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Juan Manuel González

Crítica: Rec 4. Apocalipsis, de Jaume Balagueró

La saga Rec sigue teniendo marcha, sólo que esta vez cambia la sangre por la adrenalina.

Juan Manuel González
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"Esta vez es la guerra". La frase promocional de la célebre Aliens (1986), continuación de la fundamental película de ciencia ficción de Ridley Scott y una de las secuelas más valoradas del cine, daba las claves de la reinterpretación en clave bélica y espectacular que James Cameron aplicó a los terrores húmedos del mito original. Y podría haber sido perfectamente la de esta [REC] 4: Apocalipsis, cuarta parte de la saga de terror española más famosa de la historia, de haber mediado algo más de militarismo y unas explosiones más en su desenlace.

Jaume Balagueró, esta vez dirigiendo en solitario y sin Paco Plaza, se lleva su franquicia a territorios diferentes pero relacionados. Del terror found-footage damos un salto al puro cine de acción con churretones de thriller médico, y de la sangre y el mordisco pasamos a la adrenalina y el puñetazo. El cambio entretiene y merece la pena, demostrando el buen estado de este repaso en clave cañí-nostálgica de las diferentes variedades del terror USA que ha acabado siendo la saga oficial de terror patrio.

En esta ocasión escapamos por fin del inmueble del Eixample para encerrarnos en otro lugar igual de lóbrego, un barco aislado en plena alta mar y repleto de infectados, retomando la acción de la segunda película y también el personaje de Ángela Vidal (Manuela Velasco). La Velasco, o su personaje, sale por fin del capullo reporteril para erigirse en nuestra propia versión de la teniente Ripley, una inédita y sudada heroína de pata negra que se enfrenta a su particular monstruo con la camiseta más mojada y apretada que nunca, demostrando que la comparación con Alien no era algo casual.

El cineasta leridano, en ese salto de lo subjetivo a la narración más convencional, y en contra de lo que se ha dicho, no está cambiando tanto la fórmula como sólo el punto de vista (por mucho que en [REC] una y otra cosa fueran de la mano), porque entre otras cosas el objetivo sigue siendo el mismo: deleitar al fanático del género con una película más espectacular y amplia cuyos referentes siguen siendo perfectamente conocidos para ese aficionado. Dicho de otro modo: de El Proyecto de la Bruja de Blair retrocedemos a otros hitos de un par de décadas antes, con guiños a la pura acción bélica de la citada Aliens y también la paranoia de títulos memorables como La Cosa de John Carpenter, esta última de la mano de un giro argumental no del todo bien ejecutado pero diáfano en sus intenciones. La escena en que Ángela Vidal destroza con un hacha las cámaras de seguridad que hasta ahora formaron parte de la narrativa de la saga no debe ser casual en este sentido.

De lo cotidiano saltamos al high-tech en una aventura que destaca, como las anteriores, por su atmósfera lograda, por su humor negro (no siempre afortunado, se echa de menos a Paco Plaza) y sobre todo un asombroso sentido de la acción. REC 4 es un crescendo hasta el subidón final en el que sólo hubiera sido deseable un poco más de despendole en el splatter (esa hélice cortando en trozos un ejército de monos...) o un monstruo final como el que sí existía en Aliens. En el cambio es cierto que perdemos miedo, pero en cierto modo seguimos al límite.

En el lado negativo, que lo hay, es que junto a ciertos bajones a la hora de sostener el suspense existe una cierta sensación de desgaste ya evidente, pero sobre todo unas interpretaciones y personajes que nunca resultan especialmente simpáticos (si es que ésa era la intención) o al menos verosímiles en su digestión del estereotipo.

Pero si eso nunca nos importó en las mil variantes de Alien ¿por qué iba a hacerlo ahora? Porque [REC] 4 es una de esas películas en las que, como buen festival para el fan, lo importante está entre el texto y el subtexto, en la puesta en escena y la propia experiencia cinematográfica. Y aquí casi todos estamos invitados: Balagueró se toma el asunto como una oportunidad para demostrar músculo en la puesta en escena y pulso en las escenas de acción y, por mucho que persista la impresión de deriva invertida (de lo innovador hacia lo convencional), lo cierto es que [REC] 4 es una experiencia positiva, un subidón de serie B de lujo que a nivel puramente industrial es también un ejemplo de cine español comercial con ambición, y que nos deja con ganas de más sangre y adrenalina.

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