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Juan Manuel González

Crítica: 'El Amanecer del Planeta de los Simios'

'El amanecer del Planeta de los Simios' es, a falta de alguna sorpresa final, la mejor película de aventuras del verano.

Juan Manuel González
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'El amanecer del Planeta de los Simios' es, a falta de alguna sorpresa final, la mejor película de aventuras del verano.
Jason Clarke y Andy Serkis

Me pregunto qué pensaría Charlton Heston, protagonista de la aventura simia fundacional y presidente de la Asociación Nacional del Rifle, de esta segunda entrega de la nueva saga de ciencia ficción, concebida como precuela... y probablemente el mayor alegato contra las armas salido de Hollywood en los últimos años. A mi me gustaría pensar que, en el fondo, nada malo: la película dirigida por Matt Reeves, que ahora se estrena, es de todo menos timorata o ingenua, más bien al contrario, y repite de hecho de ese equilibrio entre triste metáfora social y aventura épica de la idea original de Pierre Boulle. El amanecer del Planeta de los Simios es, a falta de alguna sorpresa final, la mejor película de aventuras del verano, una que adopta la modulación de un drama bélico y -créanme- familiar, fundamentado en la moralidad y las trágicas circunstancias de sus personajes (simples pero auténticos, salvo uno de ellos), y en una voluntad de observar el comportamiento de especies, sin excederse en el estudio antropológico, inédita en una superproducción de FX vanguardistas. Todo ello hasta que llega la hora de despendolarse en su tercio final y sí, mostrar simios con metralletas reventando tanques: entonces surge el "blockbuster" veraniego y de multisalas que todos esperábamos, y en la mejor de sus acepciones.

La película de Reeves, a quien nunca más se le debería describir como "promesa del cine", comienza recopilando los acontecimientos del notable reinicio que fue El origen del Planeta de los Simios (Rupert Wyatt, 2011). Y no lo hace con un montaje trepidante, sino con el eco de los gritos y los llantos y las notas de piano de la excelente partitura de Michael Giacchino, que nos da la medida del tono y estado de ánimo de lo que viene después. Si la película de Wyatt, que se bajó del proyecto por lo apretado del calendario de rodaje, acertaba a la hora de reenfocar la historia desde una perspectiva emotiva e intimista, la del norteamericano respeta lo anterior, e incluso incrementa su minimalismo narrativo, pero ampliando sus miras, su tamaño y extensión (estamos ante una película casi media hora más larga), pero sobre todo, el alcance simbólico de la propuesta, que de la metáfora sobre los derechos civiles de Schaffner pasa a hacernos un dibujo trágico y atroz de los (des)equilibrios entre Oriente y Occidente, dos bandos condenados a matarse por un poco de energía eléctrica mientras un héroe complejo e inesperado se alza aún a costa de traicionar sus principios.

Nos referimos al simio César, suprema creación digital que halla en el rostro e interpretación del británico Andy Serkis, el alma detrás de Gollum en la saga El Señor de los Anillos, la perfecta síntesis de las contrariedades (y promesas) del cine contemporáneo. Con un pie puesto en la revolución tecnológica y sintética (capaz de convertir a un actor en un simio peludo) y la complejidad de una actuación del método, perfectamente encapsulada gracias a la tecnología y la sinceridad del guión y la interpretación, Serkis realiza en El amanecer una de las mejores interpretaciones del año, creando un héroe trágico que transmite una amplia gama de sentimientos al espectador. La cámara clásica de Matt Reeves, capaz de resolver secuencias en un único plano sin presumir ni buscar el aplauso por su virtuosismo técnico, sino más bien para conservar el impacto emocional del drama, retrata la tristeza y riqueza del personaje y un entorno donde no hay buenos ni malos (o casi), sino sólo tragedia. César es, esta vez más que nunca, el verdadero y único protagonista de la función, el que afronta su gran dilema, y ese instante casi final en el que Malcolm (Jason Clarke), su único amigo humano, decide voluntariamente desaparecer en la oscuridad, es sólo la más evidente de las plasmaciones visuales de esa idea, de lo solitario que es el viaje del héroe codificado por el celebérrimo Joseph Campbell en "El héroe de las mil caras".

Pese a lo simplón de algunas caracterizaciones, de algunas contrariedades en la historia, El Amanecer del Planeta de los Simios es el más sincero y brutal retrato del miedo, el valor de la familia y la comunidad, y en última instancia, de la traición, que ha podido verse en una pantalla de cine en algún tiempo. Uno en el que conviven escenas como la de la gasolinera, con el clímax final en las alturas, a la altura de lo esperado en una gran película de acción, con total naturalidad. Pero sobre todo una película de aventuras que con una confianza y dignidad apabullantes dignifica (no es la única que lo ha hecho recientemente) el denostado concepto franquicia, precuela, remake o secuela, tanto me da, hasta ganarse la confianza del crítico más arisco.

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