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Los rugidos de amor de Ava Gardner

El 25 de enero de 1990 moría una de las mujeres más ingobernables del celuloide. Coincidió en personalidad con su gran amor, Frank Sinatra.

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Si hubo una mujer fuerte y ambiciosa que dirigió en la sombra la vida de Frank Sinatra esa fue Dolly, su madre. Ava Gardner, con quien Frank Sinatra había logrado casarse tras obtener el divorcio de su mujer Nancy, le iba a la zaga. Salvajes y protectoras, ambas le hubieran roto una silla en la espalda a quien se hubiera atrevido a decir que Sinatra no era el mejor cantante del mundo.

Tanto Dolly como Gladis, la madre de Elvis, fueron fuerzas de la naturaleza que empujaron a sus hijos a lograr sus sueños. Ava Gardner jugó similar papel con Frank Sinatra en los años oscuros. Ella lo mantuvo en los momentos de crisis personal y profesional, mejoró su autoestima y trató de hacerle olvidar que el "hombre" era ella. Lo cual causó una sinfín de desavenencias desde el comienzo de su relación, agudizado cuando Frank volvía a su rutina de italiano: los amigos y las reuniones caseras, en las que Ava debía cocinar espaguetis y apartarse a un lado.

"Los problemas no existían en el dormitorio –comentó Ava- En la cama siempre nos iban bien las cosas. Lo problemas comenzaban camino del bidet". Ava Gardner era una mujer egocéntrica, cruel y vengativa, que jamás transigió con los desplantes de Sinatra ni le hicieron cambiar sus celos patológicos ni los chantajes emocionales.

Desde el primer día, Franky le hizo la vida imposible. Y ella la suya un infierno de celos, venganza y engaños. Las peleas eran épicas. Se insultaban con obscenidades, se tiraban de los pelos y llegaban a arrojarse los muebles a la cabeza, acabando muchas veces ensangrentados y con la policía tratando de apaciguarlos. Como en la histórica pelea de Palm Spring, de testigo Lana Turner. Luego, se olvidaban del motivo y, con una pasión renovada, volvían a encerrarse en el dormitorio, dejando a su alrededor un campo devastado.

Siempre se amaron con un frenesí desquiciado. En aquella pelea volcánica, alguien sugirió con malevolencia que Sinatra había pillado in fraganti a Lana y Ava en su apartamento de Palm Spring, pero los testigos oculares hablan de una pelea de enamorados tan violenta como las que siguieron escenificando en Europa, y en África durante el rodaje de Mogambo (1953).

Ese mismo año se divorciaron y a partir del rodaje de La condesa descalza (1954) Ava Gardner se afincó en Madrid para librarse físicamente de su agobiante figura. Integrándose en la no menos disoluta noche madrileña, como luego lo haría en la dolce vita romana, dando lugar a tantos escándalos que dieron pie a algunas de las más delirantes escenas del filme de Fellini en 1960.

Vía Véneto fue la calle salón donde desfilaban las estrellas de Hollywood que acudieron a Roma durante los años 60 a rodar grandes coproducciones de romanos y spaghetti western. Ava Gardner estuvo en Roma rodando con Anthony Franciosa La maja desnuda (1959), con quien mantuvo un tumultuoso idilio, tras el asunto borrascoso con el torero Luis Miguel Dominguín, por entonces con Lucia Bosé, y la ruptura casi definitiva con Frank Sinatra por su culpa.

Ava Gardner y Luis Miguel Dominguin en 1954

Uno de sus ligues del momento fue el actor y vividor Walter Chiari. Su idilio era de sobra conocido por los paparazzi pero faltaba la confirmación, cosa que ocurrió una noche en la que el paparazzi Elio Sorci pilló a su colega Tazio Secchiaroli fotografiándolos mientras se besaban en la calle.

Pero el escándalo surgió por la foto de Elio Sorci que fotografió a Tazio perseguido por Walter Chiari puño en alto, dispuesto a matarlo a golpes. Fellini se interesó por la instantánea y habló con el fotógrafo para que le explicara cómo se organizaban, dando lugar al personaje del fotógrafo "Paparazzo", interpretado por el actor Walter Santesso, que acompaña al periodista que interpreta Marcello Mastroianni. 68 años de

En cuanto a la relación de Ava y Franky seguía su curso destructivo. Su amor violento tuvo algo de Pandora y el holandés errante, filme que ella había interpretado con al torero Mario Cabré, con quien comenzó a engañar a Frank Sinatra en España. Ava Gardner no paró de abrir cajas sin saber cómo cerrarlas y Sinatra, tras volver a ser un cantante de éxito, inició una peregrinación de mujer en mujer, en compañía del "Rat Pack", en noches de alcohol y juego, y broncas y sexo sin fin. Ambos hicieron de la vida una "Fiesta".

Ava Gardner y Frank Sinatra

Cuantos conocieron a Ava Gardner y Frank Sinatra coinciden en que ambos eran ingobernables. Reaccionaba con violencia sólo con pensar que uno traicionaba al otro. Cuando, ya divorciado, Franky supo que Ava estaba con Luis Miguel Dominguín, voló a España para reconciliarse, sin conseguir otra cosa que reanudar las peleas telefónicas transoceánicas.

Aquellos años fueron para Sinatra un calvario. Una noche, el compositor Jimmy van Heusen lo encontró en el ascensor de su casa con las venas cortadas. Salió del hospital destrozado pero con un nuevo "feelling". Su voz sonaba quejumbrosa, suplicante, con un sentimiento de melancolía estremecedor. Volvió a triunfar, pero nunca recuperó aquel amor que le había devuelto la voz gracias a una voluptuosa "maladie d´amour".

Ava Gardner siguió un camino paralelo de autodestrucción con el alcohol y amantes cada vez más insignificantes, tanto en Madrid como tras su traslado a Londres, donde murió a los 68 años de edad, en 1990.

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