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Juan Manuel González

Crítica: 'Big Hero 6' de Walt Disney

Big Hero 6 confirma la recuperación del estudio de animación de Disney. Es un espectáculo fenomenal.

Juan Manuel González
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Tras un buen puñado de años dando tumbos, acorralada entre la preeminencia de Pixar y el evidente gancho comercial de Dreamworks Animation, los estudios de animación Walt Disney parecen haber encontrado su brújula artística, la senda del éxito. Enredados señaló el camino, ¡Rompe Ralph! recuperó el punch de la empresa y Frozen dio la enorme estocada final, amasando montones de millones y generado un interés mediático que continúa ahora, un año después. Ahora Big Hero 6, la primera película de animación Disney basada en unos personajes de cómic Marvel, y por tanto una fusión de los intereses y mitologías de ambas compañías (una es propietaria de la otra, como saben), representa otro notable giro de timón dentro de esta evolución necesaria. ¿Estamos ante otro de los éxitos de la compañía? ¿Qué lugar ocupa Big Hero 6 en esta recuperación de la casa del ratón? ¿Vampiriza Disney los méritos de otros estudios, una vez certificada la inutilidad de ciertos esquemas antiguos?

La respuesta a las cuestiones anteriores está bien clara, salvo en todo caso la última de ellas: estamos ante uno de los buenos títulos de animación del año, y pese algunos episodios un tanto rutinarios, hasta un aceptable filme de superhéroes.

Pese al despliegue de aventura y la evidente evolución en el diseño de personajes, ahora con un ojo mirando al mercado oriental, Big Hero 6 es una de esas películas que tienen bien clara la semilla humana que detona la aventura. Y en este caso es, simple y llanamente, un relato sentimental y de maduración infantil tradicional vestido de aventura de superhéroes a la última. Y aunque la película de Don Hall (Winnie the Pooh) y Chris Williams (Bolt) es mucho más interesante en su primera faceta que en la segunda, una mera y hasta rutinaria excusa para vehicular la historia, hacerla avanzar hacia delante, lo cierto es que triunfa a la hora de conjugar ambos extremos con ritmo trepidante, sentimiento y emoción.

Big Hero 6 es la historia de Hiro Hamada, un joven adolescente que desarrolla un vínculo especial con Baymax, un robot médico heredado de su desaparecido hermano que le lleva a formar equipo con los amigos de aquel. Lo que sigue a continuación es la resolución de un enigma familiar y un relato de maduración personal de Hiro, mientras una serie de situaciones fuerzan a los los chicos a convertirse en una suerte de héroes de alta tecnología.

La primera media hora de Big Hero 6 es la mejor de toda la película, al menos hasta que llega su brillante, emocional desenlace (que por cierto, se guarda una brillante, dramática puñalada final). Repleta de épica cotidiana, fondos de un entorno urbano exuberante y un diseño de personajes expresivo que apenas hace necesarios los diálogos, la película de Hall y Williams nos presenta un mundo futurista creíble y colorista que no hace sino expandirse a cada escena. Su moraleja, en la que la fe en la tecnología que se conjuga con una evidente desconfianza hacia lo corporativo, se basa en desafiar a lo imposible una y otra vez, con un optimismo insistente que jamás resulta cursi, y que de todas formas no oculta el sentimiento de pérdida que atesoran sus imágenes.

Y aquí es donde llegan las referencias a la inalcanzable E.T e incluso a su remedo reciente, la también excelente Super 8 de J.J. Abrams. Big Hero 6 es uno de esos filmes de aventuras infantiles donde el drama del adiós y el duelo se afronta con optimismo y sentido de la aventura, pero se afronta al fin y al cabo. Eso, subrayado por la excelente música de Henry Jackman, y la manera en la que el filme da la cara ante ciertos recodos rutinarios del argumento (la personalidad del equipo no es especialmente reseñable, a diferencia del propio Hiro y Baymax) configuran un lanzamiento estelar, una de esas películas que de postre parecen levantar una franquicia sin particular esfuerzo.

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