence, que suponemos se distraerá arruinando fotos en la alfombra, y nos ha descubierto un nuevo y refrescante rostro.

Tierra llamando a emoción. Se trataba de una gala en la que las tres películas que se disputaban los grandes premios, La gran estafa americana, Gravity y 12 años de esclavitud, han llegado a la meta tan igualadas que hasta el final daba la impresión de que cualquier cosa podía ocurrir. Todo el mundo daba por sentado de que ganaría el drama sobre esclavitud o y el mexicano Cuarón por su odisea espacial, pero antes de la apertura de los sobres nada era seguro: los votos de una podían echar la zancadilla a la otra y permitir a la tercera en discordia, la comedia de David O’Russell, tomar la iniciativa ante el pasmo general. La gran estafa americana puede gustar o no pero, al menos, ha sido la película que ha dado emoción a todo el invento.

Juego sucio. No sé qué pensarán ustedes, pero la odisea de titulares relacionados con Ronan Farrow, su madre Mia y los supuestos abusos de Woody Allen siempre me han parecido una campaña perfectamente organizada para minar las candidaturas de Blue Jasmine, entre las que destaca la de mejor actriz, Cate Blanchett, y sobre todo mejor guión original, para el propio Allen, a quien el dichoso escándalo sí podría haber restado puntos en las votaciones.

Los olvidos. La citada (y excelente) apología del pesimismo de los Coen, Tom Hanks ausentándose de la cita por Capitán Phillips (y dando al traste con las oportunidades del excelente drama de acción de Paul Greengrass), Cuando todo está perdido y su protagonista Robert Redford sucumbiendo ante otra odisea de supervivencia como Gravity.... Todas ellas apuntaban maneras y al final no hubo forma. De El mayordomo mejor ni hablamos, porque esa película es una filfa. Pero no lo era Al encuentro de Mr. Banks, y tampoco sonó la flauta. ¿Y por qué no está Gandolfini por Sobran las palabras?. Y así podríamos estar un rato.

Nebraska, la mejor. El sobrio pero emotivo drama en blanco y negro de Alexander Payne es la mejor película de este año, y su protagonista Bruce Dern el mejor actor, para quien escribe estas líneas. No sólo eso: June Squibb, 84 años, debería haberse subido a escena a recoger otro Óscar, y de paso subirse la falda como en la escena del cementerio. Sabíamos que no iba a pasar, y no pasó.

Barkhad Abdi. El coprotagonista de Capitán Phillips ("ahora yo soy el capitán") vive en la indigencia. Pese a ganar el Bafta británico a mejor actor secundario por su papel de villano en la película de Paul Greengrass, el actor somalí no tiene trabajo ni dinero para llegar a fin de mes, según publica la prensa americana.

No está Sharknado. He dicho.

Más cosas:

Jennifer Lawrence, que el año pasado se cayo al recoger su Óscar, esta vez no ha esperado tanto:

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